“Aquí en el campo sufrimos una muerte lenta”

23 Agosto 2013

Shanaz perdió a su hijo a causa de una diarrea después de estar enfermo durante cuatro días en el campo de refugiados de Domiz. La vida en este campo de refugiados al norte de Iraq es muy difícil y muchos niños y niñas enferman o pierden la vida a causa de las terribles condiciones.

Shanaz perdió a un hijo y teme por la vida de su otra hija. Este es su testimonio.

Llevamos en el campo seis meses, desde principios de marzo. En Siria nos dijeron que nos darían una tienda de campaña y todas las facilidades al llegar al campo de Domiz pero, una vez que llegamos, quedé traumatizada. Simplemente traumatizada. Durante dos meses me tuve que quedar sola en la zona de personas sin pareja porque mi marido todavía no había llegado. En ningún momento me sentí segura.

Después de dos meses conseguimos nuestras tarjetas de identificación. Ese día hacía mucho frío y el viento era fuertísimo. Estuvimos esperando de pie en una cola y mis dos hijos se pusieron enfermos. No teníamos nada pero, finalmente, alguien me dio algo de dinero para comprar materiales y lonas para construir nosotros mismos la tienda.

La vida en el campo es horrible.

Conseguir agua limpia es difícil, muy dificil. Es imposible lograr estar limpio. El polvo lo cubre todo.

Mi hijo de cuatro años, Khalid, murió de diarrea, en solo cuatro días, después de haber bebido agua sucia. Se puso tan enfermo que le llevé a las 8 de la mañana al centro de salud dejando a mi hija sola en la tienda. No tuve más remedio. Tuve que esperar con él en la puerta del centro durante más de ocho horas. Una vez dentro me dijeron que solo podían atender casos de emergencia. Y me mandaron de vuelta a la tienda.

Seguí buscando ayuda para mi hijo, estaba desesperada. Volví al centro de salud y acabé discutiendo con ellos hasta que un médico nos escuchó y salió fuera. Le hizo un reconocimiento –en ese momento Khalid estaba mucho peor- pero al no tener ningún tratamiento solo nos pudo dar calmantes y le derivó directamente al hospital de Dohuk. Pero ya era demasiado tarde. No pudieron hacer nada. No pudieron salvarle.

En ese momento Shanaz empieza a llorar. Despúes de un rato me pasa su teléfono movíl en el que aparece la foto de un niño sonríendo y mirando directamente a la cámara. Su pelo es muy oscuro, sus ojos muestran felicidad. Esa foto, en aquel móvil, es uno de los pocos recuerdos materiales que le quedan de su hijo.

Ahora tengo miedo por mi hija Lamar. Solo tiene 5 años y siempre está preguntando donde está su hermano. Le dije que Khalid está ahora en el paraíso.

Aquí en el campo sufrimos una muerte lenta. En Siria, todo era mejor. Allí moríamos rápidamente por el disparo de una bala. Esto es mucho peor.

Solo puedo ser pesimista frente al futuro. Tengo miedo de que la llegada del invierno se traduzca en una muerte lenta para todos nosotros. Ni siquiera tenemos una tienda en condiciones, la lona está llena de aguajeros.

No tenemos dinero para comprar una nueva. No hay agua para bañarse, hay basura y polvo en todas partes y los niños corren el riesgo de carse en las letrinas, que ni siquiera están cubiertas."

Cuando el viento está soplando, tenemos que sujetar las varas de la tienda de campaña para evitar que se nos caiga encima. No tenemos dinero para comprar una nueva. No hay agua para bañarse, hay basura y polvo en todas partes y los niños corren el riesgo de carse en las letrinas, que ni siquiera están cubiertas. Es horrible. Un niño pequeño murió después de caerse en un charco de agua estancada. Y el hijo de mi vecino murió porque le atropelló un camión. Si los bebés se ponen enfermos aquí, nadie les puede curar.

No hay letrina suficientes, lo que es muy peligroso ya que puede ayudar a que se propaguen las bacterias –especialmente en un campo que está sobresaturado de población. Hay demasiada gente aquí.

Muchos de los hombres no quieren casarse porque no quieren tener hijos en un lugar tan lleno de suciedad como en el que estamos. Tienen miedo de que sus hijos mueran como murió mi hijo. La situación es similar para toda la comunidad. Mis vecinos dicen lo mismo.

¿Por qué dejamos Siria? Es imposible contestar a eso."

En Siria alguien me robó 500 libras sirias. Ese era todo el dinero que nos quedaba. Y una vez más, cuando fui al hospital estaba llenos de gente enferma y herida. Vi que entraba un hombre, le acababan de disparar en el estómago. No lo pude soportar. Fue cuando decidimos que teníamos que irnos de Siria. No teníamos trabajo, no teníamos electricidad y los niños no estaban seguros. La situación nos forzó a irnos.

Nos quedaba muy poco dinero. Cuando vinismo a Iraq, nos gastamos todo el dinero muy rápido, todo es muy caro aquí. Ahora ya no nos queda nada.