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Dos adolescentes en parque

FIRMA: pAREMOS LA VIOLENCIA DE GÉNERO ENTRE ADOLESCENTES

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“Yo creía que la violencia de género es algo que les pasa solo a los adultos”. Carla

Carla empezó a sufrir violencia de género cuando tenía 13 años. Un gran número de chicos y chicas no perciben que la violencia de género sea algo propio de su edad. Según el estudio “Percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud realizado en 2021”, uno de cada cinco chicos de entre 15 años y 29 años considera que la violencia de género no existe, que es “un invento ideológico”. Pero nada más lejos de la realidad, los datos recogidos por la Macroencuesta de violencia de género de 2019 indican que de entre las adolescentes de 16 y 17 años:

  • El 6,2% han sufrido violencia física por parte de parejas o exparejas
  • El 6,5% violencia sexual
  • El 16,7% violencia emocional
  • El 24,9% violencia psicológica o de control

Asimismo, cuando las adolescentes sufren violencia de género se encuentran barreras para acceder a servicios de atención integral, que unan perspectiva de infancia y de género. Debemos contribuir a cambiar ese paradigma. La violencia hacia la adolescencia y la violencia de género confluyen y, como tal, la perspectiva ha de ser integradora. De no ser así, seguiremos abordando esta problemática de forma parcial.

Pese a que la adolescencia es un periodo de vital transcendencia en el desarrollo humano, es una etapa ampliamente desatendida por las políticas públicas. Precisamente la naturaleza “transitoria” de este periodo, entre la edad adulta y la infancia, así como la rebeldía e impulsividad que caracteriza a las personas durante esos años, hacen que sean un colectivo “difícil” con el que tratar y, generalmente, ignorado.

Firma para proteger a la adolescencia de la violencia de género

  • Desarrollo de la Ley Orgánica de Protección Integral de la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia a través de la elaboración de la estrategia que permita aterrizar las medidas a todos los niveles. No basta con que haya sido aprobada, se necesita implicación política y recursos para que su articulado se pueda aplicar con eficacia.

  • Los adolescentes y las adolescentes entre 13 y 17 años deben ser identificadas como colectivo específico en los estudios y encuestas sobre violencia de género. Es esencial contar con datos específicos para llevar a cabo políticas públicas eficaces. Se necesitan encuestas de los diferentes tipos de violencia, incluida la violencia de género.
  • Impulsar campañas de prevención integrales, que involucren a chicos y chicas, y que mezclen información sobre factores de riesgo y factores protectores, así como que estén adaptadas a las necesidades y naturaleza de la adolescencia. Es especialmente importante dotar a los chicos de herramienta y recursos para asumir nuevas masculinidades y comprender las ventajas de la igualdad.
  • Garantizar la educación afectivo-sexual integral desde edades tempranas en las escuelas y en la familia, con un enfoque basado en la igualdad y de prevención de la violencia, que genere adolescentes preparados para identificar y rechazar conductas violentas y establecer relaciones sanas.

  • Establecer protocolos de detección de violencias de género en el entorno escolar que estén armonizados a nivel estatal y que incluyan trabajo de reeducación ante las actitudes y comportamientos machistas de los adolescentes y las adolescentes.

  • Adaptar el sistema judicial a las necesidades de la adolescencia y priorizar la prueba preconstituida, tal y como recoge la legislación, impartir formación de los agentes judiciales y evitar el contacto con el agresor en todo momento.

  • Destinar recursos de atención integral, inmediata, accesible, inclusiva y adaptada para las víctimas, atendiendo a la diversidad y necesidades específicas.

  • Destinar recursos de reeducación para agresores. Esto es especialmente importante para aquellos que no han sido denunciados o cuya denuncia no ha generado consecuencias judiciales. Es esencial dar a estos adolescentes herramientas para cambiar su conducta y evitar la repetición de patrones de agresión en la edad adulta.