Afganistán
Yalda ha vuelto a clase y
tiene un sueño por cumplir
Cuando Yalda se levanta por la mañana, se prepara para ir a clase. Después de estudiar, vuelve a casa, come, hace los deberes y lee libros. Más tarde, juega con sus hermanos y amigos al escondite o a la rayuela. Son actividades cotidianas para muchas niñas y niños, pero que para ella estuvieron fuera de su alcance durante meses.
El terremoto que sacudió el este de Afganistán el 31 de agosto de 2025 cambió su vida. Su casa quedó destruida y su familia tuvo que trasladarse a una tienda de campaña. Su escuela también sufrió daños y los continuos temblores, junto con el riesgo de desprendimientos en las zonas montañosas, impedían que los niños y niñas pudieran regresar a las aulas con seguridad.
Yalda había terminado cuarto curso y disfrutaba aprendiendo con sus compañeros. De repente, dejó de poder ir a clase. «Después del terremoto, cuando no íbamos a la escuela, estaba muy triste. Esperaba que pudiéramos volver a aprender», recuerda.
Recuperar las clases también significa recuperar la esperanza
Para que Yalda y otros niños y niñas de su comunidad pudieran continuar con su educación, desde Save the Children, junto a una organización local, hemos puesto en marcha un espacio temporal de aprendizaje. La iniciativa permitió que los estudiantes volvieran a tener clases regulares después de una larga interrupción. El espacio cuenta con materiales educativos, como libros, cuadernos, mochilas, lápices y bolígrafos, además de acceso a agua y saneamiento.
También hemos formado al profesorado en métodos pedagógicos, apoyo psicosocial y protección de la infancia. De este modo, la respuesta no se limita a ofrecer un lugar donde estudiar. Busca que los niños y niñas puedan aprender en un entorno seguro, recuperar la confianza y reconstruir sus relaciones con otros menores de su comunidad.
El regreso a las aulas fue motivo de alegría para Yalda. «Estaba muy contenta cuando empezó esta clase porque, después de mucho tiempo, pudimos volver a aprender», explica. Recuerda especialmente la emoción de volver a casa para contar a su familia todo lo que había aprendido y los materiales escolares que había recibido.
Poco a poco, la rutina ha vuelto a formar parte de sus días. Ahora estudia con sus amigos, hace los deberes y juega durante los descansos. Y ha recuperado también la motivación para seguir mejorando.

Yalda, una niña afgana de 9 años, sueña con ser médica y ayudar a otros niños y niñas. Tras el terremoto que destruyó su casa y dañó su escuela en Afganistán, ha podido retomar sus estudios en un espacio de aprendizaje creado por Save the Children junto a una organización local.
De nuevo en clase, con un sueño por delante
Yalda está entre las mejores alumnas de su clase, pero no se conforma. «Quiero ser la primera», afirma. Tiene claro qué quiere hacer cuando sea mayor: «Quiero ser médica. Quiero ayudar a otros niños cuando estén enfermos».
Su historia muestra lo que supone para un niño o una niña poder continuar aprendiendo incluso después de una emergencia. La educación aporta conocimientos y oportunidades de futuro, pero también devuelve estabilidad en un momento en el que muchas otras cosas han cambiado. Volver a clase significa reencontrarse con los amigos, recuperar hábitos y volver a imaginar lo que será posible mañana.
La situación sigue siendo difícil para muchas familias afectadas por el terremoto. En las provincias de Kunar y Nangarhar, miles de niños y niñas se quedaron sin espacios educativos seguros tras los daños en escuelas y aulas comunitarias. La emergencia agravó, además, una crisis educativa que ya existía en Afganistán, donde más de 2,13 millones de niños y niñas en edad de cursar primaria estaban fuera de la escuela.
Por eso, mantener y ampliar las oportunidades educativas es una parte fundamental de la respuesta. La intervención que ofrecemos desde Save the Children contempla llegar a 30.000 niños y niñas afectados por el terremoto y personas retornadas, de entre 5 y 14 años, en Kunar y Nangarhar. El trabajo combina espacios de aprendizaje seguros e inclusivos, apoyo al profesorado, acompañamiento psicosocial, protección y acceso a agua y saneamiento.
«Me encanta aprender», dice Yalda. Su historia es una muestra de por qué garantizar la educación después de una emergencia importa tanto: porque incluso en las circunstancias más difíciles, seguir aprendiendo permite a los niños y niñas mantener abiertas las puertas de su futuro.