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Ser madre y ser niña en un lugar de Etiopía

Esta entrada ha sido escrita por Natalia Quiroga. 

Paramos en Dessie a nuestra vuelta a Addis Abeba después de la ruta por el norte de Etiopía. Veniamos de Lalibela, lugar mágico e impresionante donde, por fin, conseguí descansar de verdad. Descansada y despierta, en el camino de vuelta no dejé de mirarlo todo.  Como siempre, también las matrículas y los carteles en las carreteras – cada una tiene sus manías.  Me sorprendió ver repetido uno en el que se hablaba de los problemas que conlleva el matrimonio entre las niñas.  Más tarde y ya en Dessie, hablaría de ello con compañeros de Save the Children.

Ellos me hablaron, entre otras cosas, de la historia de Sintayehu, que literalmente significa “cuánto he visto ya” y que se utiliza como expresión entre las nuevas madres al ver a su bebe recién nacido. Precioso nombre. 

Sintayehu, tiene 16 años y dio a luz a su bebé, Biruk, cuando tenía 14 años. Un año antes, a los 13, había conocido a su marido, cuando trabajaba sirviendo comida en un hostal. Sus padres habían muerto y tenía que ganarse la vida. Sólo se dio cuenta de que estaba embarazada en el cuarto mes. El suyo no fue un embarazo fácil. Fue al centro de salud al principio y allí le dijeron que su cuerpo todavía era demasiado pequeño. Sintayehu decidió que daría luz en casa por miedo a que no le atendiesen bien en el centro de salud. Su hermano le ayudó en el parto. En el estudio de caso de Sintayehu, pude leer sus palabras.

No se cuantos años tiene mi marido. Él trabaja como jornalero y yo a veces lavo la ropa de otras personas para sacar algo más de dinero. Cuando veo a otras niñas de mi edad pienso en todas las diferencias entre mi vida y las suyas. Ellas no tienen que preocuparse de cuidar de un bebé y de alimentar a una familia; tienen a sus padres para cuidar de ellas. Quiero que Biruk crezca sano y que vaya a la escuela para que así también, cuando yo sea mayor, tenga medios para cuidar de mi”.

Etiopía es un país joven. El 40% de sus 77 millones de personas tienes menos de 15 años y la mitad de este porcentaje son niñas. En las zonas rurales, las niñas adolescentes se enfrentan a importantes problemas de salud como resultado de un inicio demasiado prematuro en las relaciones sexuales, el matrimonio y la maternidad. La media de edad para casarse se sitúa entre las niñas etíopes en los 16 años, que normalmente se lleva a cabo con hombres más de 10 años mayores que ellas.  La diferencia de edad condiciona en si mismo los límites en la autonomía y control de la menor de su propia vida reproductiva.

Mis compañeros que comentaban que en 2007 llevaron a cabo un estudio para identificar las principales preocupaciones en salud reproductiva de la población adolescente en las zonas rurales de South Wollo. La encuesta mostraba que las enfermedades de transmisión de sexual y los embarazos no deseados eran los problemas más importantes, así como la falta de acceso a los servicios de salud reproductiva.

Me comentaban también que en 2008 implementaron un programa llamado Stepping Stones (que son esas piedras que se colocan para cruzar el río) por el que chicos y chicas (casados y no casados) ofrecen sesiones de formación y apoyo a otros de su misma edad. Allí discuten asuntos clave como salud sexual, comunicación, habilidades de negociación entre las parejas e igualdad de géneros. También se están apoyando unidades de salud sexual y reproductiva para adolescentes, trabajando con el gobierno para ofrecer servicios de planificación familiar y consejo, entre otros. El programa ha ayudado a hacer de la discusión sobre planificación familiar y sexualidad algo menos tabú, permitiendo a las niñas y las mujeres más jóvenes a tener su voz sobre como y cuando desean tener una familia.