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La salud en tiempos de crisis

En el contexto actual de crisis la supervivencia infantil y materna debería colocarse a la cabeza de las prioridades. Para lograrlo, únete a la carrera: Todos Contamos, para salvar vidas.

07/04/2010

Cada año cerca de nueve millones de niños y niñas en países en desarrollo mueren antes de cumplir los cinco años de edad, principalmente por causas prevenibles y tratables. La mayoría de estas muertes se podrían haber evitado. Pero la realidad es que no todos los niños tienen las mismas oportunidades para sobrevivir y los niños y niñas de las comunidades más pobres corren siempre más riesgos de morir en sus primeros momentos de vida.



Existen soluciones probadas y de bajo coste para luchar contra todas estas causas pero resulta obvio que nos están siendo desplegadas a la escala que se precisa. Es precisamente la voluntad y la intención (de políticos, población, organizaciones, empresas, etc) lo que más se precisa para lograr que las soluciones se pongan en marcha a todos los niveles. Porque, en esto y en todo, Todos Contamos.

El logro de la mejora de la supervivencia infantil implica abordar aspectos sociales determinantes para la salud en el mundo en desarrollo. En este sentido, nuestro trabajo se basa en la comprensión de que los gobiernos y los donantes internacionales deben adoptar una responsabilidad colectiva por la salud de la infancia en estos países. Uno de los mecanismos de nuestro trabajo consiste en el reforzamiento y apoyo a planes de salud liderados por los propios países (a través del reforzamiento de los sistemas sanitarios y el llamamiento, allí donde sea posible, hacia un apoyo presupuestario general o sectorial) y un especial esfuerzo para proteger a los más vulnerables (a través, por ejemplo, de la promoción de la cobertura universal de una atención de calidad gratis en el momento de su uso o, lo que es lo mismo, la retirada de las tasas de usuario).

En el contexto global de recesión económica actual, el grupo de trabajo en sanidad creado en torno a los Objetivos de Desarrollo del Milenio debería recoger recursos adicionales para cubrir la brecha financiera que impide el logro de los Objetivos de Desarrollo en salud así como respetar compromisos previos establecidos tanto a nivel nacional como internacional. También se debería llevar a cabo una investigación y análisis más profundo de los sistemas fiscales internacionales. La construcción de unos sistemas sanitarios financiados con métodos progresivos llevará su tiempo y los donantes tienen la responsabilidad de apoyar aquellos países que están intentando establecer estos métodos a través de unas ayudas predecibles y de largo plazo y la retirada inmediata de las tasas de usuario (el cobro por la atención sanitaria en el momento de su uso).

Contextos distintos, soluciones diferentes

Las decisiones del grupo de trabajo deben basarse en la evidencia del contexto específico. La asignación de recursos debería mejorarse a través del incremento del apoyo, siempre que sea posible, a los presupuestos generales, el ánimo a la transparencia en la asignación de presupuestos, la rendición de cuentas de los líderes políticos y el refuerzo de los sistemas sanitarios.

De una manera crucial, el incremento del espacio fiscal y de la flexibilidad que ha supuesto la reacción del G20 frente a la actual crisis económica debería ser capitalizado por el grupo de trabajo y esforzarse porque se mantenga en el contexto post-crisis que sucederá a la recesión. Sin duda, algo igualmente urgente es la reflexión profunda y el replanteamiento del papel de las instituciones financieras internacionales así como el actual paradigma macroeconómico.

Los desembolsos de ayuda deberían basarse siempre en las necesidades de los países receptores y dirigirse a abordar la fragmentación de la arquitectura de la ayuda a la sanidad.

La salud de los niños y las madres: símbolo del progreso de un país

La salud materna, infantil y neonatal pueden ser considerada como representante del estado de desarrollo de un país: dejando de un lado los niveles de ingresos y otros parámetros, si un país no es capaz de mantener vivas a las mujeres y a los niños y niñas, no cabe duda que el camino hacia el desarrollo no tiene visos de acortarse.
La existencia de unos sistemas sanitarios débiles es una de las razones por las que las tasas de mortalidad materna e infantil se mantengan en unos niveles inaceptablemente altos en demasiados países con ingresos medios y bajos.

El sistema sanitario puede hacerse más efectivo y sensible pero sólo si la atribución de recursos mejora en eficiencia e igualdad. La actual arquitectura sanitaria global no está bien organizada para abordar las prioridades más importantes y lo que precisa no son más cambios en la misma línea sino una “cirugía” radical.