- La pobreza infantil en Euskadi es mucho más alta y crece a un ritmo más elevado que el resto de la población (respecto al año 2022): aumenta un 77% mientras que la del total de la población crece un 53%
- Las carencias materiales en infancia se triplican en muchos casos, siguiendo una tendencia creciente desde 2016
- La pobreza en hogares con menores de edad es entre 3 y 4 veces superior a los hogares sin menores de edad dependiendo del indicador y se incrementa a un ritmo superior
Bilbao, 25 de marzo de 2026. Los nuevos datos de la Encuesta de Pobreza y Desigualdades Sociales (EPDS) nos muestra que la infancia en Euskadi continúa expuesta a tasas de pobreza real y de mantenimiento significativamente superiores a las del conjunto de la población. A pesar de ser quienes más sufren sus efectos, siguen siendo el rostro más invisible de la pobreza. Además, la pobreza infantil en Euskadi sigue alcanzando valores casi 2 puntos más altos más altos que los del conjunto de la Unión Europea (17,8% frente a 16,2%).
Los datos muestran que tener hijos e hijas sigue siendo uno de los factores que más incrementa el riesgo de pobreza real: mientras que las familias sin menores de 14 años presentan una tasa del 3,8%, este porcentaje aumenta hasta alcanzar el 12% para familias con menores de 14 años. Este dato se enmarca en una crecida generalizada de las tasas de pobreza para la población infantil. La pobreza de mantenimiento sube del 10,5% al 14,4%. Este tipo de pobreza se traduce en no contar con suficientes ingresos para cubrir las necesidades básicas diarias.
Por otro lado, la pobreza real, que combina ingresos bajos con carencias materiales sostenidas, prácticamente se duplica de 7,5% a 13,3%. Estas formas de medir la pobreza se traducen en situaciones de carencia y dificultad que enfrentan las familias para proveer a niños y niñas de los bienes y el bienestar básicos para garantizar su pleno desarrollo e igualdad de oportunidades.
“Que miles de niños y niñas en Euskadi sigan creciendo con carencias que afectan a su alimentación o a su bienestar básico demuestra que las políticas actuales no son suficientes y que la pobreza infantil es estructural. Vivir sin las necesidades básicas cubiertas limita sus oportunidades: afecta a su salud nutricional, a su salud mental, a sus resultados educativos y, en definitiva, a todas las dimensiones de su desarrollo”, señala Charo Arranz, Directora de la sede de Euskadi de Save the Children.
Los datos relativos a la pobreza de mantenimiento muestran que la situación de muchas familias vascas está empeorando notablemente, con los peores datos desde antes de 2020. Una parte notable de los hogares con niños, niñas y adolescentes a cargo declara sufrir dificultades para garantizar cada día a sus hijos e hijos proteína suficiente (4,7%) y frutas y verduras (3,1%), lo que tiene un impacto directo en la salud nutricional y desarrollo de los niños y niñas. La pobreza también se refleja en otro tipo de carencias como no poder permitirse calzado adecuado (3,4%), ropa nueva (10,1%) o no poder celebrar ocasiones especiales (7,6%).
Estos datos reflejan con claridad que las dificultades económicas que enfrentan las familias y como están condicionando la vida cotidiana de la infancia vasca y sus familias. Este fenómeno se explica por la inflación específica de la crianza que sufren las familias y que en 2024 superó ampliamente (en un 35,5%) a la inflación general, en Euskadi.
La propuesta de Save the Children: la infancia como prioridad, la inversión que define el futuro de Euskadi
Según Save the Children, el coste de la crianza en Euskadi es de 866 euros al mes por hijo o hija. Esto supone una gran carga para muchas familias, especialmente aquellas que enfrentan mayores dificultades. La realidad limita el acceso a necesidades básicas como alimentación, vivienda, educación y salud, aumentando el riesgo de pobreza infantil. Los gastos que más han aumentado desde 2022 han sido los relacionados con la vivienda (21%) y la alimentación (25%). Los gastos de la vivienda han aumentado un 111% desde 2018.
Este coste de la crianza varía según franjas de edad, llegando a su máximo valor en hogares con niños y niñas de 13 a 17 años, alcanzando los 925 € al mes. Entre 2022 y 2024, el gasto asociado a esta franja de edad se incrementó un 13%. Es urgente que se refuercen las políticas de apoyo a la crianza para garantizar el bienestar y desarrollo de la infancia, asegurando que ningún niño o niña vea comprometido su futuro.
Por ello, desde Save the Children se busca desarrollar las siguientes propuestas para paliar los efectos de la subida del coste de crianza:
- Ampliar la prestación universal a la crianza vasca de 4 a 17 años.
- Mejorar el acceso a las prestaciones y utilizar la fórmula de créditos fiscales reembolsables, para que las familias puedan deducir la totalidad de las deducciones fiscales.
- Incrementar las cuantías del CAPI (Complemento de Ayuda a la Infancia), con especial atención a los mayores de 6 años, además de desarrollar estrategias de difusión y mejorar el acceso a la prestación.
- Universalizar la declaración de la renta y reforzar la identificación activa de hogares en situación de vulnerabilidad.
- Medidas para mejorar las condiciones de conciliación de las familias: gratuidad universal para la escolarización de 0-3 años, beneficios fiscales para empresas que apuesten por facilitar la conciliación a sus trabajadores, o la otorgación de una mayor flexibilidad horaria para una mejor conciliación laboral-familiar.
“Necesitamos políticas más ambiciosas, estables y continuadas en el tiempo, que garanticen que todos los niños y niñas crezcan con condiciones de vida dignas. La pobreza infantil limita su desarrollo, condiciona su salud y reduce sus oportunidades. Es urgente reforzar los apoyos a las familias para garantizar los derechos de todos los niños y niñas”, añade Arranz.