400 desaparecidos, incluyendo niños, por el naufragio de un barco que iba rumbo a Italia

15 Abril 2015

Desde Save the Children queremos alertar de que aún se espera la llegada de más personas mientras la inestabilidad se mantenga en Libia, algo que nos preocupa en mayor grado ya que muchos niños se enfrentarán a un peligroso viaje para encontrar una vida más segura en Italia.

Hemos estado dando respuesta a las necesidades de los niños que llegaban a Lampedusa, Sicilia, Calabria y Apulia, y estamos profundamente preocupados por los testimonios de violencia que han vivido y presenciado los niños en Libia.

Aunque no es uno de los supervivientes de este último naufragio, un joven de 17 años de edad nos describió hace poco su viaje cuando estuvo por fin en un lugar seguro.

VLas primeras atrocidades sucedieron en el desierto. Había como treinta de nosotros en una furgoneta. Los conductores y los traficantes tomaban siempre drogas y estaban muy nerviosos. Cuando la furgoneta paraba para un descanso, si había algo que no les gustaba, lo pagabas con tu vida. He visto como rociaban con gasolina y les prendían fuego hasta que morían. En Libia comíamos una vez al día. Estuvimos en Benghazi cerca de un mes. Éramos golpeados constantemente, en muchos casos con barras de metal. He visto a gente que decapitaba a los cristianos. De camino a Tripoli veíamos restos de coches quemados por grupos fundamentalistas. En este recorrido entre 61 y 63 personas fueron asesinados. De esos, 25 decapidados. Vivimos durante cuatro meses cerca de Tripoli en una fábrica de sardinas. Había más de 1.000 personas como nosotros. Comíamos solo una vez al día y no podríamos hacer nada. Si alguien hablaba con un amigo o un vecino era golpeado. Todo esto era para conseguir que les diéramos dinero. Te hacían llamar a tu casa diciendo que te estabas muriendo, y mientras te golpeaban para que tu familia pudiera escuchar los gritos.”

Brahane*, un niño eritreo de 17 años después de aterrizar en Sicilia.

Solía ver imágenes de italia en la televisión y pensaba que era un precioso lugar para vivir. No sabía que hacer en mi país, soy pobre, no tengo familia y vivía aterrorizado con la violencia que había. El día que mataron a mi hermano (en un bombardeo) había ido con él a comprar algo a Kanu. Noté la gran explosión, pero para ese entonces ya no estaba conmigo. En el momento en el que me di cuenta de que había muerto, no me pesé dos veces dejar Nigeria. Estuve ahí cinco días. Contacté con unos contrabandistas locales y me fui con ellos en un camión con 28 personas. Tardamos tres días en cruzar el desierto, sin agua y sin comida. Fue un viaje muy complicado. Cuando llegamos a Gatron, el primer estado de Libia después del Sahara, fui raptado por los traficantes porque no tenía dinero. Me hicieron llamar a mi familia para que me mandaran dinero, pero no tenía nadie a quien pudiera llamar. Así que me daban descargas eléctricas con varillas todo el rato”.
Edwin* 17 años, Nigeria.

Estos últimos incidentes se suman a un fuerte aumento del número de inmigrantes que llegan a las costas Italianas. El rescate en el mar de los inmigrantes debe ser una prioridad para Italia y Europa, la Unión Europea debe fortalecer su capacidad en las misiones de búsqueda y rescate a medida que más personas se arriesgan y pierden sus vidas en estos peligrosos viajes. Los niños que llegan han vivido viajes angustiosos y necesitan de manera desesperada apoyo psicológico. Todos los niños que legan deben recibir un cuidado adecuado y protección, sobre todo los que han sufrido episodios de violencia.