KINSHASA, 21 de agosto de 2026 – Al menos 180 niños y niñas han perdido a ambos progenitores o a sus principales cuidadores en el brote de ébola de la República Democrática del Congo (RDC), lo que equivale a casi dos niños y niñas cada día, desde que se declaró el brote del virus mortal hace 100 días, ha señalado Save the Children.
Miles de niños y niñas más han perdido a uno de sus progenitores o cuidadores, lo que les expone a un mayor riesgo de sufrir abusos, explotación, trata y graves consecuencias psicológicas, mientras las familias y unos servicios sociales ya frágiles luchan por hacer frente a la situación [1].
En lo que se ha convertido en el brote más mortífero de la historia de la RDC, los niños y niñas están sufriendo algunas de las consecuencias más devastadoras y duraderas, incluida la pérdida de progenitores y cuidadores y un mayor riesgo de abusos, explotación y afectaciones psicológicas.
Los últimos datos de la División Provincial de Asuntos Sociales de Ituri, epicentro del brote, muestran que 180 niños y niñas –90 niños y 90 niñas– han perdido a ambos progenitores a causa del virus, declarado el 15 de mayo. La mayoría están siendo cuidados actualmente por familiares o en centros de atención infantil gestionados por el Estado, mientras se buscan soluciones de cuidado familiar a más largo plazo.
Otros 114 niños y niñas, incluidos 61 niños y 53 niñas, están actualmente separados de sus progenitores y reciben apoyo de organizaciones humanitarias y familiares, mientras sus progenitores reciben tratamiento contra el ébola.
Los niños y niñas que han quedado huérfanos, separados de sus familias o sin acompañamiento a causa del ébola se enfrentan a un mayor riesgo de trata de personas, explotación sexual, violencia física, reclutamiento forzoso por parte de grupos armados y graves consecuencias emocionales. En las comunidades afectadas por el virus, los niños y niñas también pueden sufrir estigma y aislamiento, mientras unos sistemas de protección sobrecargados dejan a muchos sin los cuidados y el apoyo que necesitan con urgencia.
Según los últimos datos del Ministerio de Salud, hasta la fecha se han notificado más de 4.945 casos de ébola y 2.325 muertes. Al menos 800 niños y niñas han contraído la enfermedad, de los cuales más de 357 han fallecido, lo que representa más del 32% del total de muertes confirmadas (1.124) a fecha de 5 de agosto –los últimos datos desglosados por edad disponibles del Ministerio de Salud–. La cifra real probablemente sea mayor, ha señalado Save the Children.
El brote se ha expandido rápidamente durante los últimos 100 días. Según los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (África CDC), se han registrado alrededor de nueve veces más casos confirmados y seis veces más muertes que las notificadas durante el mismo periodo de la epidemia de ébola de África Occidental de 2014-2016, el brote de ébola más mortífero registrado hasta la fecha.
Con el brote todavía en expansión –ahora afecta a seis provincias, frente a solo dos inicialmente–, África CDC estima que solo se ha identificado aproximadamente al 10% de los contactos potencialmente expuestos, mientras que alrededor de cuatro de cada cinco nuevas infecciones se están detectando fuera de cadenas de transmisión conocidas, lo que pone de relieve la magnitud de la propagación no detectada.
Tres de cada cuatro muertes se producen en la comunidad y no en centros sanitarios, lo que sugiere que las personas no están accediendo al tratamiento a tiempo. Una investigación publicada por Science también apunta a que el ébola podría haberse estado propagando en los alrededores de Mongbwalu, en la provincia de Ituri, ya en enero, al menos cuatro meses antes de que el brote fuera declarado oficialmente.
Save the Children está trabajando con el Gobierno y organizaciones socias en la provincia de Ituri para establecer espacios seguros –denominados Centros de Atención y Observación– para los niños y niñas cuyos progenitores o cuidadores están recibiendo tratamiento contra el ébola y no cuentan con alternativas de cuidado dentro de su familia. Estos espacios acogerán a los niños y niñas a tiempo completo mientras sus progenitores reciben atención en el Centro de Tratamiento del Ébola ubicado en el mismo recinto. Durante un periodo de vigilancia de 21 días, los niños y niñas dormirán, comerán, vivirán y recibirán apoyo psicológico en un entorno seguro.
Emmanuel Kalinde, responsable de Protección Infantil en Ituri, señaló que “detrás de cada estadística hay un niño o una niña cuyo mundo ha cambiado por completo. Muchos de estos niños y niñas están llorando la pérdida de sus progenitores, abuelos, hermanos y cuidadores, que eran el centro de sus vidas. El duelo puede dejar a un niño o niña en una situación de enorme vulnerabilidad, especialmente en comunidades que ya sufren conflictos y desplazamientos. Nuestro trabajo es ayudar a garantizar que ningún niño o niña se quede atrás. Con el apoyo adecuado, pueden empezar a recuperarse y recuperar la esperanza."
Greg Ramm, director de Save the Children en la RDC, señaló que "el ébola está robando mucho más que vidas. Está arrebatando a los niños y niñas a las personas a las que recurren cuando tienen miedo. Cada niño o niña que pierde a un progenitor, cuidador o ser querido se enfrenta a un futuro lleno de incertidumbre, y muchos corren el riesgo de quedarse sin la protección y el apoyo que necesitan.”
“Los niños y niñas que están en el centro de esta crisis necesitan mucho más que atención médica de emergencia. Necesitan alternativas de cuidado seguras, protección, apoyo emocional y la oportunidad de continuar aprendiendo y, simplemente, volver a ser niños y niñas. Cuanto más se prolongue este brote, mayor será el riesgo de que los niños y niñas vulnerables queden desatendidos y se enfrenten a explotación, abusos, negligencia o una interrupción permanente de sus oportunidades de futuro.”
“La protección infantil no puede tratarse como una preocupación secundaria en la respuesta al ébola. Cada esfuerzo para detener la transmisión debe ir acompañado de esfuerzos para proteger a los niños y niñas que quedan atrás. Los Gobiernos, los donantes y la comunidad internacional deben invertir urgentemente en ampliar el apoyo a los servicios sanitarios de primera línea, las alternativas de cuidado, el apoyo a la salud mental, los programas comunitarios de protección infantil y los servicios esenciales de los que dependen las familias.”
Este brote se está produciendo en comunidades ya afectadas por conflictos armados, desplazamientos masivos y necesidades humanitarias crónicas. Para muchos niños y niñas, el ébola es el último golpe de una serie de crisis que ya han alterado su seguridad, educación y bienestar, añadiendo presión a unos sistemas de salud, protección y apoyo social ya de por sí frágiles.
Save the Children está apoyando la prevención y el control de infecciones, la participación comunitaria, la detección y derivación de casos y la continuidad de los servicios esenciales para los niños, niñas y familias. La organización también está proporcionando apoyo psicosocial y servicios de protección infantil, incluido apoyo para los niños y niñas que han perdido a sus cuidadores, mientras trabaja para garantizar que los niños y niñas puedan continuar aprendiendo y acceder de forma segura a servicios de salud, nutrición y protección durante toda la crisis.
Save the Children trabaja en la RDC desde 1994 y colabora con 13 organizaciones locales, así como con organismos internacionales y autoridades gubernamentales, para proporcionar ayuda vital en materia de salud, nutrición, educación, protección infantil, seguridad alimentaria, agua, saneamiento e higiene a los niños, niñas y sus familias.
*Notas para los editores
[1] Más de 2.000 personas han muerto a causa del ébola, según los últimos datos del Ministerio de Salud, la mayoría de ellas adultos y progenitores de muchos niños y niñas, por lo que miles de niños y niñas han perdido a uno de sus progenitores o cuidadores.