Más de un millón de niños y niñas sin recursos en España no tienen becas comedor

comedor escolar

 

  • Save the Children ha elaborado un informe sobre el acceso a estas becas, para las que se abre ahora el plazo de solicitud en algunas comunidades autónomas. Euskadi es la única comunidad que ofrece comedor escolar a todo el alumnado en situación de pobreza. En el lado opuesto están Murcia, Melilla, Extremadura y Ceuta.  
  • La Unión Europea exige garantizar este servicio gratuito para todos los niños y niñas en situación de vulnerabilidad, pero España lo incumple. 

Recursos para medios (testimonios, imágenes etc.): https://stces.me/3LZzP8v   

Informe completo: https://stces.me/38gcIYG

Madrid, 10 de mayo de 2022. En España, las ayudas para asistir al comedor escolar solo alcanzan al 11,2% de niños y niñas en la educación obligatoria, lejos del 27,4% que viven en situación de pobreza. Y las diferencias entre comunidades autónomas (CC.AA.) son abismales. “A la hora de poder acceder a al menos una comida saludable al día, para un niño no es lo mismo nacer en Euskadi que en Murcia o Ceuta”, dice Álvaro Ferrer, especialista de educación en Save the Children. Solo el 2% de los escolares de Murcia y Melilla acceden a esta beca, en Madrid el 9% y Canarias el 25%.  

La investigación de Save the Children Comedor garantizado -presentada hoy y que analiza el sistema de becas comedor en España-, explica, además, lo que hay detrás de los datos. Por ejemplo, que Canarias obtenga una considerable cobertura en becas no se traduce en que cubran a todos los niños y niñas que viven con bajos recursos. Por un lado, su tasa de pobreza infantil es tan alta -de las más elevadas de nuestro país- que queda lejos de alcanzar a la infancia más vulnerable y, por otro, la renta mínima que se exige a las familias para obtener la gratuidad del comedor es tan baja –537,83 euros al mes para un hogar de cuatro miembros- que produce que algunas de ellas tengan que pagar una parte del coste.  

En La Rioja, Cantabria, Baleares, Madrid y Navarra la situación es más extrema porque no se concede la gratuidad sino una ayuda parcial. “Este servicio puede suponer un coste medio anual de 439 euros, lo que supone un esfuerzo económico importante para una familia con bajos ingresos”.  

Las regiones que menos llegan a estos niños y niñas empobrecidos son Murcia, Extremadura, Ceuta y Melilla -estas dos ciudades autónomas dependen del Ministerio de Educación-. En cambio, Euskadi es la única que ofrece comedor escolar a todo el alumnado en riesgo de pobreza. “Las diferencias entre la gestión de estas ayudas en las comunidades autónomas demuestran que cuando existe voluntad política, se puede resolver este problema. La calidad del sistema de las becas comedor no refleja el nivel de recursos de la región”, señala Ferrer. 

Esta desigualdad se debe a que, al haber renunciado el Ministerio a regularlo, cada comunidad autónoma decide qué requisitos valora para que las familias accedan a las becas comedor. En algunas regiones la renta no asegura obtenerla. En nueve comunidades, entre ellas Murcia, Comunidad Valenciana y Aragón, estas ayudas no se consiguen por concesión directa - todo el que cumple con los criterios se le concede como derecho– sino por concurrencia competitiva. Esto significa que, si no queda presupuesto en esa partida de becas, aunque las familias reúnan los requisitos, se pueden quedar sin esa ayuda. Y en el caso de Murcia, se añade que los niveles de renta establecidos para acceder son muy bajos –ingresos por debajo de 750 euros al mes para un hogar de cuatro personas-, por lo que “resulta casi imposible conseguir una beca comedor”.  

Ferrer indica que “proporcionar alimentación saludable a través del comedor escolar es una medida eficaz que mejora la nutrición y la salud de niños, niñas y adolescentes y tiene efectos positivos sobre su éxito educativo. Además, permite una protección social y repercute en la economía local, siempre que estos comedores compren productos de proximidad”.  

Durante el confinamiento por la COVID-19, distintas regiones garantizaron la continuidad del servicio de comedor, a través de tarjetas o distribución de comida elaborada, pero solo a los beneficiarios de la gratuidad. Según cálculos de Save the Children, solamente el 5,7% del alumnado –la mitad de los becados de comedor– se benefició del servicio en esos meses. 

“Cuando hablamos de malnutrición, no se trata solo de comer poco, sino de comer mal. Si los niños y niñas de bajos recursos no van al comedor escolar, lo más probable es que se alimenten mal en sus casas por la dificultad económica de sus familias de comprar alimentos de calidad, por la falta de conciliación, por nivel cultural, etc.”, explica el experto. El comedor escolar es un aliado para luchar contra la pobreza y, por tanto, contra el problema del exceso de peso infantil en España. “Suponen para los hijos e hijas de las familias más empobrecidas la única posibilidad de recibir una dieta equilibrada y saludable”.  

La pobreza es uno de los factores de riesgo que explica los elevados niveles de obesidad y sobrepeso en la infancia en España: la obesidad casi se duplica en las familias de renta baja frente a la de hogares acomodados, según el informe “Adiós a la dieta Mediterránea” que Save the Children presentó en el pasado mes de abril.  

La educación secundaria apenas cuenta con comedores escolares 

A pesar de que hay más alumnado en situación desfavorecida en la red educativa pública, son más los estudiantes que acuden al comedor escolar en centros concertados y privados. Esto se debe, por una parte, a una cuestión económica -que las ayudas son insuficientes, los niveles de renta establecidos para acceder son bajos y aun cumpliendo los criterios no está garantizado el acceso a la beca-; y, por otro lado, a que no existe servicio de comedor escolar en muchos centros educativos. “Nos preocupa la escasez de comedores escolares en colegios de Melilla, Ceuta, Extremadura y Castilla-La Mancha”, señala Carmela del Moral, responsable de políticas de infancia en Save the Children. 

La mayor diferencia se observa en la educación secundaria, donde menos de un 3% del alumnado acude al comedor en centros públicos mientras que la proporción de usuarios se multiplica por ocho en los privados. Euskadi y Galicia destacan por ofrecer servicio comedor en los institutos, en el resto de las regiones son casi inexistentes. Solo uno de cada diez institutos públicos tiene comedor escolar.  

Siete comunidades –Murcia, Melilla, Ceuta, Aragón, Extremadura, La Rioja y Castilla-La Mancha- únicamente disponen de beca comedor si el alumnado de secundaria es usuario de transporte por estar escolarizado en otro municipio o partícipe en algún programa extraescolar.   

España, con deberes europeos para garantizar el comedor escolar  

España está lejos de asegurar la Garantía Infantil Europea, una medida que exige garantizar comedor escolar gratuito a toda la infancia en situación de pobreza. La realidad es que más de un millón de niños, niñas y adolescentes bajo el umbral de la pobreza paga el comedor escolar íntegro o no accede a él. “La buena noticia es que con los fondos europeos estructurales, que se están decidiendo ahora, nuestro país tiene la oportunidad de que ningún niño o niña que lo necesite se quede sin esa comida saludable, ya sea priorizando la financiación del comedor escolar o con la construcción de comedores y cocinas en institutos de secundaria públicos”, apunta del Moral. 

En su informe, Save the Children solicita al Ministerio de Educación y las Consejerías de Educación –que son las responsables de las becas comedor- que es necesario establecer un umbral de pobreza mínimo para acceder a las ayudas de comedor escolar en todo el Estado, y, también, asegurar una plaza de comedor escolar gratuita a cada niña y niño en situación de pobreza.  

La organización apuesta por la beca comedor como “la puerta de entrada contra la exclusión social de la infancia” y que incluya no solo un comedor saludable sino refuerzo educativo y ocio extraescolar, como hacen otros países europeos. “Los comedores escolares, a diferencia de las colas del hambre, son menos estigmatizantes y más eficaces que los repartos de alimentos”, concluye la experta Carmela del Moral.  

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