Libros, coraje y
grandes sueños
Cuando una niña puede estudiar, también puede elegir su futuro.
Para muchas personas en el mundo, ir a la escuela forma parte de la infancia. Un lugar donde aprender, hacer amistades, descubrir nuevas inquietudes y empezar a imaginar el futuro. Pero para millones de niñas en todo el mundo, cruzar la puerta de un aula sigue siendo un privilegio al alcance de muy pocas.
En la región de Kasai, en República Democrática del Congo, crecer siendo niña significa enfrentarse a barreras que con demasiada frecuencia impiden continuar los estudios. La pobreza, los matrimonios infantiles, la violencia, los embarazos adolescentes o la desigualdad hacen que miles de ellas abandonen la escuela antes de tiempo.
Y, sin educación, también se reducen sus posibilidades de decidir sobre su propia vida.

Con el apoyo de personas socias y financiadores internacionales, desde Save the Children impulsamos en esta región el programa AXE-Filles (sigla de Accès et Égalité pour l'Éducation des Filles, en español Acceso e Igualdad para la Educación de las Niñas), una iniciativa que trabaja junto a las comunidades para eliminar esas barreras y garantizar que más niñas puedan aprender, desarrollarse y construir el futuro que desean.
El programa va mucho más allá de facilitar el acceso a la escuela. Construye aulas y letrinas, distribuye material escolar y kits de higiene menstrual, forma al profesorado, ofrece espacios de educación sexual y reproductiva, impulsa campañas de sensibilización con las familias y promueve formación profesional para adolescentes. Todo ello con un objetivo común: que ninguna niña tenga que renunciar a sus sueños por el simple hecho de haber nacido mujer.
Las historias de Chouchou, Bea y Mbombo muestran cómo una oportunidad puede cambiar una vida.

Chouchou - 10 años
Cuando Chouchou tenía apenas un año, la violencia armada arrebató la vida de sus padres y ella perdió una pierna. Tras regresar a República Democrática del Congo, la falta de recursos y su discapacidad la mantuvieron aislada durante años. Con nueve años todavía no había podido ir a la escuela.

Fue entonces cuando Patience, directora de uno de los centros del 'Programa de Educación Acelerada' de Save the Children, llamó a la puerta de su casa. Durante seis meses recorrió cada día tres kilómetros con Chouchou a la espalda para que pudiera asistir a clase. Más tarde recibió una prótesis y comenzó a caminar por sí misma.

Hoy tiene amigas, juega, estudia y sueña con convertirse en modista. Una realidad que hace unos años parecía imposible.


La historia
de Bea
Bea - 16 años
También Bea tuvo que abandonar la escuela cuando murió su madre. Su abuela no podía asumir los gastos y, durante tres años, permaneció en casa viendo cómo otras personas seguían adelante con sus vidas mientras ella sentía que el tiempo se detenía.

Desde pequeña soñaba con ser mecánica de motocicletas, un oficio reservado tradicionalmente a los hombres. Gracias a AXE-Filles pudo realizar primero un curso de alfabetización y después una formación profesional en mecánica. Hoy trabaja en un taller junto a otra joven mecánica formada por el programa.

"Los oficios no tienen género", afirma con determinación. Su objetivo ahora es convertirse en una experta y demostrar que las niñas también pueden ocupar cualquier espacio si tienen la oportunidad de hacerlo.

La historia
de Mbombo
Mbombo - 16 años
Para Mbombo, esa oportunidad significó algo aún más importante: poder decidir sobre su propio futuro.
Con solo 16 años descubrió que su padre había acordado su matrimonio con un hombre mucho mayor. La dote ya había sido entregada y todo estaba preparado.
Pero Mbombo acababa de participar en uno de los clubes de Salud Sexual y Reproductiva impulsados por Save the Children. Allí había aprendido cuáles eran sus derechos y comprendió que nadie podía obligarla a casarse.
Dijo "no".

Con el apoyo de su madre, de un trabajador social formado por Save the Children y de las autoridades comunitarias, el matrimonio fue cancelado.
Hoy cursa la educación secundaria, aprende costura y sueña con convertirse en empresaria para ayudar algún día a otras niñas.

Historias como estas son posibles gracias a un trabajo que implica a toda la comunidad. Además de apoyar directamente a las niñas, trabajamos con familias, docentes, líderes comunitarios y adolescentes para cuestionar estereotipos de género, prevenir el matrimonio infantil y promover relaciones basadas en el respeto y la igualdad.
Solo durante el primer año de implementación, el programa ha llegado a más de 65.000 niños y niñas, de los cuales más de 34.000 son niñas. Se han construido 174 aulas, creado 456 clubes de Salud Sexual y Reproductiva, distribuido más de 40.000 kits escolares y formado a cientos de docentes y adolescentes.
Detrás de cada una de estas cifras hay una niña que ha recuperado la posibilidad de aprender. De imaginar un futuro distinto. De elegir quién quiere ser. Porque cuando una niña puede ir a la escuela, no solo cambia su vida. También cambia la de su familia, su comunidad y las generaciones que vendrán después.