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Esclavos puertas adentro

40 millones de niños en el mundo son empleados domésticos. 10 millones permanecen ocultos tras las puertas.

Les llaman kamaiya en en Nepal, petite bonne en Marruecos o restaveks en Haití. Distintos nombres para describir una realidad que supera fronteras, la de los niños y niñas explotados en el trabajo doméstico. Cuarenta millones de niños en el mundo trabajan como sirvientes domésticos a partir de los seis años y cerca de 10 millones permanecen "ocultos" en las viviendas de sus empleadores. Forzados a trabajar y vivir puertas adentro, se mantienen ocultos para el mundo.

Aunque la esclavitud doméstica representa una de las peores formas de esclavitud infantil, no es la única. Según denunciamos en nuestro informe Esclavos puertas adentro, más de 8 millones de niños y niñas son explotados laboralmente como esclavos bajo diferentes contextos: en las redes de la trata y de la explotación sexual con fines comerciales; en las del matrimonio infantil al que se empuja fundamentalmente a las niñas; en el trabajo infantil por endeudamiento -en la mina o en el campo- o en la realidad bélica de los niños soldados.

Me gustaría estudiar. La vida no puede ser sólo lavar la ropa y la vajilla. Quiero ir al colegio."

Koli, 16 años vive en Sundarban, India

Vulnerabilidad frente a la violencia el abuso y la trata

La realidad de los niños explotados en el ámbito doméstico es la más desconocida y difícil de detectar porque se queda aislada en el ámbito privado del hogar. Y es precisamente esa invisibilidad lo que les hace especialmente vulnerables frente a la violencia y el abuso. El informe Esclavos de puertas adentro pretender dibujar un perfil de los mecanismos de explotación que se emplean, los distintos contextos en los que se produce y las causas que la generan. El informe apela especialmente a llamar la atención sobre las consecuencias que esta realidad provoca en el presente y el futuro de los niños y niñas que la sufren.

Estos niños viven sin posibilidad de escolarizarse, con jornadas de trabajo de hasta dieciocho horas y con la exposición constante al maltrato psicológico, los abusos y las palizas. Los niños que trabajan en el servicio doméstico proceden de familias pobres que por deudas o falta de medios ceden a sus hijos para este tipo de empleos, normalmente en grandes ciudades y como empleados de familias de clase media y alta.

Cuando no obedezco, mi patrón me pega. Y me siento mal, me pongo triste"

Eti, (a la izquierda), no sabe exactamente si tiene 10 o 11 años. Es una trabajadora doméstica, vive lejos de su familia y a menudo recibe castigos físicos por parte de su jefe. El trabajo doméstico represente una de las formas más habituales de explotación infantil en Bangladesh. La mayoría de los niños y niñas proceden del ámbito rural y no reciben ningún sueldo a cambio de su trabajo.

La trata y la esclavitud infantil doméstica. Europa en el punto de mira

El trabajo doméstico se hace incluso más peligroso cuando los niños son llevados a otras ciudades o países para trabajar como sirvientes domésticos. Aislados de su familia y su comunidad, un niño víctima de trata es especialmente vulnerable dado que desconoce la existencia de cualquier sistema de ayuda, desconoce en muchos casos el idioma del país en el que trabaja, y suele encontrarse en una situación irregular y sin papeles.

Aunque al trabajar en un ámbito privado son muy difíciles de detectar, se estima que en Brasil puede haber unos 559.000 niños empleados de hogar, 332.000 en Kenia, 230.000 en Filipinas y entre 66.000 y 88.000, en Marruecos. Europa tampoco es ajena a este fenómeno: en Francia y Reino Unido muchas niñas africanas son obligadas a trabajar como esclavas domésticas.

Mende Nacer nació en la montañas Nuba, al sur de Sudán.Tenía 13 años cuando una noche de 1994, mientras todos dormían, varios hombres irrumpieron con cuchillos y pistolas en su poblado. Mende, fue vendida a una familia rica de la capital de Sudán, Jartum, de la que se convirtió en esclava durante siete años. Allí dormía en un cobertizo del que sólo salía para trabajar 18 horas diarias, alimentándose de las sobras. Años después fue enviada a Londres, para continuar trabajando con esclava doméstica en la casa de un diplomático sudanés. En aquella ciudad europea, Mende, que no conocía el idioma, escuchó en una tienda hablar su propia lengua, lo que hizo posible que contara su caso y lo denunciara. Su caso salió a la luz pero lo normal es que la mayoría de los millones de casos permanezcan en la oscuridad.

La esclavitud infantil doméstica es una fenómeno global que precisa de solucions y acciones locales. La inclusión de la esclavitud infantil dentro de las políticas de reducción de la pobreza; la creación una legislación contra la trata de menores que acabe con su explotación doméstica o más fondos destinados a protegerlos son algunas de las medidas que podrían alcanzar soluciones. Abrir las puertas del fenómeno de la esclavitud infantil para acabar con ella es una responsabilidad que no se puede seguir obviando.