La seguridad de un niño o una niña nunca debería estar en juego

Con la infancia no se juega

Cuando un conflicto, una guerra o una emergencia obliga a un niño o una niña a abandonar su hogar, no solo pierde un lugar donde vivir. También puede perder acceso a la educación, a la atención sanitaria, a su red de apoyo y a la protección que necesita para desarrollarse de forma segura.

Los niños y niñas son quienes sufren algunas de las consecuencias más graves de las crisis humanitarias. Además del riesgo físico inmediato, las emergencias afectan a su bienestar emocional, interrumpen su desarrollo y aumentan su exposición a la violencia, la explotación y otras vulneraciones de derechos. 

Una realidad cada vez más grave para la infancia

Los conflictos actuales son cada vez más largos, más complejos y más peligrosos para los niños y las niñas.

  • En 2025, al menos 6.266 niños y niñas murieron en conflictos armados, un 34% más que el año anterior.
  • En 2025, más de 7.000 niños y niñas fueron mutilados en conflictos armados, la cifra más alta registrada hasta la fecha.  
  • Las Naciones Unidas verificaron 24.174 niños y niñas víctimas de violaciones graves de sus derechos en conflictos armados durante 2025, incluido asesinato, mutilación, violencia sexual, reclutamiento forzado o ataques contra escuelas y hospitales.  
  • En 2025 los conflictos provocaron aproximadamente 13 millones de desplazamientos internos de niños y niñas, el equivalente a más de 35.000 desplazamientos infantiles cada día.  
  • Hoy, más niños y niñas que nunca viven las consecuencias de los conflictos armados. Más de 520 millones de niños y niñas, uno de cada cinco en el mundo, crecían en zonas afectadas por conflictos activos en 2024, una cifra que ha aumentado un 60% desde 2010.
  • Los conflictos son también una de las principales causas del hambre. Solo en 2025, alrededor de 63 millones de niños y niñas sufrieron hambre como consecuencia directa de la guerra y la violencia.  

Detrás de cada cifra hay una infancia obligada a interrumpir su educación, abandonar su hogar, separarse de sus seres queridos o crecer rodeada de incertidumbre.

Nuestro trabajo

Cuando una emergencia estalla, actuamos para que los niños y niñas puedan sobrevivir, recuperarse y reconstruir sus vidas.

Respuesta humanitaria inmediata

Llegamos desde las primeras horas para proporcionar agua potable, alimentos, atención sanitaria, refugio temporal y artículos básicos de primera necesidad a niños, niñas y sus familias.

Protección de la infancia

Creamos espacios seguros donde los niños y niñas pueden jugar, aprender y recibir apoyo especializado. En contextos de crisis, estos espacios reducen riesgos de violencia, explotación, abuso o separación familiar.

Atención a la salud física y emocional

Apoyamos la atención médica y la rehabilitación de quienes han resultado heridos. También ofrecemos apoyo psicosocial a niños y niñas que han vivido experiencias traumáticas como bombardeos, desplazamientos forzosos o la pérdida de familiares.  

Educación en emergencias

Trabajamos para que los niños y niñas puedan volver a aprender lo antes posible. Recuperar el acceso a la educación ayuda a restablecer rutinas, generar estabilidad y proteger su desarrollo.

Apoyo a familias y comunidades

Colaboramos con familias y organizaciones locales para fortalecer las redes de protección comunitaria y ayudar a que los niños y niñas puedan seguir creciendo en entornos más seguros.

Innovación en la atención a niños y niñas heridos por la guerra

En Save the Children hemos impulsado el primer centro mundial especializado en lesiones pediátricas de guerra para mejorar la atención y la recuperación de niños y niñas afectados por explosiones y otras armas de guerra.  

Incidencia y defensa de derechos

Trabajamos ante gobiernos, organismos internacionales y actores humanitarios para que la protección de la infancia forme parte de todas las respuestas a conflictos y emergencias, y para denunciar las vulneraciones de derechos que afectan a los niños y niñas.

Lo que está en juego no es solo su presente

Cuando un niño o una niña pierde su hogar, su escuela o su seguridad, las consecuencias pueden acompañarle durante años. Por eso nuestro trabajo no termina cuando termina una emergencia. Seguimos acompañando a la infancia para que pueda recuperar oportunidades, bienestar y perspectivas de futuro.

Porque la infancia es lo primero.

Porque su seguridad nunca debería estar en juego.

Con la infancia no se juega.