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Cuando la vuelta al cole significa futuro

La sequía en Sahel y en el Cuerno de África empeora la situación de los más de 8.5 millones de niños y niñas no están recibiendo educación primaria

Nos encontramos a Abdoulaye, de 12 años, en el río que hay cerca de Kaya, una de las principales ciudades de Burkina Faso. Allí, como muchos otros niños de su edad, Abdoulaye trata de encontrar pequeñas –casi minúsculas- piedras de oro para poder pagar el material de la escuela. Toda una contradicción teniendo en cuenta que el estar aquí buscando algún tipo de ingreso le impide estar en la escuela.

Abdoulaye tiene cuatro hermanos y solo uno de ellos recibe educación. “Los otros tres son muy pequeños”, explica Abdoulaye, que también nos cuenta que con la falta de cosecha su familia no tiene suficiente para comer y que lo están pasando mal.

En nuestro informe Una crisis silenciosa: la negación de la educación en emergencias de comienzo lento, las cifras nos dicen que más de 8.5 millones de niños y niñas no están recibiendo educación primaria en dos de las regiones del mundo más afectadas por la sequía: Sahel y el Cuerno de África. Muchos niños y niñas se han visto obligados a dejar la escuela en emergencias de este tipo, que comienzan y se desarrollan despacio, pero cuyos efectos son devastadores. Y dejan la escuela, bien para emigrar a otras zonas, bien para apoyar a sus familias en las tareas productivas o en otras actividades de generación de ingresos.

Muchos niños y niñas se han visto obligados a dejar la escuela en emergencias de este tipo, que comienzan y se desarrollan despacio, pero cuyos efectos son devastadores."

Incluso antes de la crisis, generaciones enteras de niños y niñas han estado perdiendo su derecho a recibir una educación, generando un terrible impacto en sus propias perspectivas de vida y en las de sus comunidades.

El pasado mes de mayo, el Cluster de Educación en Níger estimaba que en las áreas más afectadas por la sequía uno de cada cinco niños en edad de educación primaria había dejado la escuela. Según el Cluster y el Ministerio de Educación del país, al menos 47.000 niños y niñas han dejado la escuela desde que comenzara la actual crisis alimentaria.

En Malí, el actual conflicto ha provocado que la mayoría de las escuelas del norte del país hayan resultado saqueadas o quemadas y el 80% del personal educativo ha huido hacia el sur del país. En las regiones controladas ahora por los grupos radicales, Timbuktu, Gao y Kida, la educación ha sido totalmente suspendida. El 80% de los niños y niñas de Malí que permanecen refugiados no tienen acceso a la educación, y el 27% de los estudiantes desplazados tienen muchas posibilidades de abandonar la escuela.

Sin educación, sin perspectivas de futuro

El informe muestra que las repercusiones de la sequía y la desnutrición impregnan todos los aspectos de la vida de los niños, con un impacto enorme en su educación y sus perspectiva de desarrollo a largo plazo. De manera crucial, el millón de niños y niñas que sufren desnutrición en las zonas afectadas por la sequía se enfrentan a un grave riesgo por varias razones; pero además, las evaluaciones más recientes muestran que la desnutrición tiene un impacto irreversible en el desarrollo del cerebro, afectando la capacidad de los niños para aprender.

Esto significa que lo que suceda o no suceda afectará a muchos niños y niñas ahora y a lo largo de sus vidas.

La negación a los niños y las niñas de su derecho a la educación en actual estado de las cosas solo exacerbará el impacto de las sequías recurrentes, afectando a los más jóvenes de la población y minando sus perspectivas de desarrollo tras la crisis."

En el informe se lanza cuatro mensajes principales:

  1. La educación debe ser un sector clave en las emergencias actualmente activas: demasiado a menudo, los niños ven renegadas sus oportunidades para aprender, como evidencia el elevado número de jóvenes que no saben leer ni escribir en la zona de Sahel. Resulta crucial abordar la educación en el contexto de una crisis de desnutrición y de grave sequía recurrente, y asegurar que tanto los niños como sus familias aprenden sobre reducción de riesgo en desastres.
  2. Es necesario ofrecer enfoques integrados, poniendo a todos los sectores a trabajar sobre el bienestar de los niños de un modo holístico: la comunidad humanitaria debe poner el énfasis en lo que los niños y niñas necesitan para reducir así las vulnerabilidades originadas por las crisis y devolver normalidad a sus vidas.
  3. La educación construye y fortalece la resiliencia: estrategias para afrontar situaciones e importantes lecciones de educación medioambiental y preparación en desastres, pueden ofrecer un gran avance en la capacidad de los niños para superar los efectos de las emergencias. Estos mecanismos sirven además para apoyar soluciones innovadoras para sus familias y sus comunidades frente a futuras crisis.
  4. Debe asegurarse la financiación de la educación en emergencias: la educación sigue siendo el sector menos financiado, lo que provoca que se pueda llegar a menos niños y niñas que ya están fuera de la escuela e impedir que los que reciben educación abandonen las aulas.

Descarga en PDF el informe en inglés Una crisis silenciosa: la negación de la educación en emergencias de comienzo lento

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