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Sahel, seis meses después

Vivir, sobrevivir, avanzar en los países del Sahel

El hambre es una realidad cotidiana para las familias de la zona africana de Sahel. El cambio climático gradual y la escalada global del precio de los alimentos está provocando que los más vulnerables estén cada vez más expuestos a crisis agudas.

Para salir adelante las familias se ven obligadas a vender sus animales, agotar sus ahorros, reducir el número de comidas o sacar a sus hijos del colegio porque no se pueden permitir pagar las tasas de matrícula. Todas estas medidas tienen consecuencias a largo plazo en el bienestar de las familias.

La crisis de este año ha sido la tercera en la región desde 2005. Además del impacto directo en las familias, si no se toman medidas a largo plazo para protegerlas, éstas corren el riesgo de perder su capacidad para recuperarse de una crisis antes de que empiece la siguiente.

El informe Sahel, seis meses después resume nuestra respuesta a la emergencia en la región. Hemos establecido programas en Burkina Faso, Mali, Mauritania y Níger. Nuestra presencia en terreno nos ha permitido ampliar rápidamente nuestras intervenciones y proporcionar apoyo integral para las necesidades inmediatas de las familias.

Al mismo tiempo, hemos mejorado la capacidad de las comunidades para resistir ante las sequías y el hambre. Además de dar respuesta a esta crisis, nuestra rápida intervención ha impedido que en muchos casos la situación de las familias vaya a peor.

El elemento destacado de la respuesta a la crisis del Sahel de 2012 fue el ritmo de la intervención y el compromiso para prevenir, no sólo respondiendo cuando la crisis alcanzó su punto más extremo. Aprendimos importantes lecciones de la crisis del Cuerno de África que se había producido el año anterior, cuando un retraso en la respuesta a la falta de alimentos por parte de los gobiernos, los donantes y las ONGs resultó en un desaprovechamiento de fondos y muchas muertes innecesarias entre las personas más vulnerables.

Cuando se conocieron los resultados de las cosechas en Níger (más del 50% de déficits en los cultivos), pasamos de la palabra a la acción e invertimos en evaluaciones tempranas e incidencia sobre los gobiernos y los donantes para dirigir su atención hacia la crisis que se avecinaba y los fondos que se precisaban para activar acciones preventivas.

La historia de Oumou

Oumou, de 2 años, vive con su madre Kadiata en su casa en Sabar II, un pequeño pueblo en Mauritania con casas de barro rectangulares donde las familias viven principalmente de la agricultura y la ganadería. El pelo de Oumou, de color anaranjado, es un claro síntoma de su estado de desnutrición.

En 2012, apoyamos a Kadiata con cheques de comida que podía utilizar en el mercado para comprar alimentos, pero también para adquirir semillas, herramientas y pienso para el ganado, así como otros artículos esenciales para su familia.

La enfermera de Save the Children, Khady Samba, realiza visitas regularmente a la zona para comprobar el estado de salud de los niños y las niñas del pueblo: “La última vez que vine a Sabar II, Oumou era la niña en peor estado de salud de todos los que evalué. Todavía se encuentra en un estado de desnutrición severa pero ya empieza a recuperarse. Le receté algunos medicamentos y vitaminas y le expliqué a su madre, Kadiata, cómo preparar un suplemento alimenticio. Hace dos semanas, Oumou se encontraba débil y cansada, no se quería mover. Ahora en cambio, no para de jugar con sus hermanas.”

Kadiata explica: “Ahora, gracias a la ayuda de Save the Children, podemos comprar arroz, aceite, azúcar y pescado con los cuáles nos podemos alimentar. Pero aparte de la comida, he podido comprar los medicamentos que Khady Samba recetó para Oumou.”