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Los países de ingresos altos están atesorando la mayoría de las dosis de vacuna disponibles. El resto de países todavía están luchando por lograr vacunar porcentajes muy pequeños de su población. Si no se adopta un enfoque global de derechos, salud y economía, las vidas de las personas más vulnerables corren peligro y con ello la de niños y niñas.

La pandemia ha evidenciado las graves desigualdades entre los países con mayor capacidad para adquirir vacunas y aquellos que no. Mientras en los más desarrollados empieza a verse la luz al final del túnel, los países con economías en desarrollo y sistemas de salud frágiles, que ya afrontaban complejas situaciones humanitarias con anterioridad, están sufriendo un incremento de la pobreza extrema, el hambre y la migración.

Países como la India están sufriendo en estos momentos el golpe más duro, batiendo récords diarios de contagio y con una situación prácticamente de colapso en su sistema sanitario. Una de las variantes que circular por el país hace temer que el potencial impacto dramático siga en aumento y se extienda por otras regiones del país.

Asimismo, numerosos países de África, América Latina y Asia están luchando por mantener al día sus suministros de oxígeno, vital para atender a las personas contagiadas en situación más crítica. Los hospitales y las clínicas se están quedando sin oxígeno debido a que una nueva ola imparable de la pandemia golpea a familias que no tienen posibilidad de ser vacunadas a tiempo. El oxígeno es la medicina de vida o muerte para el tratamiento del coronavirus y sin suficiente suministro se están perdiendo vidas que podrían salvarse.

Invertir en oxígeno salvará vidas más allá de la pandemia, incluso de recién nacidos, niños y niñas con neumonía y mujeres durante el parto.

Tras más de un año de pandemia, los desafíos persisten. Por ello, abogamos por una distribución equitativa de la vacunación y por un mayor acceso de los servicios de salud preventivos que se han visto disminuidos. De forma paralela, se han de aumentar los esfuerzos para que la lucha contra la Covid-19 no suponga una merma en los planes globales para atajar las principales enfermedades que afectan a la infancia: neumonía, malaria y diarrea.


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Mientras países desarrollados, entre ellos España, avanzan en la vacunación, la mayor parte de la población mundial sigue a la espera de saber cuándo tendrá acceso a la misma y en qué condiciones. Las familias más vulnerables corren el riesgo de sufrir las consecuencias socioeconómicas de la pandemia de una forma devastadora, afectando de por vida a los niños y las niñas que se encuentran en esta situación.

Los países con mayores capacidades para adquirir las vacunas no deben acaparar su suministro, sino garantizar una distribución basada en las necesidades y pensando en el conjunto de la población mundial.

Por ello, instamos a los gobiernos de los países que lideran la gestión de la vacunación y en el marco de Naciones Unidas y la iniciativa COVAX a:

Comprometerse a ampliar el suministro, el acceso y la disponibilidad de vacunas.

  • Apoyar el intercambio de datos y tecnología para luchar contra la Covid-19.
  • Priorizar la inversión y la colaboración con los fabricantes de vacunas en los países en desarrollo para liberar el suministro a las poblaciones locales y regionales.
  • Promover la solidaridad global para cerrar la brecha de equidad en el acceso a la vacunación.
  • Aumentar la inversión en oxígeno, incluyendo un reparto equitativo entre países según las necesidades y priorizar su uso para el cuidado de personas enfermas en lugar de destinarlo a otros usos, como el industrial.  
  • Garantizar que los recursos destinados a combatir la Covid-19 son sostenibles con la lucha contra la neumonía, malaria y diarrea, principales amenazas para niños y niñas.