Vivir en un país en guerra

13 Febrero 2018

Todas las guerras, justas o injustas, desastrosas o victoriosas, son guerras contra los niños"

Eglantyne Jebb

Niños y niñas que saben cómo es el sonido de una bomba, que han visto un arma de verdad y que posiblemente hayan sido encañonados por una. Niños y niñas que han experimentado el miedo de tener que salir por la noche con lo puesto mientras toda su aldea ardía en llamas, que han sido violados u obligados a ir al frente y matar.

Las guerras son horribles para todos, de eso no hay duda. Pero cuando lo miras desde la perspectiva de un niño es imposible no preguntarse ¿por qué a ellos? Los más vulnerables, los que menos pueden defenderse, los que más sufren las consecuencias de la guerra.

Aunque parezca una situación lejana, la realidad es que 1 de cada 6 niños y niñas viven en zonas en guerra. Zonas en las que sus derechos son vulnerados día tras día.

 

Cada vez son más los afectados por las guerras

La cifra de niños y niñas que viven en zonas afectadas por conflictos es más alta que nunca: por lo menos 357 millones en el mundo. Esta cifra ha aumentado en un 75 por ciento desde principios de la década de los noventa.

Casi la mitad de estos niños y niñas se encuentra en zonas afectadas por conflictos de alta intensidad, donde podrían correr el riesgo de sufrir las seis violaciones graves de los derechos de los niños definidas por la ONU: asesinato y mutilación, reclutamiento y utilización de niños y niñas, violencia sexual, secuestro, ataques a escuelas y hospitales y denegación de asistencia humanitaria.

Los peores lugares para ser niño o niña

Nadie elige vivir en un lugar en guerra, pero los niños y niñas que viven en países como República Democrática del Congo, Yemen, Siria, Uganda, Sudán del Sur, Ucrania o simplemente son Rohingya, pasan miedo día a día pensando quién será la siguiente persona de su entorno en desaparecer.

Los niños y las niñas están sufriendo situaciones que no deberían vivir jamás: desde violencia sexual hasta ser utilizados para perpetrar atentados suicidas. Sus hogares, escuelas y lugares de juego se han convertido en campos de batalla.

Asesinato y mutilación

Estábamos saliendo de casa cuando el misil nos golpeó. Yo me caí al suelo. No podía ver. 

  • Lama* tenía 8 años cuando un misíl aterrizó fuera de su casa en Amran, Yemen. Desde entonces sufre una lesión en la cabeza y los ojos.

    Aunque ha sido operada todavía tiene dificultades para ver.

Reclutamiento

Me dijeron que matarían a nuestra familia y quemarían nuestra casa si no nos uníamos"

  • Yannick* tenía 15 años cuando los militares entraron en su aldea y reclutaron nuevos niños soldado. Él y otros niños fueron obligados a unirse a una especie de ceremonia de "bautismo" donde les dijeron que a partir de ese momento tendrían poderes místicos y que las balas no podrían herirles ni matarlos. Armados con un solo palo les mandaron a luchar. 

    Durante la batalla los soldados abrieron fuego y los niños siguieron pensando que eran invencibles. Cuando dos chicos que estaban frente a Yannick cayeron al recibir disparos, él y el resto de niños que seguían vivos, huyeron al bosque. 

Violencia sexual

  • Zarina* tiene 45 años y dos hijas de 16 y 12 años. Un día estaban en su casa en el estado de Rakhine, al norte de Myanmar, cuando dos hombres armados entraron en su casa, golpearon a Zarina y la echaron de su casa. Luego violaron a sus dos hijas. 

    Todas huyeron a Bangladesh, pero las dos niñas siguen sufriendo la violencia que vivieron y están avergonzadas de lo que ha pasado. Ambas temen que nadie quiera casarse con ellas por lo que han vivido.

Secuestro

Me capturaron cuando tenía 13 años. Ataron a mi madre a un árbol y luego le dispararon"

  • Halima fue secuestrada después de que matasen a todas las personas que estaban con ella. La obligaron a casarse con uno de los secuestradores. 

    Ella quería escapar, pero era imposible, estaba totalmente aislada. A veces llegaba a estar una semana entera sin comida. 

    Cuando estaba embarazada de 8 meses su marido murió en combate. La primera vez que vio a otras personas fue el día que la rescataron. Ahora, pese a estar a salvo, se asusta cada vez que un hombre se acerca a ella.

Ataques a escuelas y hospitales

Lo que vi fue aterrador. Vi a uno de mis amigos morir frente a mí. Vi la sangre.

  • Rasha* tiene ahora 13 años. Ella y su familia huyeron de Siria en 2012 cuando tenía 8 años poco después de que su escuela fuera bombardeada. Ella estaba en la puerta de la escuela cuando sucedió y vio como muchas de sus amigas resultaban heridas e incluso morían.

    Ahora ella y su familia viven en Jordania donde puede asistir a un centro de aprendizaje apoyado por Save the Children en al-Zarqa.

Denegación de la asistencia humanitaria

Con los cortes de corriente no hay luz para estudiar"

  • Tareq* es un estudiante de 14 años de Gaza y ya ha vivido tres conflictos. Desde abril de 2017, el suministro de electricidad y agua se limita a 2-4 horas al día y, a veces, ni eso. La poca agua que hay cuando llega la luz no es potable, ya que el 96 por ciento de las aguas subterráneas no se consideran aptas para consumo humano.

    Desde que su padre se lesionó la rodilla, Tareq es el único que aporta ingresos a la familia. Tiene que trabajar y estudiar a la vez.

 

Protegiendo a la infancia

Los delitos contra la infancia como estos constituyen la forma más siniestra de abuso imaginable, así como una violación flagrante del derecho internacional. En Save the Children estamos trabajando junto a los niños y niñas que viven en zona de conflicto.

No podemos permitir que la historia de Halima, Tareq o Yannick se repitan. Por eso te pedimos que nos ayudes a proteger a la infancia más vulnerable cueste lo que cueste.

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