Las familias desplazadas por los terremotos en Venezuela se enfrentan a un mayor riesgo de infecciones por la falta de agua potable y saneamiento

Venezuela espacio amigable
Los niños y niñas que se han visto desplazados por los terremotos que azotaron Venezuela el 24 de junio de 2026 juegan en un «Espacio Adaptado a los Niños» creado por Save the Children y su organización colaboradora. Créditos: Save the Children.

CARACAS, 7 de julio de 2026. – Cientos de personas desplazadas por los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela comparten un número muy limitado de baños en campamentos improvisados. Otras se ven obligadas a regresar a viviendas dañadas para poder utilizar un aseo, a pesar del riesgo de que los edificios colapsen, advierte Save the Children. 

Miles de personas llevan ya doce días viviendo en tiendas de campaña sin acceso regular a agua potable, agua corriente ni instalaciones de saneamiento, una situación que aumenta el riesgo de infecciones cutáneas, diarreas y enfermedades gastrointestinales, especialmente entre los niños y las niñas. Además, las mujeres y las adolescentes se ven obligadas a gestionar su menstruación sin privacidad, agua limpia ni productos de higiene menstrual. 

En algunos de estos asentamientos improvisados solo hay uno o dos baños que ya existían antes de la emergencia, algunos de ellos dañados por el terremoto, para cientos de personas desplazadas. Ante esta situación, muchas personas hacen sus necesidades al aire libre, incluso en zonas donde juegan niños y niñas. 

Las tormentas que continúan registrándose y las elevadas temperaturas durante el día pueden agravar aún más el riesgo de propagación de enfermedades

Gabriela*, de 31 años, es médica y trabaja con Paluz, organización socia local de Save the Children que presta atención sanitaria a través de clínicas móviles para las personas afectadas por el terremoto: "Las personas están haciendo sus necesidades al aire libre, ya sea entre la vegetación, detrás de los escombros o incluso en el mar. Eso significa que el agua en la que después se bañan está contaminada y puede provocar enfermedades de la piel e irritaciones oculares". 

Isabel*, de 44 años y residente en Caracas, tuvo que abandonar su vivienda junto a su marido y sus tres hijos. Ahora viven en una tienda de campaña frente al edificio donde residían. Su hijo mayor, David*, de 9 años, padecía ya una enfermedad renal que empeoró tras el desplazamiento debido a la falta de baños y las deficientes condiciones de saneamiento del campamento. El niño recibió tratamiento en una de las clínicas móviles gestionadas por Paluz con el apoyo de Save the Children. 

"Normalmente tienes que esperar a que otra persona vaya al baño para poder ir tú también", cuenta Isabel. "Lo que más necesitamos ahora son baños portátiles, porque la falta de aseos es uno de los principales problemas", explica. 

Los campamentos improvisados tampoco cuentan con un suministro regular de agua potable, por lo que las familias dependen del agua embotellada que compran o reciben mediante donaciones, racionándola por miedo a que se agote. "Ahora mismo la gente está recibiendo agua embotellada gracias a las donaciones. Pero cuando esa agua se termine, recurrirán a cualquier otra fuente disponible y no sabemos si esa agua estará filtrada, clorada o hervida", añade Gabriela. 

En La Guaira, la zona más afectada por el terremoto, algunas familias están recogiendo agua sin tratar de los ríos para beber, cocinar y asearse, lo que incrementa el riesgo de sufrir infecciones gastrointestinales. 

La directora de Save the Children en Venezuela, Fatima Andraca, advierte: "Cada día que pasa desde los terremotos en Venezuela aumenta el impacto que esta catástrofe está teniendo sobre la infancia. Miles de niños y niñas siguen viviendo a la intemperie, sin acceso regular a agua potable, baños o duchas, lo que los expone a graves riesgos para su salud”.  

Las mujeres y las niñas están afrontando además su menstruación sin privacidad, agua limpia ni productos de higiene, una situación especialmente difícil y estresante. “Las personas afectadas necesitan con urgencia acceso a agua potable segura, letrinas y atención sanitaria móvil para poder recibir tratamiento cuando enferman", señala Andraca. 

Más de 3.340 personas han muerto tras los dos terremotos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el país el 24 de junio. Según Naciones Unidas, alrededor de 680.000 niños y niñas se han visto afectados. Los terremotos también han dañado las infraestructuras de gestión de residuos y las redes de abastecimiento de agua. 

Save the Children trabaja sobre el terreno en Venezuela en coordinación con las autoridades y organizaciones locales. La organización está distribuyendo kits de higiene y otros artículos esenciales, presta atención sanitaria primaria a través de clínicas móviles y habilita espacios seguros donde niños y niñas pueden recibir apoyo en salud mental. Además, proporcionará acceso a agua potable y reforzará los servicios de protección infantil junto con otros actores humanitarios. Es una organización independiente e imparcial de defensa de los derechos de la infancia, centrada en responder a las necesidades humanitarias más urgentes de los niños, las niñas y sus familias en Venezuela. 

La organización trabaja en Venezuela desde 2018. Desde el agravamiento de la crisis humanitaria en los últimos años, ha ampliado su respuesta a través de organizaciones socias locales para atender al creciente número de niños y niñas que necesitan ayuda. Actualmente desarrolla programas de salud, nutrición, educación, protección infantil, alojamiento, agua, saneamiento e higiene, así como de seguridad alimentaria y medios de vida. 

*Los nombres han sido modificados para proteger la identidad de las personas entrevistadas. 

Sobre Save the Children 

En Save the Children creemos que todos los niños y niñas merecen un futuro.  

En España y en todo el mundo, hacemos lo que sea necesario —cada día y en periodos de crisis— para que los niños y niñas puedan ejercer su derecho a un inicio saludable en la vida, a la oportunidad de aprender y a la protección frente al peligro. Con más de 100 años de experiencia, somos la organización independiente de infancia líder en todo el mundo, transformando vidas y el futuro que compartimos.