La vuelta al cole
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Vuelta al cole: el sueño de la infancia convertido en una pesadilla en Gaza
Relato de Shurouq, trabajadora de Save the Children en Gaza
Shurouq, de 32 años, forma parte del equipo de Save the Children en Gaza. Perdió a su marido, que fue asesinado durante las primeras semanas de la guerra. Junto a su hija Karmel, de cuatro años, ha tenido que desplazarse en múltiples ocasiones a lo largo del conflicto.*
GAZA, 17 de septiembre de 2026. La vuelta al cole debería ser un momento de esperanza en un futuro mejor, una señal de que la vida sigue adelante. Pero para mí y para tantas otras madres en Gaza, la mañana del primer día de escuela fue una carga difícil de soportar.
Como madre trabajadora con ingresos, soy consciente del privilegio que supone haber podido matricular a mi hija en un colegio privado de Gaza. Mi hija, de cuatro años, comenzó este año educación infantil, y yo quería que fuera para ella un comienzo bonito y lleno de promesas.
La expresión "colegio privado" puede sonar lujosa. De hecho, la matrícula mensual de 200 dólares es una auténtica fortuna en la Gaza actual. Sin embargo, es el centro educativo más cercano a mi casa. Sin transporte disponible, no estaba dispuesta a arriesgarme a que mi hija tuviera que caminar largas distancias entre los escombros para llegar a la escuela.
Incluso este costoso colegio se ha visto afectado por la guerra: algunas de sus paredes bombardeadas están cubiertas con lonas. El edificio que hoy utilizan es la única solución que la dirección del centro ha podido encontrar después de que la construcción original quedara completamente destruida.
Nunca había experimentado una sensación semejante. Su primer día de colegio fue abrumador, por mucho que intentara prepararme para ello. Mi hija me miró y de repente me preguntó:
"¿Papá puede verme desde el cielo mientras llevo mi mochila del colegio?."
Contuve las lágrimas y le respondí:
"Seguro que está muy feliz. Es un gran logro. Vamos a dedicárselo a él."
Podía ver el dolor en sus ojos, y me preguntaba si ella también podía ver el mío. Estaba rodeada de niños y niñas acompañados por sus madres y padres, mientras que el suyo no estaba allí.
Yo no era la única que intentaba contener las lágrimas. Muchas personas lloraban; algunas incluso escondían el rostro para que sus hijos e hijas no vieran su emoción.
Sé, por supuesto, que somos de las afortunadas por tener acceso a algún tipo de educación. Casi tres años después del inicio de la guerra en Gaza, prácticamente todos los edificios escolares han sufrido daños, y la mayoría de las guarderías y centros de educación infantil han sido destruidos, han resultado dañados o se encuentran en lugares inaccesibles para la infancia.
Todos y cada uno de los niños y niñas en edad escolar del territorio palestino ocupado están siendo privados de una educación segura y de calidad, incluso quienes, como mi hija, consiguen asistir a la escuela. Tienen jornadas más cortas, menos materiales y un número insuficiente de docentes.
Me encontré con una amiga, viuda de guerra como yo, que había acudido con sus tres hijos. Cuando me vio, se derrumbó. Sus hijos también lloraban.
Intenté recomponerme y controlar mis emociones antes de entrar en el aula con mi hija, pero su profesora me pidió amablemente que me marchara.
Salí de la clase y abandoné el colegio llorando por la calle.
Lloré por mi hija.
Lloré por los más de 21.000 niños y niñas asesinados durante esta guerra, que nunca sabrán lo que significa vivir un primer día de colegio.
Lloré por los más de 59.000 niños y niñas que han perdido a uno o ambos progenitores.
Lloré por los miles de niños y niñas que no pueden regresar a la escuela porque, en Gaza, la educación se ha convertido en un lujo que muchas familias ya no pueden permitirse.
Lloré por una educación que ha dejado de ser un derecho garantizado para toda la infancia.
Y, sin embargo, a pesar de todo, ver lo feliz que estaba mi hija haciendo nuevas amistades en el colegio aportó un poco de consuelo a mi corazón. Encontró un lugar amable y lleno de color donde podía sentirse acogida, relacionarse con otras personas y, simplemente, ser una niña por un rato.
Pero esto sigue estando muy lejos de lo que consideraríamos una educación segura y de calidad. Como tantos otros niños y niñas aquí, incluso teniendo acceso a la escuela, está aprendiendo en circunstancias donde la seguridad, la estabilidad y las condiciones básicas necesarias para una educación adecuada sencillamente no pueden garantizarse.
* Los nombres de los niños y niñas han sido modificados para proteger su identidad.
la situación actual
Todos los 1,5 millones de niños y niñas en edad escolar de los Territorios Palestinos Ocupados están siendo privados de su derecho a una educación segura y de calidad por cuarto curso académico consecutivo. Casi tres años después del inicio de la guerra en Gaza, prácticamente todos los edificios escolares (el 97,5 %) han resultado dañados, mientras que el 86 % de los 649 jardines de infancia evaluados han sido destruidos, han sufrido daños o se encuentran en zonas inaccesibles, según nuevos datos de Save the Children.
En Cisjordania, más de 834.000 niños y niñas en edad escolar no tienen acceso a una educación segura y de calidad.