Nabi y Rashid cerca de una nueva fuente de agua - Save the Children en Afganistán

El agua que trajo
 de vuelta la esperanza

la historia de Rashid y Nabi en Afganistán

Durante años, el sonido del agua desapareció en la aldea de Rashid y Nabi. Donde antes había campos verdes y pozos rebosantes de vida, solo quedaba el silencio del desierto. En esta remota zona de la provincia de Kandahar, en Afganistán, la sequía lo cambió todo: los cultivos dejaron de crecer, los animales murieron y las familias, una tras otra, se vieron obligadas a marcharse.

Entre ellas, la de estos dos hermanos: Rashid, de 9 años, y Nabi, de 12, que abandonaron su hogar junto a sus padres y hermanos cuando el canal que abastecía a la comunidad se secó por completo. “La sequía es un asesino silencioso. Destruye todo, incluidas nuestras vidas”, decía Wasiq, su padre, recordando los años de lucha por sobrevivir lejos de casa.

Ocho años después, el sonido del agua ha vuelto a su pueblo.

El regreso a casa

Gracias a la instalación de un nuevo sistema de subministro de agua que funciona con energía solar, construido por Save the Children, la familia de Rashid y Nabi ha podido regresar a su casa. El sistema bombea diariamente 25.000 litros de agua limpia desde pozos profundos, abasteciendo a toda la comunidad.

Para ellos, no se trata solo de agua: es el comienzo de una nueva vida. “Ver el depósito de agua me llenó de alegría. Ahora tenemos agua en la comunidad”, cuenta Rashid, con una sonrisa. A su corta edad, sueña con tener una bicicleta y poder moverse libremente por su pueblo sin tener que dedicar horas cada día a buscar agua, como hacía antes.

Su hermano Nabi, algo mayor, tiene otro sueño: “Quiero ser maestro y construir una escuela en nuestro pueblo. Aquí no hay colegios y los niños necesitamos estudiar”. Desde que regresaron, asiste a una madrasa y dedica su tiempo libre a enseñar a otros niños lo que aprende. “Animo a mis amigos a leer sus libros y no dejar los estudios”, dice con orgullo.

Rashid y Nadi sonriendo cerca de una fuente - Afganistán

Los dos hermanos Rashid y Nabi sonriendo cerca de una fuente.

El impacto del cambio climático en Afganistán

El caso de Rashid y Nabi no es aislado. En 2024, más de 38.000 personas, alrededor de la mitad, niños y niñas, se desplazaron en Afganistán a causa de fenómenos meteorológicos extremos, principalmente por la sequía. En algunas aldeas de Kandahar, la mitad de las familias abandonaron sus casas tras secarse casi todas las fuentes de agua.

Ahora, con la instalación del sistema de agua solar, muchas de esas familias están volviendo. Y con ellas, también regresan la esperanza y los sueños de un futuro mejor.

Agua, salud y oportunidades

Además del sistema de agua, Save the Children ha construido una clínica en la zona, donde las familias pueden acceder a servicios básicos de salud y vacunas. Para comunidades que habían quedado completamente aisladas, disponer de agua y atención médica supone un cambio radical.

“Ahora tenemos agua limpia y pura, y nuestra vida ha mejorado mucho”, dice junto a su padre, Wasiq. “Gracias a Save the Children, ya no tenemos que mudarnos constantemente en busca de agua. Nuestro sufrimiento ha terminado”.

Hoy, Rashid vuelve a jugar con sus amigos y Nabi puede pensar en su futuro. En su aldea, la vida vuelve a florecer, impulsada por el sol y la solidaridad de las personas que, desde lejos, siguen creyendo que el cambio es posible.

Porque, a veces, la esperanza llega gota a gota.