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Emergencia en Afganistán: causas y consecuencias para su infancia

¿Qué está pasando a los niños y niñas
que se quedan en Afganistán?

No podemos abandonar Afganistán

Por Chris Nyamandi, director de Save the Children Afganistán.

Chris Nyamandi - Director Save the Children AfganistánA medida que surgen imágenes desgarradoras de padres y madres que pasan a sus hijos e hijas sobre los muros del aeropuerto de Kabul en un intento desesperado de huir de Afganistán, muchas personas me hacen la misma pregunta: 

¿QUÉ FUTURO LES ESPERA A LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS QUE PERMANECEN EN AFGANISTÁN?

Es una pregunta que ha estado presente en nuestras mentes desde que Save the Children comenzó a trabajar en Afganistán en 1976, y una pregunta cuya respuesta ahora parece dolorosamente incierta. El año pasado llegamos a más de 1,6 millones de personas afganas, pero ahora debido a las circunstancias actuales todas nuestras operaciones se han suspendido.

Al igual que otras organizaciones, estamos comprometidos a permanecer en el país y a seguir con nuestro trabajo, que salva vidas. Reanudaremos nuestras actividades tan pronto como sea seguro hacerlo. No tenemos la intención de abandonar a nuestro personal, a los niños y las niñas y a las comunidades con las que hemos trabajado durante más de cuatro décadas. Por lo tanto, nuestro mensaje a la ONU, los gobiernos y otras agencias humanitarias es claro: ahora no es el momento de eludir sus obligaciones con el pueblo afgano.

Desde finales de mayo el número de personas desplazadas por el conflicto dentro de Afganistán y que necesitan ayuda se ha más que duplicado: más de medio millón de afganos desplazados dentro del país, más de 330.000 de ellos son niños y niñas. Estas familias viven sin cobijo, bajo lonas alquitranadas y sin acceso a alimentos ni atención médica. Mientras muchos intentan desesperadamente llegar al aeropuerto, se escuchan disparos.

Con el aumento de los precios de los alimentos y el sistema bancario al borde del colapso, la situación se está volviendo aún más grave. Hablamos con familias que sobreviven con nada más que pan y bebidas energéticas, los únicos alimentos que pueden permitirse pagar.

TENEMOS LA OBLIGACIÓN DE GARANTIZAR SU PROTECCIÓN Y SUS DERECHOS

Para que todos los esfuerzos de ayuda humanitarias continúen en Afganistán es necesario proporcionar fondos con urgencia y que el acceso humanitario para actores como Save the Children sea apoyado tanto por la comunidad internacional (incluidos donantes como los EE. UU.), como por las autoridades actuales sobre el terreno.

Debemos garantizar el acceso seguro para brindar servicios que salvan vidas en Afganistán para que nuestros valientes trabajadores y trabajadoras que, incluso en medio del caos, nos dicen que quieren volver a servir a sus comunidades, como médicos, enfermeras y maestros, entre muchas otras cosas.

El pueblo afgano no causó esta crisis. Sin embargo, no podemos ofrecer ayuda en este momento a los más vulnerables y sus vidas penden de un hilo.

Incluso antes de la reciente escalada, casi la mitad de la población, incluidos casi 10 millones de niños y niñas, necesitaba asistencia humanitaria. Nuestro personal ha sido testigo de cómo los niños y las niñas sucumben a la desnutrición, a la devastación causada por la sequía en las comunidades, al impacto en las niñas cuando han sido sometidas a matrimonios forzosos y a la violación de los derechos de los menores cuando se ven obligados a trabajar.

Al mismo tiempo, somos testigos del impacto extraordinario que tiene la educación en los niños y las niñas, la diferencia que puede suponer el apoyo psicológico para la infancia cuando se le brinda un espacio seguro para jugar, y como esas intervenciones refuerzan su conocimiento y su confianza.

Nuestro compromiso con Afganistán no es solo con la infancia, también con las familias que dependen de nuestra ayuda y de otras organizaciones para vivir, dentro o fuera del país. Para aquellas familias que quieran irse, aunque agradecemos las movilizaciones de varios países para abrir rutas seguras de acogida, deben simplificarse y acelerarse urgentemente los procesos para otorgar un visado.

Se tiene que poder escuchar la voz de los niños y las niñas de Afganistán y de sus familias que necesitan apoyo, estén donde estén. Están pasando hambre o queriendo ir a la escuela, o incluso están en el limbo de un sistema de asilo aplastante: se merecen nuestra atención, apoyo y protección.

No podemos abandonar Afganistán. Dejemos claro que esa obligación trasciende fronteras: debemos proteger y proporcionar ayuda a los afganos que aún se encuentran en Afganistán y dar la bienvenida y apoyar a los afganos que han tenido que huir.

Ha llegado el momento de actuar para dar a los niños y las niñas afganos el futuro que se merecen; un futuro donde sus estómagos están llenos, sus mentes y cuerpos sean fuertes y, sobre todo, donde vivan libres de violencia.