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Cuando las clases no empiezan por septiembre

Esta entrada ha sido escrita por Natalia Quiroga. 

Siempre he tenido con Septiembre la sensación de los inicios. Los planes, los proyectos, las ilusiones. Nada de enero, todo en septiembre. Creo que poco tenga que ver con que haya países y calendarios, como en Etiopía, en los que es septiembre el primer mes del año. Más bien creo que son los recuerdos de la vuelta al cole, los libros de nuevo, los amigos, el pupitre, los rotuladores…esa rutina que por septiembre volvía a la vida y que marcaba de nuevo el ritmo de los días.

Ayer una compañera explicaba desde Somalia lo difícil que está siendo lograr que los niños y niñas del país vuelvan a la escuela. Triste realidad que, sin embargo, no se encuentra aislada. Ahora mismo existen, al menos, seis países en los que, de no tomarse acciones urgentes, los niños y niñas no pueden volver a la escuela o donde el regreso sigue siendo muy complicado: Costa de Marfil, Libia, Yemen, algunas partes de Etiopía, de Somalia y de Kenia.

El común denominador entre todos estos países no es otro que una emergencia; todos están pasando o apenas acaban de pasar bien por situaciones de conflicto armado, por el que los colegios han quedado derruidos o semiderruidos -si es que algo que ha atravesado una bala puede de verdad quedar derruido solo a la mitad- o bien siguen afectados por desastres naturales que han obligado a los profesores y a los propios estudiantes a huir.

La gran olvidada en las emergencias

A pesar de que es de sobra conocido el tremendo papel que la educación juega en cualquier emergencia, ésta sigue siendo una de las grandes olvidadas en financiación. El mayor porcentaje de fondos humanitarios que se ha logrado para emergencias recientes ha sido de apenas un 26%, mientras que hay emergencias, como la de Libia, que no han superado el 0% de fondos destinados a la educación.

La educación en Somalia, un país sumido en una crisis continua, ha recibido un 18% del total de ayuda humanitaria, apenas una quinta parte de lo que se necesita, seguido de Kenia, que sólo ha logrado un 16%. Todo ello se traduce en que apenas se pueden llevar a cabo programas educativos a gran escala, que los ministerios de educación de los países no logran dar abasto y que, en consecuencia, un mayor número de niños y niñas se quedan sin recibir una educación.

En casos como el de Somalia, esto puede significar que toda una generación puede verse apartada de recibir su derecho a la educación.

Distintas circunstancias, el mismo resultado: los niños no pueden ir a la escuela

En Costa de Marfil, miles de estudiantes no van a poder hacer sus exámenes porque se han visto obligados a desplazarse internamente, las dificultades para la reincorporación o por hacerse imposibles el pago de las tasas de los exámenes. En una de las regiones más afectadas por el reciente conflicto al oeste del país, todas las escuelas permanecen todavía cerradas  debido a los rumores de un posible regreso de las hostilidades. Ello se ha traducido en que muchas familias han tenido que huir de nuevo.

En Libia el pasado 17 de septiembre se abrían de nuevo las escuelas. Sin embargo, con muchas de ellas todavía sin preparar para la reapertura (dañadas, acumulación de munición sin explosionar o todavía ocupados por personas desplazadas), muchos colegios van a soportar varios turnos cada día con la consiguiente dificultad para los propios estudiantes. Es obvio que va a ser difícil reorganizar el sistema educativo tras meses de conflicto cuando la financiación del mismo no ha recibido nada absolutamente de la ayuda humanitaria destinada al país.

Más de 7 millones de niños y niñas deberían haber empezado ya la escuela en Yemen y en Somalia más de 200.000 niños y niñas en edad escolar han dejado la escuela y se han visto obligados a migrar hacia zonas urbanas y hacia la frontera con Kenia y Etiopía en busca de comida y protección. Una cantidad que se suma a lo más de 1.8 millón de niños y niñas que ya estaban fuera de la escuela en el país antes de que la sequía se tornase en emergencia. Además, hasta el 50% de los profesores del país no volverán a las aulas debido al desplazamiento y la falta de alimentos en muchas zonas.

La actual crisis en el Cuerno de África pone de manifiesto la importancia de trabajar a través de los programas de los programas educativos para ofrecer de un modo conjuntamente educación, comida y atención sanitaria."

Una evidencia que, emergencia tras emergencia, tratamos de poner sobre la mesa. Porque la educación no solo es un derecho fundamental del niño, no solo ofrece protección y la oportunidad de recuperar la normalidad en la vida de los niños sino que, además, la educación es la herramienta fundamental y la estructura principal sobre la que construir la paz de cualquier país.