Educa, no pegues

Los niños y niñas necesitan educación. Pero no nos confundamos, el castigo físico no educa

23 Junio 2005

Educar es un proceso que persigue formar a la persona, enseñarle a vivir y a convivir. La educación no es sólo un proceso individual. Somos seres sociales y necesitamos aprender a ser persona con otros. No hay un único método válido para educar como no hay una sola forma de sociedad.

Sin embargo, y a pesar de su aceptación en muchas sociedades, el castigo físico no es una forma de educar. Es evidente que el castigo físico produce reacciones en los niños y niñas pero esto no quiere decir que sea un instrumento educativo. Porque no educa, sino que confunde. Además de presentar las alternativas a una educación con violencia, la guía Educa, no pegues (también para formadores) pone sobre la mesa cuáles son algunos de los efectos que el castigo físico tiene sobre los niños.

• El castigo físico paraliza la iniciativa del niño. Bloquea su comportamiento y limita la capacidad para plantear y resolver problemas.

• Los niños y niñas cuando tienen miedo de ser castigados no se arriesgan a intentar cosas nuevas, de modo que no desarrollan su creatividad, su inteligencia y sus sentidos.

No fomenta la autonomía del niño o niña, ni le permite elaborar normas y criterios morales propios.

• Hace que el niño y la niña respondan a la sanción, no a su propia iniciativa ni a la responsabilidad que los padres desean inculcarle.

• Fomenta una relación en la que el niño y la niña logran más atención de los padres a través de la transgresión de la norma.

• Ofrece la violencia como un modo válido para resolver conflictos, aprendiendo actitudes violentas.

Dificulta el desarrollo de valores como la paz, la democracia, la cooperación, la igualdad, la tolerancia, la participación y la justicia, esenciales para una sociedad democrática.

• La violencia engendra violencia. El castigo físico legitima el abuso de poder dentro de todas las relaciones familiares.

• El castigo físico conlleva siempre castigo emocional, puesto que el cariño de los padres y su aprobación son el sostén afectivo del niño, y las bofetadas los pone en tela de juicio.

Las normas son necesarias, el castigo físico no

Las normas ayudan a los niños a conocer los límites que les permiten dar estabilidad y coherencia al mundo social en el que viven. Pero el objetivo debe estar en que los niños y niñas las hagan suyas mediante un proceso crítico. Así podrán incorporarse cuanto antes al mundo de los adultos contando con las normas de sus mayores y a la vez con sus propias visiones y aportaciones.

En este sentido el castigo físico obliga a una obediencia ciega, obliga a la sumisión y obliga a la dependencia. Al no permitir el razonamiento, al estar reñido con el diálogo, al sustentarse en la diferencia de fuerzas entre adulto y niño, el castigo físico no enseña a ser independiente y autónomo.