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Desde el final de la pandemia, los problemas de salud mental en niños, niñas y adolescentes se han disparado, incluidos aquellos con el desenlace más dramático, los suicidios. En 2022 el suicidio era ya la segunda causa externa de fallecimiento de niños y niñas de entre 10 y 19 años en España, con un aumento del 6,75% respecto al año anterior.

Hoy hace 20 años que se celebra el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Desde que fue instaurado, cada 10 de septiembre, el objetivo es claro: prevenirlo. ¿Pero cómo?

Lo fundamental es reforzar los servicios de salud mental para la infancia y la adolescencia. El acceso a estos servicios en nuestro país es a menudo una carrera de obstáculos para las familias, desde la primera visita al médico hasta la primera consulta con el especialista.

Hay 3 retos imprescindibles para cambiar esto de una vez por todas:

1) Detección temprana: diseñar y aplicar protocolos para atender la salud mental no puede ser optativo (actualmente queda a voluntad de los centros sanitarios, educativos o las comunidades autónomas). Los colegios e institutos son claves en este proceso, porque son los espacios donde los niños, niñas y adolescentes pasan gran parte de su tiempo. Deberían contar con programas propios de cuidado de salud emocional y de prevención del acoso escolar y el suicidio, fomentando también el desarrollo de la inteligencia emocional.

2) Acceso a la salud mental: Las listas de espera para recibir atención psicológica o psiquiátrica se convierten en un suplicio para las familias. Esperar implica que el trastorno puede empeorar o cronificarse. El tiempo de espera para acceder a una consulta de psicología clínica puede alcanzar el mes, aunque hay comunidades autónomas donde se superan los dos meses, como Murcia con 79 días y Madrid con 61.

3) Insuficiente inversión pública en salud mental: Las largas listas de espera se explican en parte por la falta de recursos humanos especializados. En España hay alrededor de 6 psicólogos/as en el Sistema Nacional de Salud (SNS) por cada 100.000 habitantes. Estas ratios varían según las comunidades, desde los 10,3 de Navarra hasta los 3,2 de Andalucía. Y solo el 60% de los hospitales de nuestro sistema sanitario cuenta con atención psicológica. Además, cuando los niños y niñas consiguen por fin acceder a esta atención especializada, la calidad del servicio que reciben no es precisamente la mejor: las visitas son breves, pocas y demasiado espaciadas, con parones de hasta 3 meses entre una y otra.

¿Qué situaciones alimentan el pensamiento suicida en la infancia y la adolescencia?

Los contextos más frecuentes para el pensamiento suicida son: conflictos conyugales graves y las separaciones conflictivas de los progenitores, el acoso escolar, las humillaciones y malos tratos, la soledad, los desengaños amorosos, las muertes de seres queridos, las separaciones y pérdidas de amigos, los cambios de residencia y de entorno social, el fracaso (y la presión) escolar y los conflictos de discriminación y/o aceptación sexual.

Los niños, niñas y adolescentes que son víctimas de bullying (acoso por parte de compañeros) tienen 2,23 veces más riesgo de padecer ideaciones suicidas y 2,55 veces más riesgo de realizar intentos de suicido que aquellos que no lo han sufrido. En el caso del ciberbullying, el impacto es todavía mayor.

¿Y las familias cómo podemos ayudar ante el pensamiento suicida de niños, niñas y adolescentes?

Es imprescindible asegurarse de que tengan un buen estado de salud mental. La pandemia dañó seriamente en la salud mental de la infancia en nuestro país, y todavía se arrastran sus consecuencias.

También es importante saber que los trastornos relacionados con la salud mental y de conducta entre niños, niñas y adolescentes no son homogéneos y varían entre distintos grupos, por lo que es importante estar atentos: los trastornos mentales son mucho más frecuentes entre niños y niñas mayores de 12 años, mientras que los de conducta aparecen en edades más tempranas.

Además, cuando son más pequeños, los niños y las niñas presentan problemáticas similares, con una idéntica distribución de trastornos mentales y de conducta. Sin embargo, a partir de los 8 años, los trastornos mentales se concentran más en las niñas y los de conducta en los niños. Por último, hay que tener en cuenta que los niños, niñas y adolescentes de origen extranjero sufren, en proporción, un mayor número de trastornos mentales (aunque luego no sean diagnosticados por problemas de acceso, etc.).

La labor de Save the Children

Son los niños y niñas en riesgo de exclusión social y sus familias quienes más dificultades y menos acceso tienen a estos servicios de apoyo a su salud mental. Por ello, en todas las sedes territoriales en las que tenemos programas dirigidos a la infancia en riesgo de pobreza (Madrid, Catalunya, Euskadi, Comunitat Valenciana, Andalucía, Illescas –Toledo- y Melilla) les proporcionamos:

- atención psicosocial telefónica y chat, con el foco en la detección de aquellos que pueden estar sufriendo cualquier violencia, y

- atención psicológica especializada para aquellos niños y niñas que muestran sintomatología traumática provocada por haber sufrido violencia. En ambos apoyamos también a sus familias, trabajando estrechamente con ellas. También publicamos estudios, como el informe 'Crecer Saludable(mente). Un análisis sobre la salud mental y el suicidio en la infancia y la adolescencia' (2021) en el que analizamos los principales desafíos de nuestro sistema de salud, proponiendo recomendaciones y buenas prácticas para que la salud mental de nuestros niños, niñas y adolescentes no deje de estar en el foco público.