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Mauritania: la historia de Aisha

Las familias como la de Aicha, de agricultores tradicionales fuertemente dependientes de las lluvias, no pueden permitirse pagar los altos precios de los alimentos que encuentran en los mercados.

14/06/2012. Aicha tiene 7 años, vive en un poblado de la moughataa (distrito) de Kaedi, en Brakna al sur de Mauritania con sus dos hermanos y tres hermanas, sus padres y sus abuelos. Todos comparten una vivienda tradicional construida con cuatro troncos de árboles y cubierta con una tela. Duermen todos juntos en unas esterillas en el suelo. Es un poblado rodeado de campos asolados por la sequía, donde el polvo es empujado por el viento en remolinos y el calor se condensa en la arena. En esta región los pueblos son pequeños y aislados y se componen de unas pocas casas tradicionales de barro o tiendas semi-nómadas.

Las jornadas para Aicha son siempre iguales, los días se repiten con monotonía, levantarse, rezar la oración de la mañana, ir a por agua al amanecer y al anochecer, ayudar a su madre a preparar la comida, lavar. Varias veces a la semana va a recoger leña. “Cuando puedo voy a la escuela al pueblo vecino, pero prefiero no ir porque el maestro muchas veces no viene y cuando viene nos castiga pegándonos con un bastón”, cuenta la pequeña.

A la hora de comer, la familia se sienta a comer junta de un plato común, la comida siempre es la misma, cuscús, arroz, un poco de aceite y si tiene suerte algo de pescado proveniente del cercano río Senegal.
La sequía ha causado un gran descenso de la producción agrícola en la región de Kaedi. Se ha recogido solo un 5% de la cosecha habitual. Las familias como la de Aicha, de agricultores tradicionales fuertemente dependientes de las lluvias, no pueden permitirse pagar los altos precios de los alimentos que se encuentran a la venta en el mercado de la ciudad de Kaedi a 11 Km de distancia. Intentan sobrevivir como pueden, recolectando leña en los alrededores que intentan vender en la ciudad o desprendiéndose de sus pocos animales, algunas cabras, con lo que comprometen aún más su futuro. La vida siempre ha sido difícil para estas poblaciones, la sequía no ha hecho sino empeorar una situación crónica de privación, donde el futuro no tiene sentido.

Aicha es una niña seria y retraída con grandes ojos un poco cansados y unas trenzas medio desechas. Aicha no tiene sueños ni ilusiones, ni espera nada. Nos dice que está cansada. “Lo que más me gusta es quedarme en casa tranquila, sin tener que hacer nada y no estar siempre ocupada en tareas que son pesadas para mi”. Aicha tiene 5 amigas en el poblado con las que se sienta a hablar de todo y de nada.

La falta de una dieta variada y de cantidad suficiente debido a la inseguridad alimentaria que está sufriendo el país, está causando que muchos niños como Aicha tengan la energía necesaria para levantarse cada mañana con ilusión.

En las crisis alimentarias, los niños y niñas siempre son siempre los más olvidados y los que más sufren los impactos de las crisis. Una carencia nutricional severa durante la infancia tiene impactos graves en el desarrollo físico y mental de los niños y niñas. Estos efectos son difícilmente reversibles y son fáciles de prevenir si se actúa a tiempo. Es posible evitar que Niñas que como Aicha pierdan la capacidad de soñar.

Para responder a la emergencia, trabajamos en las regiones de Brakna y Gorgol, al sur de Mauritania con un programa de transferencias monetarias a las familias más vulnerables, lo que les permitirá acceder a una dieta suficiente. De educación sobre las buenas prácticas de alimentación a los niños y de protección y promoción de los derechos de los niños y niñas para prevenir y paliar los efectos de la crisis alimentaria en los niños y niñas de Mauritania.

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