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Cinco de la mañana en Abidjan

  Cinco de la mañana en Abidjan y suena el despertador. Ayer a esta misma hora estábamos llegando a Costa de Marfil. Con los párpados todavía pegados llamamos al aeropuerto insistentemente hasta que conseguimos saber que en el vuelo de hoy han llegado algunas maletas sin dueño, ¿serán las nuestras?... tal vez.

Nuestra compañera Anne pasa a buscarnos a las seis de la mañana y ponemos rumbo al aeropuerto con la esperanza de encontrarnos con nuestros equipajes. El tráfico en Abidjan es algo realmente increíble, orden dentro del caos. Carreteras de tres carriles en las que de repente se forman cinco y los coches se organizan sin guardias de movilidad para que todo fluya. Vendedores ambulantes ofrecen frutas, papel higiénico, tablas de planchar y hasta pequeños electrodomésticos!! Como dice Oki, si lo ofrecen, será porque haya quién lo compre.

La ciudad tan sólo cuenta con dos puentes y se forman unos embotellamientos monumentales para cruzar de un lado a otro de la laguna. Momentos que aprovecharemos para compartir experiencias, saciar nuestra curiosidad por el trabajo de nuestros compañeros en Costa de Marfil, por la situación del país o las costumbres locales y también para tomar prestado algún que otro hombro para descansar un rato. Llegamos al aeropuerto con la hora justa y nos encontramos en una sala llena de maletas extraviadas, apiladas unas sobre otras. ¿Estarán las nuestras?... Orden dentro del caos, en cinco minutos estamos dentro del coche con nuestros tesoros. Maletas cargadas de mensajes de los niños españoles para los niños y niñas marfileños en forma de cuentos ilustrados, fotografías, balones y libros en francés. Dos horas más hasta Gogokro y por fin nuestras profes podrán compartirlos con los chavales de la nueva escuela que  inauguramos hoy.

Lourdes.