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Nina* y su madre solo podían verse a través de una valla

Nina* tiene 9 años y vive con sus padres en la región de Bong en Liberia. Es hija única y está muy unida a sus padres, especialmente a su madre Yasmin, que se encarga de la casa y es voluntaria en la comunidad. Su padre, Emanuel, es profesor de inglés. A Nina le encanta ir a la escuela y jugar con sus amigos, pero sobre todo le apasiona leer. El ébola ha tenido un gran impacto en esta familia. Emanuel perdió su trabajo cuando se cerraron las escuelas en todo el país por el miedo a que se incrementase la tasa de contagio. Sus padres temían que el virus infectase a Nina y como precaución hicieron que se quedase en casa; no podía ir a la escuela o jugar con sus amigos y casi no salía fuera. Nina se sintió enferma hace 2 semanas. Tenía fiebre y la llevaron al Hospital Phebe. Dio negativo en las pruebas de ébola, pero todavía estaba débil para volver a casa. Recibió tratamiento para la malaria y la infección. Una semana después de su ingreso empezó a sangrar, lo que alarmó a las enfermeras y la pusieron en aislamiento.

Los médicos le hicieron los tests varias veces. Mientras Nina estaba en aislamiento su madre apenas se movió de la valla que la separaba de su hija. Nina se sentaba en el porche del centro de aislamiento, mientras su madre se sentaba en una piedra a una distancia de 20 metros. Ambas sufrieron el no poder abrazarse durante todo ese tiempo."

Después de otro test negativo, Nina comenzó a mejorar. Los médicos le dieron el alta y nosotros le proporcionamos ropa nueva, ya que la suya tenía que quemarse antes de que abandonase el centro. Las enfermeras les dijeron a los padres de Nina que la abrazasen tanto como pudiesen y que explicasen a la comunidad que su hija no había tenido ébola para evitar la estigmatización de la pequeña. Nina se está recuperando en casa, pero todavía está traumatizada por la experiencia. Dice que las enfermeras parecían fantasmas con esos trajes porque no podía ver sus ojos o sus caras. El futuro para la familia es incierto. El padre de Nina perdió su trabajo cuando cerraron las escuelas. Sin el sueldo del padre, y con sus ahorros acabados, apenas tienen dinero para comer cada día, así que Save the Children les está ayudando proporcionándoles comida.

Si reabren las escuelas, por el momento Nina no podría volver ya que sus padres no podrían pagar las tasas. Nina está desolada porque quiere seguir estudiando para ser enfermera.