Dunya* y Masum*, una historia de reunificación de familias en Irak

25 Agosto 2014

La noche antes de la masacre en Sinjar el 2 de agosto, que supuso la muerte cientos de yazidíes y obligó a huir a al menos 200.000 personas al monte Sinjar, a Siria o a otras partes del país, Dunya y sus dos hijos más pequeños (cinco y ocho años) pasaron la noche en casa de sus padres a las afueras de la ciudad. Era Eid y un tiempo de celebración para los yazidis. Al mismo tiempo, tres hijos mayores de Dunya se alojaban con su tío Masum al lado de la ciudad.

Me sentí muy asustada, lloré. Pensaba que no iba a volver a verlos“

A la mañana siguiente comenzó la lucha en todas partes. Hubo disparos y bombardeos desde todas las direcciones. Dunya sabía que no tenían tiempo que perder y que tenían que escapar lo más rápido posible. Huyó con su hermano en su coche y se dirigió directamente a Siria. No tenía ni idea de si sus otros hijos habían logrado salir de la ciudad con vida. “Me sentí muy asustada, lloré. Pensaba que no iba a volver a verlos“, nos dijo.

Mientras tanto, Masum, hermano de Dunya, huyó a pie con sus otros tres hijos (de 10, 15 y 16 años), igual que su esposa y sus tres hijos (de 5, 4 y 1 año). Se fueron caminando a Siria; les llevó 24 horas bajo un sol abrasador. De hecho, dos semanas más tarde, todavía tiene ampollas en los pies. Masum y su esposa tuvieron que cargar a los niños más pequeños durante todo el camino. “No podíamos llevar nada con nosotros porque nos tuvimos que ir andando a la frontera con Siria“, dice Masum.” Los niños gritaban y estaban muy asustados. Les dije que se calmaran e intenté convencerles de que no pasaba nada y que no les iba a suceder nada malo a ellos“.  Ambos grupos viajaron al norte de Siria antes de cruzar de nuevo a la región del Kurdistán de Irak, en camiones, autobuses y taxis. Dunya consiguió llegar a la pequeña ciudad de Shariya, justo al sur de Dohuk, pero todas las escuelas y mezquitas estaban llenas así que tenía que dormir en la calle.

Finalmente Masum llegó a la región de Dohuk también y entró en contacto con Save the Children, que le proporcionaron elementos básicos como kits de higiene para que pudieran dormir y lavar la ropa. Habían huido con nada más que la ropa que llevaban puesta y no tenía nada más que ponerse. “Fue muy importante para nosotros porque no teníamos nada con que lavar la ropa“, comenta Masum. Sus sobrinas y sobrino también se registraron como parte del programa de reunificación de familias, financiado por DFID, de Save the Children en el campo 2.  Sin embargo,  la familia tuvo la suerte de reencontrarse por otros medios.  Dunya encontró un pariente que tenía el número de Masum y pudo recibir la buena noticia de que sus hijos estaban sanos y salvos.

Cuando volvió a verlos Dunya comentó:  “Estaba muy feliz y sentí que era la primera vez que los veía.  Estaba como en shock cuando les volví a ver; recuerdo ir corriendo hacia ellos y besarles, mientras lloraba”. Ahora que la familia está feliz y aliviada de volver a estar juntos,  las esperanzas de Dunya ahora miran hacia un futuro precario e incierto:“Quiero que mis hijos crezcan y que vayan a la escuela. Ahora están sin su padre y por eso quiero ser siempre su apoyo”.

Con 1,2 millones de personas desplazadas en el norte de Irak, que a menudo viven en campamentos, alojamientos improvisados, en parques o incluso al borde de las carreteras, con poco o ningún acceso a una alimentación adecuada, agua potable o saneamiento, la crisis humanitaria aquí es enorme.  Por otra parte, con la actual violencia y las noticias de nuevas masacres, los miedos y traumas asociados con sus experiencias son tremendas.  Algunos padres están tan desesperados que meten a sus hijos en camiones que viajan a zonas más seguras, incluso cuando no hay espacio para ellos.

No tenemos ningún futuro en Irak. Si vamos a casa nos pueden matar; o vivimos aquí sin dinero y sin medios”.

Hasta el momento,  hemos llevado a cabo evaluaciones de protección de niños en 45 escuelas en la región de Dohuk, registrando a 21 – 15 de los cuales están separados de sus familias y seis que tienen discapacidades o problemas médicos. Ya hemos conseguido reunir a una familia, sin incluir la de Dunya. Dada la velocidad con la que la violencia se ha apoderado de la región, y las vastas áreas a través de la cual la gente ha buscado refugio, reunificar familias con sus seres queridos puede llevar algún tiempo, pero tales esfuerzos son cruciales para asegurar la protección  y el bienestar de los niños y sus familias.  Con este programa financiado por el DFID podremos garantizar  que los más vulnerables son atendidos y, en última instancia, que puedan reunirse con sus seres queridos.

*Los nombres han sido cambiados por motivos de seguridad