Infancia en Venezuela.
El miedo después del terremoto
Los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio dejaron una huella profunda en miles de familias. Más allá de los daños visibles en casas, calles y escuelas, hay un impacto silencioso que avanza con fuerza: el miedo, la angustia y la incertidumbre que viven los niños y niñas. Desde Save the Children, junto con nuestros socios locales, estamos viendo cómo la emergencia continúa dentro de cada hogar, en cada rutina alterada y en cada noche sin descanso.
Daisy y su miedo que se convierte en silencio
Daisy, de 2 años, estaba en casa con sus padres cuando el terremoto golpeó Caracas. La estructura quedó dañada y la familia tuvo que desplazarse temporalmente. Hoy han vuelto a la vivienda, pero duermen en el suelo, bajo un techo que podría ceder con las lluvias. La inseguridad física se ha convertido también en inseguridad emocional.
Desde el terremoto, Daisy ha dejado de comer. Ha perdido peso, rechaza alimentos que antes disfrutaba y solo acepta unos pocos bocados cuando tiene mucha hambre. Su madre, Yusmary, explica que la niña llora y grita cuando ve grietas en el suelo o en las paredes, señalando el daño como si reviviera el momento del temblor. Le cuesta dormir, incluso con una rutina calmada.
Daisy sufre anemia, asma y estreñimiento, pero ahora también muestra signos claros de estrés agudo. Por eso, su madre la llevó a una de nuestras clínicas móviles. Allí recibió atención médica, seguimiento y orientación para recuperar su apetito y bienestar. Sin embargo, Yusmary sabe que su hija necesita también apoyo psicológico especializado, porque el miedo ha cambiado su forma de relacionarse con el mundo.
Jose vive en una tienda y teme que todo vuelva a ocurrir
Jose, un niño de 11 años, estaba jugando al béisbol cuando la tierra comenzó a temblar. Lo que debía ser una tarde normal se convirtió en diez minutos de terror. Temió por la vida de su abuelo, vio a su abuela desorientada y, aunque la familia salió ilesa, el impacto emocional fue enorme.
Desde entonces, Jose vive en una tienda de campaña. Durante días durmieron sobre colchones en la calle, hasta que recibieron una tienda donada. Él no quiere volver a entrar en su casa. Las grietas en los edificios le recuerdan el terremoto y le generan ansiedad. A veces no puede dormir y teme que vuelva a ocurrir, aunque intenta convencerse de que no será así.
Lo que le ayuda es jugar al béisbol y acudir al Espacio Amigable para la Infancia que desde Save the Children hemos habilitado en la zona. Allí puede distraerse, compartir con otros niños y niñas y hablar de lo que siente. También recibe apoyo emocional y actividades que fortalecen su resiliencia. Jose sueña con volver a la escuela y convertirse en jugador profesional. Para que ese sueño siga vivo, necesita sentirse seguro otra vez.
La protección emocional es una prioridad urgente
Nuestros equipos en terreno están viendo cómo muchos niños se sobresaltan con cualquier ruido, tienen dificultades para dormir o muestran irritabilidad y agresividad. Algunos, incluso con solo siete u ocho años, expresan miedo por el futuro y preocupación por cómo reconstruirán sus vidas.
Por eso, además de distribuir kits de higiene, agua y refugio, estamos habilitando espacios seguros, ofreciendo apoyo psicosocial, atendiendo en clínicas móviles y derivando a los niños con necesidades más complejas a servicios especializados.
Como recuerda Fátima Andraca, nuestra directora en Venezuela, la mayoría de los niños pueden recuperarse si reciben apoyo temprano. Por eso estamos allí, trabajando con otras organizaciones locales y autoridades, para que cada niño y niña pueda volver a sentirse protegido, acompañado y capaz de mirar hacia adelante.