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HUIR PARA
SOBREVIVIR

 

 

 

 

Hay viajes que no se eligen, que se inician huyendo y con el único objetivo de sobrevivir. Este es el viaje que millones de personas refugiadas hacen tratando de llegar a Europa. Sus lugares de origen son distintos pero comparten los motivos por los que decidieron huir: la guerra, la violencia, la persecución o la pobreza.

La ruta es larga y muy dura. Luchan cada día por llegar a su destino, por no quedarse en el camino. Un camino en etapas que miles de niños y niñas, solos o con sus familias, recorren con el deseo de alcanzar Europa para poder vivir en un lugar seguro. Esta es la historia de ese viaje, un viaje donde se huye para sobrevivir.

Huir. Cuando huir es de valientes. La historia de Rama

Huir, escapar, marcharse y dejar todo atrás es un acto de valentía para miles de familias como la de Shadia. Huir para sobrevivir, para tener una oportunidad de ver comenzar un nuevo día teniendo a toda tu familia junto a ti.

La guerra, la violencia y la pobreza son las amenazas de las que huyen cada día miles de familias refugiadas. Se van para que sus hijos dejen de escuchar el ruido de las bombas, de presenciar la muerte de sus seres más queridos, para que puedan recibir una educación y con la esperanza de que haya un lugar seguro donde puedan volver a ser niños.

Huyen porque son valientes y porque huir es la única oportunidad para sobrevivir.

Shadia ordeñaba las vacas, como cada mañana, cuando el sonido atronador de 5 bombas rompió el aire. A lo lejos pudo ver cómo el ataque aéreo golpeaba sobre su casa donde dormían dos de sus hijos, Rama y Hamet. Mientras veía cómo su casa ardía, el tiempo pareció detenerse para Shadia.

Vi a lo lejos cómo se derrumbaba la casa y di por sentado que mis hijos habían muerto bajo los escombros. Cuarenta y cinco minutos más tarde vi a mi hijo pequeño aparecer con Rama en sus brazos. Fueron los cuarenta y cinco minutos más largos de mi vida."

 

 

Después del milagro de haber sobrevivido al ataque, Shadia y su esposo decidieron no tentar a la suerte de nuevo. La familia se dividió en dos grupos para minimizar los riesgos de otro ataque y huyeron desde Siria a Líbano esa misma noche. Acordaron que él tomase el camino de la carretera principal mientas Shadia atravesaba con sus otros hijos el bosque.

Decidimos huir inmediatamente. Nos dividimos para que al menos un grupo sobreviviera si había un nuevo ataque. Me despedí de mi marido y mis tres hijos. Cogí a uno de mis gemelos y a una de las niñas, y el resto se fueron con su padre. Cuando nos pusimos en marcha, comenzaron los disparos. Oí balas silbar en mis oídos y las vi pasar rozando muy cerca de mí. Caminamos durante días antes de llegar a lugar seguro aquí.”

Hatem, de cinco años, salió ileso de los escombros aquel día, pero Rama, de tan solo tres, sufrió rotura de tímpano y se mostraba angustiada por el trauma de la experiencia que había vivido. No llegó a recuperarse del todo y tiene dificultades para hablar.

Aunque entiende todo lo que le dices, no puede expresarse con soltura. La ruptura del tímpano le provocó 2 infecciones", explica su madre.

 

Ahora, seguros en el Líbano y registrados como refugiados, la familia está recibiendo el apoyo de Save the Children. Rama está en la guardería aprendiendo a leer y escribir y sus hermanos acuden a la escuela. Shadia y su esposo reciben la ayuda de un programa de medios de vida de Save the Children que les ayuda a tener un ingreso para la familia.

Traté de encontrar un trabajo pero no pude. Mi marido no puede cruzar el puesto de control para llegar a la otra ciudad, así que tuvimos que enviar a nuestro hijo de 13 años a trabajar en un restaurante. Save the Children nos ha ayudado para que pueda ir a la escuela y trabajar menos. También nos ofrecieron un cupón de comida que nos ha ayudado mucho. "

La familia de Shadia ha tenido que huir para sobrevivir. El futuro de Rama, Hamet y sus hermanos es la máxima preocupación para ella y su marido.

Dentro de seis años, quiero que mis hijos gocen de buena salud y vayan a la escuela. Estamos agotados. Esta es una verdadera lucha".

Sobrevivir al mar
La historia de Amena

Miles de refugiados se enfrentan cada día a la difícil decisión entre quedarse o arriesgar su vida en el mar. Pero más difícil aún es tener que decidir sobre la vida de tus hijos. Al otro lado del mar está la esperanza de un futuro, de un lugar seguro para crecer. Al otro lado del mar está la oportunidad de vivir.

Pero antes hay que atravesar el mar y completar una ruta por el Mediterráneo llena de peligros donde pones tu vida y la de tus seres queridos en mano de traficantes sin escrúpulos.

Mirar al horizonte buscando la orilla que pisar para poder decir que sí, que afortunadamente, han sobrevivido.

Fadi intentó quedarse en Siria, pero con la guerra perdió su trabajo y no conseguía otro que le permitiese pagar el tratamiento médico que necesitaba Amena, su hija pequeña. La única opción de un futuro para la familia era marcharse, pero para Amena era además la única oportunidad de sobrevivir. Con un grave asma y una dolencia cardiaca, era urgente poder acceder al tratamiento médico que necesitaba.

Fue una decisión muy difícil, no se lo deseo a nadie. No podía dormir ni de día ni de noche. Si pasa algo en el mar, ¿de quién es la culpa?, ¿me perdonarían mis hijos?”

Fadi contactó en Libia con un grupo de traficantes que organizaban las rutas para cruzar el Mediterráneo. Trató de asegurarse de que el bote en el que cruzasen estuviese en buenas condiciones, preguntó cuánta gente iría a bordo y cuánto tiempo tardarían. Le aseguraron que solo serían 100 personas, que el bote estaba en buenas condiciones y que en 4 o 5 horas estarían todos a salvo en Europa. Les hicieron pagar más con la promesa de que irían menos personas a bordo para que fuese más seguro. Esperaron durante días hasta que los traficantes les avisaron de que saldrían. Les permitieron llevar el tanque de oxígeno que necesitaba Amena, pero nada más. Les robaron los teléfonos móviles que llevaban pero no pudieron hacer nada para evitarlo.

El bote donde subimos estaba lleno, había casi 300 personas y le dije que no era lo que habíamos acordado. Pero no puedes discutir porque van armados. No estaba preocupado por mí, sino por mis hijos."

 

Su hijo mayor Samer, de 5 años, le preguntaba “Papá, ¿dónde vamos?”. Fadi intentaba calmarle diciéndole que iban a hacer un viaje corto por mar. Samer tenía miedo y lloraba. Eran las 5 de la mañana, llovía y había olas grandes golpeando el bote en el que viajaban lleno de gente.

El motor se paró varias veces, hasta que a las 3 de la tarde ya no volvió a funcionar. Después de 10 horas angustiosas en el mar el tanque de oxígeno de Amena se acabó. Un helicóptero sobrevoló el bote entonces y poco después el equipo de salvamento del Vos Hestia, el barco de Save the Children, llegaba para iniciar la operación de rescate.

Cuando vi el barco empecé a llorar. Lloraba de alegría.”

Primero llevaron a bordo a las personas que estaban enfermas. El equipo de salvamento de Save the Children vio el tanque de oxígeno e inmediatamente trasladaron a Amena al Vos Hestia. Enseguida fue atendida por el personal médico que, viendo la gravedad de su estado, decidió que fuese trasladada de urgencia a un hospital en Italia.

 

Se llevaron a mi hija y a mi mujer y yo me quedé en el barco con mi hijo. Separarnos fue una sensación horrible. Navegamos durante dos días más hasta que llegamos a Italia.”

Cuando llegaron a puerto y desembarcaron Fadi se agachó para susurrarle algo al oído a su hijo. Samer se dio la vuelta, salió corriendo hacia uno de los miembros de la tripulación, le estrechó la mano y le dijo “Muchísimas gracias”.El equipo de Save the Children en tierra se encargó de llevar a Fadi y a su hijo al hospital donde Amena permanecía ingresada junto a su madre y reunir por fin a la familia. Allí Amena ha recibido los cuidados y el tratamiento que necesitaba y poco a poco se va recuperando.

 

Aquí está el futuro. Los niños necesitan crecer y aprender. Quieren jugar y sentirse libres. Solo deseo un futuro brillante para ellos”, dice Fadi.

El viaje de esta familia aún no ha terminado, pero gracias al trabajo de búsqueda y rescate que hace la tripulación del Vos Hestia, han sobrevivido al mar y han pisado la otra orilla.

Sobrevivir no tendría que ser la preocupación de un niño. Ningún niño debería tener que poner su vida en peligro en un viaje como este y correr el riesgo de morir ahogado en el mar.

Pero además, llegar a tierra no significa que este viaje haya acabado.

Vivir
En un campo de refugiados, no es vivir
La historia de Khalil

Cuando parece que lo más difícil ya ha pasado, que la violencia de la que huías ha quedado atrás y que has conseguido sobrevivir a un mar que se ha cobrado el último año la vida de miles de personas como tú, llega la siguiente etapa de viaje. Y, aunque pueda parecerlo, no será más fácil que las anteriores. 

El cierre de las fronteras europeas en 2016 ha hecho que miles de familias y niños que viajan solos se hayan visto obligados a vivir en campos de refugiados. Vivir sin una perspectiva clara de hasta cuándo y, en muchas ocasiones, con demasiadas carencias en lo más básico. Vivir es una palabra que se queda grande para describir el día a día de familias como la de Lemar, que dio a luz a su hijo Khalil en un campo de refugiados en Grecia. 
 

Lemar apenas tiene 23 años pero ha visto como su familia iba creciendo a lo largo de un largo y difícil viaje. Huyó con su familia de Afganistán a causa de los enfrentamientos que había entre grupos extremistas en su ciudad.

En el transcurso de ese viaje de huida Lemar dio a luz a Karima, que nació en las montañas entre Irán y Turquía.  Un parto sin ninguna ayuda médica, sin nadie que la atendiese y cuidase de que todo saliera bien. 

Con un bebé recién nacido, la familia prosiguió su viaje hasta Grecia donde llegaron en marzo de 2016, justo cuando las fronteras de Europa se cerraban para miles de refugiados como ellos. Desde entonces permanecen atrapados en Grecia y viven en un campo de refugiados cerca de Atenas.

 

Vivir en uno de estos campos de refugiados no es vivir. Su hogar es hoy un barracón de apenas 25 metros cuadrados que en los meses de verano alcanza los 40 grados en su interior. El espacio de juego para muchos de los niños y niñas que viven en el campo son los espacios que dividen los barracones. Las situaciones de desprotección que se dan para ellos en estos campos de refugiados son preocupantes y existe el riego de ser víctimas de casos de abuso y agresiones. 

El campo está en una zona remota y aunque cuentan con acceso a 3 comidas diarias, si necesitan cualquier artículo extra como pan o leche para sus hijos, deben salir y coger un autobús para llegar a un lugar donde puedan comprar. Las deficiencias de los servicios más básicos también son un riesgo para la salud y el bienestar de los niños. Los campos de refugiados de muchos lugares de Grecia e Italia son lugares diseñados para una estancia temporal, pero para miles de familias como la de Lemar el tiempo se alarga demasiado. No es fácil tampoco enfrentar una rutina en un lugar así cuando no hay una perspectiva en el horizonte de que algo cambie. Esperar con esa incertidumbre va haciendo mella en el ánimo de muchas de estas familias. 

Lemar ha vivido en el campo de refugiados su tercer embarazo y Khalil ha nacido en Grecia. 

El anterior parto fue muy difícil, tuve que dar a luz en las montañas. Pero con Khalil fue mucho más fácil. Fui a un hospital griego donde el doctor venía cada hora para ver si todo iba bien. Revisaron mi corazón y me ayudaron mucho."

 

 

Save the Children está presente en el campo de refugiados donde vive la familia de Lemar. Durante su embarazo asistía periódicamente al Servicio de atención maternoinfantil donde el equipo de Save the Children ha podido hacer un seguimiento de su embarazo y darle el apoyo y la atención que necesitaba para prepararse para el parto.

Me han ayudado mucho. Me enseñaron cómo hacer algunos ejercicios para preparar el parto y los practicaba con ellas.”

Ahora acude de nuevo al Servicio de atención maternoinfantil donde el equipo de Save the Children sigue atendiéndole a ella y a su bebé. Sus hijas mayores disfrutan cada día también en el Espacio Seguro para la Infancia que tenemos en el campo donde pueden jugar y realizar actividades con nuestro personal y otros niños y niñas del campo. 

 

Khalil, Karima y Mahsooma son  parte de los más de 20.000 niños y niñas refugiados y migrantes que están atrapados en Grecia. Niños y niñas que necesitan un hogar de verdad donde vivir, tener acceso a una educación que les permita soñar con un futuro y un lugar seguro donde vivir su infancia hoy. 

Cada día que pasan en el campo de refugiados es un día de infancia que se les está robando. Es necesario que la historia de su viaje no acabe aquí.

 

Acoger.
El final de la historia
lo escribes tú

El Gobierno español se comprometió a acoger a 17.000 refugiados antes del 26 de septiembre de este año. El tiempo se acaba y apenas ha hecho efectiva la acogida para 1.300 personas.

Miles de niños y sus familias permanecen atrapados en campos de refugiados en Europa viviendo en situaciones precarias desde hace meses e incluso, en algunos casos, han superado ya el año. El día a día en estos campos no asegura una vida digna ni los Derechos de la infancia en materia de educación, protección o salud.

Cada día que pasa, es un día más que se le está robando a la infancia de estos niños refugiados. Los niños que viajan solos y aquellos que viven situaciones más difíciles deben ser los primeros en ser acogidos.

Ayúdanos a conseguir que el viaje de miles de niños como Rama, Amena y Khalil tenga el final al que tienen derecho. Firma nuestra petición para exigir al Gobierno que actúe con urgencia para cumplir su compromiso de acogida.

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6 niños pueden comer durante un día en los campamentos pan, leche y latas para aportarles proteínas.

2.400 personas en Siria tendrán acceso a agua potable para garantizar la salud de sus hijos.

2 madres y sus bebés desplazados en campamentos tendrán un kit de higiene básico con pañales y toallitas, cepillo y pasta de diente, así como crema solar para garantizar su salud e higiene.

Tus donaciones tienen beneficios fiscales. Podrás desgravarte hasta un 80% de tu donación.