La mujer que creó un mundo para los niños

21 Julio 2015

Para triunfar en la vida tienes que ofrecer vida.”

Eglantyne Jebb 

Un día de 1919, poco tiempo después del final de la I Guerra Mundial, Eglantyne Jebb salió a las calles de Londres para repartir folletos con la imagen de dos niños austriacos, marcados por los efectos de la guerra. Junto a la foto, un mensaje: “nuestro bloqueo económico ha provocado esto. Millones de niños se mueren de hambre”.

Este pequeño gran acto de protesta provocó el arresto inmediato de la joven activista y maestra de primaria. Representándose a sí mima frente al Tribunal, Eglantyne no solo consiguió que el fiscal acabase donando dinero a favor de la infancia, sino que decidió que era el momento para dar más fuerza a un movimiento que ya había comenzado. Unos días antes, junto a su hermana Dorothy Buxton, había convocado un acto público en el Royal Albert Hall dirigido a concienciar a la sociedad inglesa sobre la situación de los niños en Europa. Muchos acudieron a enfrentarse a la que consideraban una traidora aliada del enemigo, pero todos acabaron sucumbiendo a la intensidad de sus palabras. “Estoy convencida de que nos es imposible, como seres humanos normales, observar a los niños morirse de hambre sin hacer ningún esfuerzo para salvarles.”  

Aquella tarde  se recaudaron más de 10.000 libras de la época que en unos días sirvieron para  alimentar a miles de niños austríacos y alemanes. El 19 de mayo de 1919 nacía Save the Children al tiempo que lanzábamos nuestra primera respuesta a una emergencia humanitaria.

Una visión adelantada a su tiempo

Eglantyne no solo estaba convencida de que el trabajo de movilización para lograr cambios sociales y políticos debía ir acompañado de ayuda directa a los niños y niñas que más sufrían, sino que creía que el movimiento debía ser universal. Meses después de fundar Save the Children en Inglaterra, en enero de 1920, creaba en Ginebra la Unión Internacional Save the Children.

En su continua apuesta por adelantarse al ritmo de la sociedad, a partir de 1925 le dio un nuevo enfoque a la organización apostando por programas que apuntaban al largo plazo más allá de la emergencia. Sus proyectos de vivienda y medios de vida para las personas refugiadas en Bulgaria marcaron el inicio de muchos de los programas de desarrollo que conocemos hoy en día. 

De ella fue también la iniciativa de apoyarse en la prensa y en reconocidas personalidades mundiales para llamar la atención sobre la realidad de la infancia. El propio Gandhi, Albert Einstein o Sigmund Freud denunciaron de su mano las injusticias sufridas por los niños y niñas. "Yo personalmente no tengo enemigos menores de siete años." Fue su amigo George Bernard Shaw el que hizo famosa esta cita que Eglantyne acostumbraba a utilizar.

Cada generación de niños ofrece a la humanidad la posibilidad de reconstruir al mundo de su ruina”. Eglantyne Jebb

Para Eglantyne su determinación férrea por la defensa de los derechos de la infancia no tenía una motivación sentimental. Los niños ni siquiera le despertaban una simpatía especial, como dejaba ver en algunas de las cartas que enviaba a sus buenos amigos. Lo que movía su trabajo era un profundo e indiscriminado pensamiento humanista que mucha gente había perdido tras la guerra. La convicción de que los niños, como seres humanos, tienen unos derechos que les son propios y de que esos mismos niños tenían el potencial capaz de traer una sociedad internacional más justa y pacífica.  

Toda guerra es una guerra contra los niños”

Eglantyne Jebb

Sus motivaciones, como casi todo su trabajo, eran el resultado de su propia investigación previa. Cuando en 1899 Eglantyne comenzaba a dar clases a niños y niñas de primaria, sentía ya que su contribución para mejorar la situación de la infancia estaba en otro lugar. En 1913 viajó a los Balcanes donde, además de distribuir comida entre los niños que pasaban hambre, inicia una serie de investigaciones que le permitirían demostrar por que son los niños y las niñas los primeros que deben recibir ayuda y atención en situaciones de guerra o hambre. Con sus análisis Eglantyne  concluyó que, mientras los adultos son capaces, hasta cierto punto, de recuperarse tras un período de hambre y carencias, los niños pueden no llegar nunca a recuperarse completamente del desgaste físico y psicológico que supone la falta de alimento. 

Yo creo que deberíamos reclamar algunos derechos para los niños y trabajar para su reconocimiento universal”

Eglantyne Jebb

La escritora Clare Mulley, cuenta en su libro “Eglantyne Jebb. La mujer que salvó a los niños”, que una tarde de 1922 Eglantyne había subido al punto más alto del Monte Salève, a las afueras de Ginebra, para aclarar su mente. Ese mismo día, la activista redactó el borrador de los derechos de la infancia, cinco puntos fundamentales que años más tarde evolucionaría a lo que hoy se conoce como la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU. Aquel día de montaña, aquel texto en borrador, cambió para siempre la manera en la que el mundo consideraba y trataba a los niños y las niñas. Para Eglantyne los niños no eran solo objeto de protección sino que, por encima de todo, consideraba a los niños como sujetos de derecho.

Hoy la Convención sobre los Derechos del Niño representa el tratado de defensa de los derechos humanos más ratificado en todo el mundo 

Eglantyne murió seis años más tarde. Solo tenía 52 años pero llevaba mucho tiempo sufriendo una enfermedad que debilitaba su cuerpo pero que nunca logró acabar con su energía y motivación por trabajar a favor de la infancia.  Aunque todavía hoy muchos niños no disfrutan plenamente de todos sus derechos, el poderoso logro de Eglantyne por colocarlos en la agenda política internacional nos da muestra de lo que puede llegar a lograr la determinación de una sola persona. 

Save the Children escucha a menudo que sus objetivos son imposibles, que siempre ha habido sufrimiento infantil y siempre lo habrá. Sabemos que nada es imposible a menos que nosotros lo hagamos imposible. Solamente es imposible lo que nosotros nos negamos a intentar.

Eglantyne Jebb

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