22/07/2010
Brasil cuenta con la tasa más elevada de personas viviendo con el virus en todo el continente sudamericano. Allí, apoyamos el trabajo de educadores de-igual-a-igual en las ciudades de Sao Paulo, Recife y Natal, trabajo con el que se ha logrado que más de 2.350 jóvenes hablasen abiertamente sobre relaciones, valores y derechos y adquirieran conocimientos sobre prevención a través de debates y actividades teatrales.
Las estadísticas muestran que el 36% de los jóvenes entre los 15 y los 24 años en Brasil tienen relaciones sexuales antes de los 15 años y el 20% hablaba de más de 10 compañeros sexuales. Hemos comenzado a trabajar con niños y niñas de entre 10 y 14 años para asegurar que cuentan con el conocimiento y las habilidades para protegerse a ellos mismos en contra del VIH.
Como cualquier otro jóven de 16 años en cualquier otro barrio de Río de Janeiro, en Brasil, Grabiela se va a clase y, cuando puede, coge el bus para la playa. El año pasado, Grabiela fue la reina infantil de samba. Todo esto cambiaría, nos cuenta, si la gente supiese que soy VIH positiva.
“En la escuela tenemos un profesor que dice que la gente con VIH tiene un cuchillo sobre la cabeza a punto de caer en cualquier momento. Le dice a la gente que se pueden infectar solo con tocar a una persona con VIH. Mi madre tiene mucho miedo de que la gente se vaya a dar cuenta, me hace prometerla que no se lo voy a decir a nadie y me dice que sino no merecería la pena seguir viviendo”.
El único sitio donde los jóvenes como Gabriela pueden ser honestos sobre su situación con el VIH es en Pela Vidda, un centro apoyado por Save the Children en Niteroti, a las afueras de Río. Más de 150 niños y jóvenes entre los 6 y los 18 años vienen, junto a Gabriela, al centro que se fundó en 1991 para hacer campaña por la mejora de los tratamientos de las personas con VIH.
El proyecto trabaja codo con codo con los pediatras del hospital de Niteroi para asegurar que los niños reciben el tratamiento que necesitan. También ofrece un lugar donde quedarse, consejo, talleres de música, terapia artística y comidas regulares. Pero sobre todo, les ofrece un espacio donde hablar abiertamente sobre sus miedos.
“ La gente se tiene que dar cuenta que las personas que tenemos VIH somos igual de normales que ellos”, comenta Gabriela. “Mucha gente vive con una enfermedad. Mi madre no lo entenderá, pero cuando tenga 18 años voy a empezar a intentar contárselo a la gente. No quiero vivir mi vida ocultándome, yo no soy así. Me gusta ser yo misma”.
Reconstruyendo la confianza en uno mismo
“ El estigma y el aislamiento social que genera el ser VIH positivo golpea a la gente jóven de un modo especialmente fuerte”, explica una de las psicoterapeutas en Pela Vidda. “ Conocemos casos de personas que han sido excluidas de sus comunidades o incluso amenazadas o abusadas. Pero las diferencias que vemos en las personas que vienen al centro son increíbles; sólo el hecho de contar con esta red de apoyo les ayuda a trasformar la imagen que tienen de ellos mismos”.
“ Existe mucha ignoracia en torno al VIH y el SIDA”, comenta Rafael, de 17 años, que contrajo el VIH de su madre. Cuando le daba el pecho a su hermano más pequeño, también se lo daba a Rafael porque no podían permitirse comprar los suficientes alimentos. Tanto su madre como su hermano murieron por el virus.
“Antes tenía mucho miedo de que mis amigos descubrieran que era VIH positivo porque, en el lugar en el que vivo, han pasaado muchas cosas malas a la gente que lo tiene. Te puedes sentir como si estuvieras completamente solo. Hace unos años pensé en suicidarme. No tengo a mi madre ni a mi hermano por esta enfermedad y sentía como si estuviese esperando a que me tocase a mi también”.
“Ahora siento como si todo eso fuera algo del pasado. En el hospital y en Pela Vidda hay un grupo de chicos con los que me crié y todos somos VIH positivos, así que es como tener una familia. Somos como hermanos y hermanos entre nosotros”.
Los jóvenes de Pela Vidda han establecidos programas con mentores y seminarios de sensibilización “de igual a igual”. En ellos, hablan a otros jóvenes en los hospitals y en proyectos de VIH de todo Río de Janeiro sobre cuestiones como sexo seguro, como crear una amistad y también sobre salud y nutrición.
Rafael ha empezado a contar a algunos de sus mejores amigos y a algunos profesores que es VIH positivo. También se lo contó a su novia, con la que lleva poco más de un año. “Se portó muy bien conmigo cuando se lo dije Nos queremos y me dijo que era muy importante que yo fuera honesto con ella”. “No es que ya esté listo para ir gritándolo por ahí, pero siento que año tras año voy cambiando y un día quiero contárselo a más gente. Tal vez en el futuro será mi trabajo contar a otra gente VIH positvos que no tienen que seguir ocuntándolo”.