30/07/2010
Los líderes de los 50 estados africanos presentes en la reunión firmaban una declaración en la que se incluyen muchos compromisos que consideramos necesarios para reducir drásticamente la terrible cifra de 4,5 millones de muertes de niños y niñas y 265.000 muertes de madres en el continente.
En la cuestión de recursos, los líderes se reafirmaron en los compromisos que adquirieron en 2001 en Abuja, Nigeria, de destinar el 15% de su presupuesto nacional a la salud. En realidad, apenas unos pocos países han alcanzado este objetivo. En el último presupuesto anual sólo tres lo cumplían – Ruanda, Tanzania y Liberia- y eso representa una bajada con respecto a los seis países que lo hacían el año anterior.
Por ello, acogemos con agrado que los líderes africanos reconozcan que tienen que seguir luchando por alcanzar esta meta y no simplemente dejarlo como un asunto pendiente. Priorizar la financiación de la salud es central para obtener resultados en salud materna, neonatal e infantil.
Así mismo, los líderes también prometieron reforzar sus sistemas sanitarios para “ofrecer servicios de atención sanitaria para madres e hijos completos e integrados.” Enumeraron numerosas estrategias importantes, entre ellas, abordar la falta de trabajadores sanitarios, tal y como hemos estado pidiendo.
Los propios líderes se refirieron a la actual situación como de “crisis de recursos humanos” y se comprometieron a formar a trabajadores sanitarios de las comunidades para ayudar a cubrir el hueco. Y la medida es buena porque la formación de estos trabajadores no supone una gran inversión de dinero o tiempo y ellos pueden ofrecer la mayoría de los servicios que se precisan para salvar la vida de las madres y los hijos. Así mismo, estos trabajadores proceden de la comunidad y, especialmente cuando son mujeres, es más fácil llegar a las madres y los niños que están apartados de los servicios sanitarios existentes.
Sin embargo hay algo que también debe tenerse muy en cuenta. Aunque los trabajadores comunitarios pueden ofrecer una atención prenatal y postnatal básica para la supervivencia, prevención y tratamiento para las enfermedades culpables de la mayor parte de las muertes infantiles –neumonía, diarrea y malaria- , no siempre pueden ofrecer asistencia profesional al parto. Y eso es algo crucial para salvar la vida de las madres y los recién nacidos. Las naciones africanas tienen que atender a vías para incrementar el número de matronas, enfermeras y médicos y trabajar para retener a estos profesionales que normalmente encuentran trabajo mucho mejor remunerado en otros lugares, generalmente en países de occidente.
Otra de las mayores preocupaciones sobre las que hemos insistido es la de asegurar que los servicios sanitarios lleguen a todas las mujeres y a todos los niños y niñas. Muy a menudo, las madres y los niños más pobres no disfrutan del mismo acceso a la atención sanitaria (y por tanto a la supervivencia) como sus compatriotas mejor situados. Por eso también fue muy positivo ver como los líderes prometían reducir los pagos imposibles para muchos y escogían una estrategia por la que hemos incidido tanto – hacer gratuita la atención a la salud de las mujeres embarazadas y de los niños y niñas menores de cinco años (lo mismo que hace unos meses celebrábamos en Sierra Leona).
Otras buenas noticias que salieron de la Cumbre fue la decisión de:
- instaurar un marco de control y evaluación a nivel nacional para la generación de información,
- establecer una fuerza operante a nivel de todo el continente en materia de salud materna, infantil y neonatal,
- y comprometerse a producir un informe anual para la asamblea de la Unión Africana con avances en la reducción de la mortalidad materno infantil.
Todos estos pasos deberían ayudar a los gobiernos a mantener su responsabilidad, la rendición de cuentas que les corresponde en sus intervenciones sobre la mortalidad de madres e hijos.
Si los líderes hacen lo que han prometido, estamos seguros de que muchos más niños, muchas más madres sobrevivirán y disfrutarán de una vida más saludable. Y eso es bueno para ellas, para ellos, las comunidades y para el futuro del continente.
Pero la palabra clave en todo esto es el “si”. Porque “si” las promesas no se traducen en hechos, se quedan en eso, en promesas.
En la ceremonia de clausura, el presidente de Malaui, Bingu wa Mutharika, imploró al resto de líderes a actuar en base a la declaración que habían aprobado. “Ha llegado el momento para que vayamos a por la acción, de manera que nuestro pueblo pueda ver y apreciar los resultados tangibles y los beneficios que les reportará esta organización”, declaró. “Creo que contamos con los medios y tenemos la voluntad política para hacerlo. Usemos estos medios y esta voluntad para demostrar a nuestra gente y al resto del mundo que efectivamente queremos lograr la transformación económica y social de nuestro continente.”