Terremoto Venezuela.
"Los niños y niñas preguntan por sus padres, pero sus padres no están"
Valentina trabaja con Save the Children en Venezuela. Se encontraba en Caracas la noche del miércoles 24 de junio cuando dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron el país.
CARACAS, 27 de junio de 2026 – El pasado fin de semana estaba celebrando el Día del Padre con mi padre, quien me crió y ha sido un gran apoyo durante mis 30 años de vida. Una semana después, soy yo quien lo apoya tras haberlo perdido todo cuando su casa se derrumbó en los terremotos del miércoles. Aun así, nunca me he sentido tan orgullosa de ser su hija.
Mi padre estaba haciendo reparaciones en su apartamento en el octavo piso, en el estado de La Guaira, cuando el edificio empezó a moverse violentamente y a derrumbarse. Intentó mantenerse en pie, pero se aterrorizó al ver, a través de la ventana, cómo el edificio de enfrente se venía abajo. Sabía que tenía que salir, pero cuando llegó a la puerta, estaba atascada. Intentó abrirla con lo que encontró y un vecino trató de ayudarle desde fuera, pero mi padre le gritó que se salvara. Siempre ha sido así de generoso. Finalmente, logró derribar la puerta con un martillo y ayudó a otros vecinos en la misma situación.
Cuando consiguió salir, vio a vecinos en el suelo con fracturas tras haber saltado por las ventanas. Una mujer, que se alojaba en un hotel cercano, cayó al desplomarse una de las paredes del edificio. Mi padre, que fue bombero en su juventud, intentó ayudarla, pero tenía el cráneo fracturado. Fue devastador verla morir frente a él.
El edificio en el que vivía ha quedado totalmente destruido. Las paredes están completamente destrozadas. Tuvo suerte de sobrevivir y también de poder regresar, horas después, por un pequeño hueco en una pared para recuperar su medicación y su pasaporte. También fue una suerte de que su coche estuviera casi intacto, lo que le permitió pasar la noche en él y luego conducir hasta mi casa en Caracas. Llegó con cortes, moratones y sarpullidos por todo el cuerpo; su ropa estaba rota y cubierta de polvo, y sus zapatos destrozados, pero estaba vivo.
Eso es lo que no dejamos de repetirnos: lo afortunados que somos, a pesar de haberlo perdido todo. El número de fallecidos supera ya las 900 personas, aunque, con muchas personas aún atrapadas entre los escombros, se teme que la cifra real sea mucho mayor. Al menos 3.360 personas han resultado heridas en un país cuyo sistema sanitario ya estaba debilitado por años de crisis humanitaria.
En estos primeros días, lo más importante es la búsqueda y el rescate. Cada hora puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, especialmente para los niños y niñas. Circulan vídeos de menores preguntando por sus padres, pero sus padres no están: han muerto. También hay padres buscando a sus hijos e hijas, temiendo que estén enterrados bajo los escombros. Pensar en la cifra real de víctimas resulta insoportable.
Impacto y nuestra respuesta
Las consecuencias a largo plazo también serán enormes. Cientos de edificios están dañados y muchas familias, incluidos niños y niñas, duermen en la calle. El suministro de agua potable y electricidad está gravemente afectado, y las escuelas de todo el país permanecen cerradas.
En Save the Children sabemos lo que hacemos. Trabajamos con socios locales en Venezuela desde 2018 y contamos con una oficina propia desde 2019, lo que nos convierte en una de las pocas organizaciones internacionales con capacidad y experiencia para operar en el país. Nos centraremos en las necesidades más urgentes: apoyo sanitario, refugio, alimentos, protección infantil y suministros básicos.
Nuestro objetivo es llegar a 200.000 personas, incluidos 100.000 niños y niñas, con ayuda esencial. La rapidez de esta respuesta será clave para proteger su bienestar en los próximos días.
Hemos destinado 1,5 millones de dólares de nuestro Fondo de Emergencias para la Infancia para iniciar la respuesta, y con más financiación podremos hacer aún más para proteger a los niños y niñas afectados por emergencias como este terremoto.
Pensar en mi padre, haciendo todo lo posible por ayudar a los demás, me impulsa a hacer lo mismo por los niños y niñas de Venezuela. Pido apoyo para que podamos ayudarnos mutuamente. Este es el momento en que la comunidad internacional debe estar al lado de la infancia de Venezuela.