Sudán: una infancia atrapada entre la guerra,
el hambre y el silencio internacional
Sudán cumple recientemente mil días desde el estallido del conflicto en abril de 2023, un hito trágico que evidencia la magnitud de una de las crisis humanitarias más graves y menos atendidas del mundo. En este tiempo, la violencia ha devastado comunidades enteras, ha provocado desplazamientos masivos y ha arrebatado el futuro a millones de niños y niñas que hoy sobreviven entre el hambre, el miedo y la pérdida constante.
El país enfrenta hoy el mayor desplazamiento interno del planeta. Los datos son tan abrumadores como dolorosos: cada minuto, ocho personas se ven obligadas a huir. En mil días, casi 12 millones de personas —más de cinco millones de ellas niños y niñas— han abandonado sus hogares, una cifra equivalente a la población de Bélgica. Detrás de cada número hay una historia rota: infancias truncadas, familias separadas y comunidades que se desvanecen bajo la presión de la violencia y la inseguridad.
La situación humanitaria es crítica. Más de 30 millones de personas, incluidos 16 millones de niños, necesitan ayuda urgente, y al menos 637.000 enfrentan condiciones cercanas a la hambruna, especialmente en zonas como El Fasher y Kadugli, donde la inseguridad alimentaria es extrema. El colapso del sistema sanitario agrava el panorama: el 70% de los centros de salud no funciona, y los brotes de cólera, sarampión, dengue y malaria se multiplican sin control. La falta de vacunación es especialmente alarmante: según UNICEF, Sudán registra sus tasas más bajas en 40 años, con millones de niños sin acceso a vacunas esenciales que podrían salvarles la vida.
Una crisis educativa sin precedentes
La educación, una de las primeras víctimas silenciosas de la guerra, se encuentra al borde del colapso. Más de 8 millones de niños y niñas llevan aproximadamente 484 días sin entrar en un aula, una interrupción educativa que coloca a Sudán entre las peores crisis escolares del mundo. Cerca de 13 millones están actualmente fuera de la escuela, y 10.400 centros educativos han sido dañados, destruidos o convertidos en refugios para familias desplazadas.
Las consecuencias son devastadoras: millones de menores están en riesgo de llegar a la edad adulta sin terminar la secundaria, lo que limita drásticamente su acceso a estudios superiores y a empleos cualificados. En un país donde el conflicto ya ha roto el tejido social y económico, esta pérdida educativa amenaza con perpetuar el ciclo de pobreza e inestabilidad durante generaciones.
El impacto en la infancia: violencia, miedo y resiliencia
Los niños y niñas de Sudán están soportando niveles inimaginables de violencia. Muchos han sido asesinados en lugares que deberían ser seguros: hogares, escuelas o centros de salud. La violencia sexual también se ha disparado, con más de 1.290 casos documentados y millones más en riesgo. La infancia en Sudán se vive entre el trauma, el desarraigo y la incertidumbre constante.
Aun así, surgen historias de resiliencia. Malik, un niño de 11 años de Red Sea State, vuelve a sonreír tras ver su escuela rehabilitada; Hala lucha por la vida de su hija Salma en un centro nutricional pese al desplazamiento y la pérdida; Rahab, de 23 años, transformó su vida a través de formación profesional después de quedar a cargo de sus cinco hermanos debido al conflicto. Son testimonios que muestran que, incluso en los contextos más adversos, la esperanza persiste cuando las comunidades reciben apoyo.
La labor humanitaria: resiliencia en medio del caos
Pese a la violencia, las restricciones de acceso y la falta de financiación —el plan humanitario de 2025 está apenas 36% cubierto— organizaciones como Save the Children continúan proporcionando apoyo vital: atención primaria, nutrición, agua y saneamiento, educación y protección infantil.
Programas como el Consorcio de Inmunización de GAVI han permitido vacunar a cientos de miles de niños en zonas remotas y de difícil acceso. Solo en 2025, más de 650.000 bebés recibieron su primera dosis de la vacuna pentavalente y más de 160.000 niños previamente no vacunados fueron alcanzados mediante campañas intensivas.
La organización también impulsa iniciativas de participación infantil, como la intervención de Minah, una adolescente sudanesa que trasladó al Gobierno del Reino Unido un mensaje claro: los niños merecen seguridad, educación y esperanza. Sus palabras resumen la urgencia de actuar: “¿Qué pueden hacer sus instituciones ahora para proteger y educar a los niños sudaneses?”.
Mirar hacia adelante: proteger la infancia para salvar el futuro
A medida que Sudán se adentra en un nuevo año de conflicto, la comunidad internacional debe redoblar esfuerzos para garantizar acceso humanitario, proteger a los civiles y sostener servicios esenciales que están colapsando. La vida de millones de niños depende de ello.
Dejar de mirar hacia otro lado ya no es una opción: la infancia de Sudán está desapareciendo ante nuestros ojos, pero aún es posible evitar que una generación completa se pierda para siempre.