artículo proyecto ECHO Colombia

Contribuimos a que miles de niños y niñas estudien en entornos más seguros en
en zonas afectadas por la violencia en Colombia

Cerca de 185.000 personas se han beneficiado de una iniciativa que ayuda a proteger a la infancia y mejorar la respuesta ante emergencias

En muchas zonas de Colombia, ir a la escuela no siempre es sinónimo de seguridad. La violencia ha marcado durante años la vida cotidiana de comunidades enteras, afectando especialmente a niños, niñas y docentes. Según la Global Coalition to Protect Education from Attack (GCPEA), los ataques a la educación han aumentado en Colombia desde 2022 y afectan a múltiples regiones del país. Solo en el primer semestre de 2025 se registraron 523 ataques a la educación en seis departamentos, según el Consejo Noruego para Refugiados (NRC), afectando a 9.436 estudiantes, docentes y personal educativo en ese mismo periodo. 

Para responder a esta situación, Save the Children en consorcio con Entreculturas, Action Aid y sus socias locales, con la ayuda humanitaria de la Unión Europea, han impulsado una iniciativa para recuperar un objetivo básico: que las escuelas sean lugares seguros.

Prepararse para el riesgo

El proyecto se ha desarrollado en algunos de los territorios más afectados, como Cauca, Nariño, Arauca y Valle del Cauca, donde la violencia y la inestabilidad han condicionado el acceso a la educación. 

La idea es sencilla: ayudar a que comunidades y centros educativos sepan cómo actuar en situaciones de emergencia.   Gracias a este proyecto, las escuelas cuentan ahora con rutas de evacuación señalizadas y realizan simulacros para saber cómo actuar en caso de emergencias, como situaciones de violencia, desplazamientos o desastres naturales. Además, están mejor organizadas y cuentan con equipos que coordinan la respuesta en caso de crisis. Docentes y estudiantes han aprendido primeros auxilios, apoyo emocional y qué hacer o a quién acudir en situaciones de riesgo.

Tener escuelas seguras es muy importante para mí y mis compañeros, porque estar tranquilos nos permite aprender y tener mejores clases”.

Camilo, estudiante de secundaria en Tumaco, una de las zonas de intervención

Un impacto que cambia el día a día

Los resultados reflejan cambios concretos. En total, cerca de 185.000 personas han participado o se han beneficiado del proyecto. 

Más de 81.600 personas han mejorado su capacidad para afrontar crisis, lo que significa que hoy están mejor preparadas para reaccionar ante emergencias. 

En el ámbito educativo, 19 centros han actualizado sus planes de gestión de riesgos, y 924 personas han recibido formación específica en cómo responder ante distintas situaciones. 

Cambios visibles dentro y fuera del aula

En las escuelas, estos avances ya se traducen en cambios visibles: simulacros, señalización de rutas seguras y creación de grupos que coordinan la respuesta ante emergencias.

También se han distribuido más de 2.000 materiales escolares y ayudas económicas para evitar que los alumnos abandonen sus estudios debido a las dificultades del entorno. 

Además, se han puesto en marcha actividades para prevenir la violencia en las aulas y promover el bienestar emocional.

Docentes más acompañados

El profesorado, que suele ser el primer apoyo para los estudiantes en contextos difíciles, también ha sido una prioridad. Más de 220 docentes han participado en acciones para mejorar su bienestar y aprender nuevas herramientas. 

Una docente participante lo resume así: “También tenemos que aprender a cuidarnos nosotros mismos para poder acompañar mejor a nuestros estudiantes”

Según los datos del proyecto, el 87 % de los profesores mejoró sus conocimientos y habilidades para proteger a la infancia y responder ante emergencias. 

Mirando al futuro

A pesar de los avances, las necesidades siguen siendo importantes. Las organizaciones implicadas recuerdan que muchas comunidades continúan expuestas a la violencia y a otras amenazas, por lo que es necesario dar continuidad a este tipo de iniciativas.

“El país necesita más apoyo para proteger a la infancia y reducir los riesgos que enfrentan cada día”, señalan desde una de las organizaciones participantes. 

El apoyo de la Unión Europea ha sido clave para lograr estos resultados y demuestra que apostar por la prevención y la educación puede generar cambios reales.

Porque, en contextos complejos, una escuela segura no es solo un lugar donde aprender: es también un espacio de protección, estabilidad y esperanza para toda una generación.

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