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Charlamos con Federico Mayor Zaragoza.

“Los únicos que pueden aconsejar sobre educación son los maestros y los padres, nadie más”

El que fuera Director General de la UNESCO durante más de 10 años habla con Save the Children sobre su trayectoria, su lucha por la defensa de los derechos de los niños y la importancia de la educación en valores en la actualidad.

¿Qué ha supuesto para la infancia la Convención sobre los Derechos del Niño? ¿Qué podríamos mejorar?
La Convención sobre los Derechos del Niño, de 1989, ha supuesto muchísimo para la infancia porque ha subrayado la condición especialmente vulnerable de los niños. Todos los seres humanos son iguales en dignidad sin excepción, sea cual sea su edad, raza o género.
Pero dentro de todos los seres humanos tenemos que prestar una atención especial a los más vulnerables, a los que hasta ahora han sido más marginados, los niños y las mujeres. Especialmente tenemos que mirar a los niños porque son precisamente la garantía de que el futuro de la humanidad sea una nueva etapa más justa.
Hoy solo un país en el mundo no ha firmado la Convención: Estados Unidos. Hasta Somalia, que en aquel momento no podía firmar por su crisis, lo ha hecho. Todos los países han firmado, incluso aquellos que existen y que desgraciadamente no prestan atención a la infancia ni a nada. Todos lo han suscrito porque la palabra niño es una palabra que todo lo envuelve y, sin embargo, los EEUU no han firmado. Es bueno que se sepa la historia y que hay un sistema que defienden los que piensan que hay unas razas que son mejores que las otras, que hay unas creencias que son la verdad y otras que no la son, que hay unas ideologías que son las que hay que seguir y las otras son las que hay que rechazar. Hay que decir basta a todo esto de manera muy rotunda. Tenemos que decir que queremos que se cumpla esta Convención y que se respete en todo el mundo.
Cada amanecer pienso unos segundos en que cada día mueren de hambre miles de niños y de niñas de unos 5 años de edad. Todos los seres humanos tenemos que reaccionar y colaborar. No podemos dejarlo todo a organizaciones como Save the Children. Hace tan sólo 30 años los seres humanos estábamos aislados y no podíamos expresarnos. No sabíamos lo que pasaba en el otro lado del mundo, no teníamos acceso a nada. Ahora sabemos lo que pasa y no podemos callarnos. Desde Save the Children tenéis que recordarnos permanentemente que no podemos callarnos porque es una vergüenza que se muera gente de hambre cuando en otros países hay tales despilfarros y hay empresas que ganan miles de millones.

Una vez usted dijo: “Creo que lo que tenemos que hacer permanentemente es lo que nos dicen los niños”. ¿Cree que no les escuchamos lo suficiente?
En todos los sitios en los que he trabajado llevo siempre conmigo un cartel de una película de Charles Chaplin de la película “El Niño”. Es una imagen en la que se ve a un niño señalando algo y Chaplin mirando a donde señala. La he llevado toda mi vida porque me recuerda que lo primero que tenemos que hacer es lo que nos dicen los niños.
Siempre tenemos que mirar que es lo que quieren porque cada niño es capaz de crear, cada uno es una maravilla y no les escuchamos. Una vez como director general de la UNESCO dije: “Me importa más un niño que las pirámides de Egipto”. En aquel momento parecía que nos importaba más su conservación que los niños, y eso no es así.

Sabemos que más de 3’5 millones de niños refugiados no van a la escuela. En 2015 80 millones de niños vieron como su educación quedaba mermada por culpa de los conflictos en sus países. ¿Qué dice eso de nosotros como sociedad?
Hace poco escribí un artículo en el que decía: “Siembra odio y recogerás terroristas”. Cuando yo he visto detrás de unas alambradas a esos niños, me planteo que es lo que estamos haciendo. Sus padres se han ahogado en el Mediterráneo y estos niños están viviendo en sitios intolerables y terribles donde no hay agua ni letrinas. Estos niños son y valen lo mismo que los nuestros. Es una barbaridad lo que estamos haciendo. Tenemos una Convención sobre los Derechos del Niño para aplicarla con prioridad porque estos niños lo merecen y ahora mismo los estamos olvidando.
En el año 2000 se redactó la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea que empieza hablando precisamente de la dignidad. Hoy muchos líderes europeos ni se la han leído. ¿Y qué hemos hecho en la UE? Hemos hecho una unión monetaria, no una unión política, social y ética. No hemos dicho: “¡Señores, lo primero los niños!”. ¿A qué no lo hemos hecho? Por eso siempre acabamos hablando de cosas como que tantos niños no van a la escuela. ¿Cómo no van a ir a la escuela? Si en lugar de aumentar los fondos para el desarrollo los hemos disminuido hasta casi eliminarlos.

¿Cuál es su opinión sobre el panorama educativo español? ¿Qué estamos haciendo mal?
Lo primero que tenemos que hacer es entender qué es la educación. Lo que tiene que hacer la educación es que todos los seres humanos sean capaces de ejercer plenamente las facultades distintivas que son nuestras, es decir, que puedan pensar, vivir en virtud de sus reflexiones, imaginar, soñar, inventar y crear. Cada ser humano es creador y la esperanza de la humanidad es que podemos inventar el futuro. El pasado ya está hecho pero el porvenir está por hacer y lo podemos hacer de formas distintas.
Ahora con la longevidad no hay más remedio que escuchar a los viejos. Hay que preguntar a los profesores porque la experiencia es un tesoro. La capacidad que tenemos hoy de asesoramiento es formidable, pero hay que buscar las fuentes correctas. El que aquí en España nos hayamos dedicado a ver sólo fuentes como las de instituciones económicas como la OCDE es un error. Ahora decimos: “este niño es educado”, y no, este niño no es educado. Los niños educados son a los que se les escucha, a los que se les atiende y a los que se les quiere. Ahora solo se oye que aquí hay que saber inglés. ¿El inglés? Yo conozco a mucha gente que sabe hablar perfectamente inglés y son unos perfectos maleducados. En los últimos años estamos comparando el éxito escolar con niños que saben manejar muchas capacidades, pero no son educados, son solo niños capacitados.
Para mí educar es aprender a ser, a ser niños, a ser seres humanos. Y esta educación es la que yo quisiera que juzgaran en lugar de los informes. La educación es la que dan los padres y los maestros, los únicos que saben cómo se tiene que educar.

Háblenos de la educación en valores.
Toda educación se justifica en los valores. Hoy el don fundamental que tiene es que nos permite ser libres. El artículo primero de la declaración de la UNESCO dice que ser educado es ser libre y responsable y para ello les tenemos que guiar. La humanidad debe ser guiada por unos principios democráticos: justicia, libertad, igualdad y solidaridad intelectual y moral. Se trata de darles la libertad intelectual, compartir conocimientos y emociones, y esto es lo que justifica los valores.
La educación en valores implica que lo que importa es que los niños aprendan primero a que son amados sean como sean, a que son escuchados, a que respeten a sus superiores y que sepan que si hay un conflicto existe la mediación.

¿Qué valor tiene el trabajo de organizaciones como Save the Children?
Organizaciones como Save the Children son absolutamente fundamentales en estos momentos en el que el mundo necesita referentes. Necesitamos volver a los grandes principios, a ser guiados por principios éticos y democráticos. Que nadie se engañe, Save the Children tiene una experiencia inmensa porque tiene una mirada comparativa, cosa que mucha gente no tiene. Venimos de un mundo donde la gente estaba confinada territorial e intelectualmente, que tenía miedo y que era obediente. Y ahora llegamos a un punto en que es necesario tener observatorios o instituciones “faro” como Save the Children que sepan lo que pasaba y lo que pasa ahora, lo que pasa en un sitio y en otro. Estos dos puntos de comparación son fundamentales para construir un porvenir distinto.
Save the Children se ha ganado la confianza popular y eso es muy difícil. Lo ha hecho porque ha dicho que hay situaciones que no se pueden aceptar y que hay que hacer las cosas de otra forma para que todos los niños puedan cumplir sus derechos.

En Save the Children implicamos a los colegios y a sus alumnos con actividades y programas educativos y solidarios como Kilómetros de Solidaridad o Marcapáginas por la Solidaridad. ¿Es un buen método implicar a los niños en estas actividades solidarias para conseguir un mundo mejor?
Desde luego que es un buen método. Además, éstas forman parte de unas actividades adicionales a las esenciales. Actividades solidarias como las que realizan Save the Children permiten a los niños implicarse. Si uno solo se indigna, no hace nada. Pero si se implica sí hace algo. Hace falta que los niños se impliquen. Soy un gran partidario de las instituciones donde la pedagogía se basa sobre la actividad del niño, porque lo malo es que se conviertan en espectadores de la vida. Hoy somos espectadores de casi todo y actores de casi nada. ¿Cómo puede ser que las universidades sepan todo lo que está pasando y no hagan nada? Necesitamos una implicación de la comunidad intelectual, artística y académica. No es posible que se dediquen ocho páginas en un periódico a un futbolista y que a Save the Children ni se le mencione, no puede ser. Estamos en un momento en el que tenemos que pasar de ser espectadores a actores. Hoy, es un delito guardar silencio.