
Por Pilar Kaltzada - Presidenta del Patronato de Save the Children
Sigamos haciendo lo normal
Hay veces en las que la principal responsabilidad consiste en llamar a las cosas por su nombre.
No es normal que se bombardeen las escuelas.
No es normal que una niña huya para salvar la vida.
No es normal que un niño muera de hambre.
No es normal que la pobreza marque el destino de millones de niños y niñas.
No es normal. Y, sin embargo, durante este año hemos convivido cada día con estas realidades y con otras que, no hace tanto tiempo, parecían inimaginables.
Muchas personas compartimos esa misma sensación: vivimos tiempos extraños. Se acumulan los conflictos, las crisis humanitarias, los desastres climáticos y las incertidumbres. Lo que debería conmovernos se convierte en una noticia más y lo excepcional amenaza con convertirse en costumbre.
Si es inaceptable, no podemos terminar pensando que es inevitable. Ese es el riesgo principal, porque los seres humanos tenemos una enorme capacidad para adaptarnos, y también para acostumbrarnos.
2025 ha sido el peor año de la historia para los niños y niñas afectados por conflictos armados. Más guerras, más ataques contra escuelas y hospitales, más niños y niñas asesinados, mutilados, desplazados o víctimas de violencia sexual. Más desprotección y, a la vez, más impunidad.
Hablemos claro: nunca habíamos visto algo así. Y precisamente por eso nunca había sido tan urgente recordar algo que debería resultar evidente: la infancia no es un daño colateral.
En un mundo cada vez más inhóspito para la infancia, nuestra tarea es sencilla de explicar y difícil de llevar a cabo: ofrecer la posibilidad de vivir una infancia en la que se pueda aprender sin miedo, jugar sin peligro, crecer con oportunidades y mirar al futuro con esperanza.
Ese año ha sido especialmente difícil. Los recortes en la ayuda humanitaria internacional llegan precisamente cuando es más necesaria que nunca y también esto debería preocuparnos. Por eso hemos seguido reclamando el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario y denunciando todas las vulneraciones de derechos que afectan a la infancia.
Porque no podemos aceptar que la vida de un niño o una niña valga más o menos en función de la geografía, la política o la atención mediática del momento.
Durante este año hemos respondido a 113 emergencias humanitarias en más de 60 países, llegando a 13,6 millones de niños y niñas. Hemos estado presentes en algunos de los contextos más difíciles del mundo, como Gaza, Sudán o Ucrania, acompañando a quienes lo habían perdido casi todo, incluso la esperanza, y ayudando a reconstruir espacios de protección, educación y cuidado. En 107 países hemos trabajado con las comunidades locales para que millones de niños y niñas puedan acceder a la educación, crecer protegidos frente a la violencia, recibir atención sanitaria y contar con oportunidades para romper el círculo de la pobreza.
Aquí, en España, hemos acompañado a más de 15.000 niños y niñas y a sus familias. Hemos trabajado para combatir la pobreza infantil, impulsado propuestas para garantizar los derechos de la infancia migrante y defendido políticas públicas capaces de ofrecer oportunidades allí donde hoy persisten las desigualdades.
También allí donde emergen nuevos riesgos. Hemos defendido que los derechos de la infancia no terminan cuando se conectan a internet. Hemos puesto luz sobre una realidad demasiado tiempo oculta: los abusos sexuales y las distintas formas de explotación que afectan a menores de edad en el entorno digital, una violencia que impacta especialmente sobre niñas y adolescentes. No podemos aceptar que la tecnología más avanzada de nuestra historia conviva con una desprotección tan flagrante de la infancia.
Las páginas que siguen recogen proyectos, indicadores y resultados. Son importantes porque nos permiten rendir cuentas y evaluar nuestro trabajo. Pero detrás de cada cifra hay algo mucho más valioso: vidas más dignas y miles de historias de infancia recuperando aquello que nunca debió perder, la posibilidad de una vida normal.
No lo hemos hecho en solitario. Entre los avances de este año destacan la puesta en marcha de IMPACT, nuestro laboratorio de innovación social, y la creación del Consejo Asesor de Infancia, un grupo de niños, niñas y adolescentes que nos ayuda a ser mejores incorporando su voz y su criterio a las decisiones de la organización.
Nada de esto sería posible sin todos vosotros y vosotras: personas socias, donantes, voluntarias, empresas, fundaciones, administraciones públicas y profesionales que compartís una misma convicción. Por eso solo puedo decir, una vez más, gracias.
En Save the Children trabajamos cada día para lograr algo extraordinario: que todos los niños y niñas puedan disfrutar de algo completamente normal. Y hasta que lo sea para todos y todas, seguiremos trabajando para conseguirlo.
Gracias por ayudarnos a recordar que hay cosas que no son normales, y por defender las que deberían ser la norma.