- A principios de 2025, las previsiones estimaban que 3,4 millones de personas se enfrentaban a una inseguridad alimentaria de nivel de crisis. Un año después, esta cifra casi se ha duplicado, con una previsión de 6,5 millones de personas.
- La crisis que vive el país es el resultado de una combinación desastrosa de un conflicto prolongado y crisis climáticas cada vez más frecuentes, empeorada por la decisión de recortar la ayuda hasta niveles mínimos históricos.
- Save the Children publica un nuevo informe en el que revela cómo el colapso de la financiación de la ayuda internacional podría conducir pronto a consecuencias catastróficas para la infancia.
MOGADISHU, 28 de abril de 2026 – Las familias de Somalia se enfrentan a una nueva catástrofe, con un aumento vertiginoso del hambre y las necesidades humanitarias, una sequía cada vez más grave y unos niveles de ayuda en mínimos históricos, según un nuevo informe publicado hoy por Save the Children.
En el nuevo informe, titulado Cuando desaparece la ayuda, la infancia también desaparece, Save the Children revela cómo el colapso de la financiación de la ayuda internacional a Somalia en 2025 podría conducir pronto a consecuencias catastróficas para los niños y las niñas, algo que no se veía desde la hambruna de 2011, que causó la muerte de más de 257.000 personas.
A principios de 2025, las previsiones estimaban que 3,4 millones de personas se enfrentaban a una inseguridad alimentaria de nivel de crisis. Un año después, esta cifra casi se ha duplicado, con una previsión de 6,5 millones de personas —un aumento directamente relacionado con los recortes masivos en la financiación internacional, así como con las escasas lluvias previstas para octubre-diciembre de 2025—.
Por otra parte, en 2024, el Plan de Respuesta Humanitaria de Somalia contaba con una financiación del 57,7%, lo que, aunque seguía estando por debajo de las necesidades totales, era suficiente para mantener los programas esenciales. En 2025, la cobertura se redujo hasta apenas el 28,8 %. Ahora, en abril de 2026, solo se ha financiado alrededor del 15 % del plan de respuesta, el nivel más bajo registrado en esta época del año.
Como resultado, los servicios de alimentación y nutrición se han reducido drásticamente —incluido el cierre de más de 300 centros de nutrición en todo el país, que son fundamentales para tratar el hambre y la desnutrición infantil— y los programas de prevención se han recortado de forma significativa.
Sin financiación inmediata, cerrarán más centros de tratamiento, se interrumpirán las cadenas de suministro y se rechazará a los niños y niñas que necesitan atención. Al mismo tiempo, el conflicto en Oriente Medio amenaza con ejercer una mayor presión sobre las cadenas de suministro mundiales, lo que aumenta la probabilidad de retrasos y escasez.
El informe revela también que, aunque los niños y niñas de Somalia han crecido bajo la sombra de crisis recurrentes —como la hambruna de 2011, las sequías recurrentes, los conflictos y los brotes de enfermedades—, las familias han demostrado una resiliencia extraordinaria. Esto incluye compartir recursos, improvisar para satisfacer las necesidades básicas y apoyarse mutuamente incluso cuando la ayuda oficial se ha retrasado, ha sido insuficiente o ha brillado por su ausencia. El informe confirma que, aunque las familias somalíes resisten con una fortaleza notable, el apoyo externo sostenido es esencial para prevenir un sufrimiento evitable y proteger a la próxima generación.
El director de Save the Children en Somalia, Mohamud Mohamed Hassan, afirma: “Lo que estamos viendo no es un deterioro lento, sino una crisis evitable que se está desarrollando en este mismo momento. En Somalia, la crisis es el resultado de una combinación desastrosa de un conflicto prolongado y crisis climáticas cada vez más frecuentes, agravada por la decisión de recortar la ayuda hasta niveles mínimos históricos en 2025. Esa decisión no era inevitable; tuvo consecuencias predecibles y mortales.
Quince años de experiencia en Somalia demuestran lo que ocurre cuando cambia la financiación: cuando se aumenta la ayuda, se salvan vidas; cuando desaparece, también lo hace la infancia”.
Hassan añade: “Basándose en las lecciones aprendidas durante los últimos 15 años, este informe advierte de que los actuales recortes presupuestarios amenazan con revertir los avances logrados con tanto esfuerzo, entre ellos los avances en materia de vacunación y la reducción de la mortalidad infantil.
Sin una financiación adicional inmediata, cerrarán más centros de tratamiento, se interrumpirán las cadenas de suministro y se rechazará a niños y niñas que podrían haberse salvado. La financiación debe restablecerse ahora mismo, para proteger a la infancia, evitar que la crisis se agrave y defender el principio de ‘nunca más’”.
Fazia, de 15 años, asiste a una escuela apoyada por Save the Children en Baidoa. Se ha beneficiado de la ayuda humanitaria, pero le preocupa el futuro: “Antes, la educación no era algo en lo que pensara. Mi vida ha cambiado mucho. Antes me sentía inculta y desinformada, pero ahora tengo acceso a la educación gratuita”. Faiza explica: “Ahora el agua escasea y la sequía es extrema. El ganado está muriendo por falta de agua. Los alimentos también escasean y la sequía nos ha afectado profundamente. Llevamos tres años luchando contra el hambre”.
Sobre Save the Children
Save the Children hace un llamamiento a la comunidad internacional para que aumente urgentemente la financiación humanitaria con el fin de satisfacer las necesidades de más de 6,5 millones de personas que requieren asistencia, dé prioridad al apoyo a los programas de nutrición y salud para prevenir la mortalidad infantil, invierta en educación para dotar a los niños de las habilidades que necesitan ahora y en el futuro, invierta en programas de resiliencia a largo plazo y garantice que la ayuda llegue a las poblaciones más afectadas.
Save the Children lleva trabajando en Somalia desde 1951, prestando servicios vitales de salud, nutrición, educación y protección.