Los Derechos Humanos también son cosa de niños

Un informe sobre las condiciones de extrema vulnerabilidad en las que viven los niños de El Gallinero

09 Diciembre 2014

“La basura a veces huele y si nos tropezamos con ella nos caemos… nos manchamos de caca cuando nos caemos”. Lo cuenta un niño, uno de los cerca de 300 niños que viven en El Gallinero, un enclave chabolista situado a 12 kilómetros del centro de Madrid, en situación de extrema vulnerabilidad. Las condiciones en las que viven representan una grave violación de sus derechos humanos, entre otros, no se está respetando su derecho a una vivienda digna, al agua y al saneamiento, a las ayudas sociales, a la educación o a la salud

Los niños expresan además la angustia y el miedo que les generan las intervenciones policiales para derribar sus casas y hacer efectivas las órdenes de desalojo. Los derribos son una experiencia traumática para ellos. En el último año y medio, un tercio de los niños de El Gallinero se han visto expulsados de sus viviendas, sin alternativas de realojo viables ni estabilidad a largo plazo.

A veces por la noche nos echan, con la porra dan en la puerta. Un día a mi me pasó, yo y mis amigos íbamos a por agua, después nos han cogido y nos han dado 2 o 3 con las porras”

Un niño que vive en El Gallinero

La falta de empadronamientos y documentación les hace muy complicado a las familias poder acceder a las ayudas sociales a las que tendrían derecho, como las que se dan por hijo a cargo o la renta mínima de inserción. Tampoco hay programas de atención de 0 a 3 años, si bien a partir de esa edad prácticamente todos los niños están escolarizados. A pesar de la asistencia al colegio, las familias no cuentan con recursos para hacer frente a los gastos relacionados con la educación, no pueden acceder a becas y existen continuos problemas con la ruta del autobús, que hace que los niños pierdan horas y a veces días de clase. 

Se deben adoptar medidas públicas que garanticen que los niños y las niñas de El Gallinero acceden en condiciones de igualdad a la educación a la que tienen derecho. Esto puede requerir medidas específicas que eviten que sean discriminados”

Ana Sastre, Directora de Sensibilización y Políticas de Infancia

Cuando necesitan asistencia sanitaria, los niños son atendidos por una ambulancia que depende del centro de salud público de la zona, que solo tiene horario de mañana y obliga a los niños a faltar al colegio para que se les atienda. Si se les deriva a un especialista, debido al alto coste que tiene para las familias desplazarse, dependen de los trabajadores voluntarios para ir a los centros de salud u hospitales.

Los ratones, mira, a veces entran en las casas y si hay niños pequeños, los comen por la noche”.

Niña que vive en El Gallinero

El Gallinero es un lugar altamente insalubre, con basura acumulada en grandes cantidades y ratas e insectos en las chabolas. Una de las niñas entrevistadas transmite su miedo a los ratones y las serpientes que entran en las chabolas. Los niños no cuentan con lugares seguros para jugar. Juegan en un entorno peligroso lleno de basura, excrementos, cables o cristales. “Los pequeños, cuando pasan los coches y salen a la calle lo pilla. Alguna vez a una chica pequeñita, una de dos años...estaba en la calle y la ha pillado un coche”, explica otra de las niñas.

A lo largo del informe La situación de la infancia en El Gallinero, y a partir de la investigación realizada por el Instituto Universitario de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas, los niños expresan sus ganas de ser parte de los cambios que se tienen que dar para salir de las condiciones de pobreza y vulnerabilidad en las que viven ellos y sus familias. “Como yo quiero estar… quiero tener mi casa, tener mi dinero, mi trabajo… y quiero vivir una vida normal como viven todos”, explica unos de los niños. “Los niños del Gallinero proyectan su futuro como los demás niños, pero se dan cuenta de que cuentan con muchos más obstáculos, es obligación de los poderes públicos eliminar las trabas que les discriminan en el ejercicio de sus derechos”, añade Ana Sastre. 

Pedimos con urgencia a los poderes públicos que pongan en marcha las medidas necesarias para cubrir las necesidades de estos niños. Estabilizar la situación de la vivienda permitiría garantizar su derecho a un nivel de vida digno, les protegería de las distintas formas de violencia que les afectan y facilitaría que pudieran gozar de otros derechos, como el derecho a la salud, a la educación o al juego.

Descarga en PDF el informe La situación de la infancia en El Gallinero

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