Tres grandes emergencias en verano.
Así continúa nuestra respuesta en Venezuela, Colombia y Nepal
Este verano, miles de niños y niñas y sus familias han visto cómo su vida cambiaba de un día para otro a causa de terremotos e inundaciones en Venezuela, Colombia y Nepal. En las primeras horas y días de una emergencia, las necesidades más urgentes son evidentes: ponerse a salvo, encontrar un lugar donde dormir, acceder a agua y alimentos o recibir atención médica. Pero cuando pasan las primeras semanas, la emergencia no termina. Para muchos niños y niñas, empiezan entonces otros retos: volver a la escuela, recuperar cierta estabilidad, superar el impacto emocional de lo vivido o volver a contar con servicios básicos y espacios seguros.
Por eso, gracias a ti y a tu ayuda, nuestra respuesta no se limita a los primeros momentos. Seguimos trabajando con las comunidades afectadas para atender las necesidades que van apareciendo y acompañar a niños, niñas y familias en el proceso de recuperación.
Venezuela, tres meses después de los terremotos
El 24 de junio, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela, seguidos durante las semanas posteriores por más de 1.400 réplicas. A finales de agosto se habían registrado 6.125 muertes y 16.740 personas heridas, mientras más de 1.000 edificios habían resultado dañados o destruidos.
La emergencia también provocó el desplazamiento de miles de familias. Alrededor de 17.900 personas perdieron sus hogares y, meses después, muchas continúan viviendo en tiendas de campaña, alojamientos colectivos, asentamientos informales, viviendas dañadas o casas de familiares y vecinos. Las condiciones en algunos de estos lugares siguen siendo difíciles, especialmente por la falta de agua segura, saneamiento, iluminación, privacidad y protección frente a las condiciones meteorológicas.
La vuelta al colegio ha sido otro de los grandes retos. El nuevo curso comenzó el 14 de septiembre, pero en algunas de las zonas más afectadas la normalidad está todavía lejos. En La Guaira, 62 de las 290 escuelas continúan fuera de servicio, afectando al menos a 25.000 estudiantes. Las cinco escuelas de educación especial de la zona también resultaron afectadas: dos colapsaron y las otras tres sufrieron daños estructurales. En conjunto, atendían a alrededor de 500 niños, niñas y adolescentes.
Con tu apoyo, nuestra respuesta ha ido evolucionando para atender estas necesidades. Hemos proporcionado apoyo educativo y de salud mental en 10 espacios seguros y hemos identificado cuatro escuelas para su rehabilitación. Hasta ahora, 5.077 niños y niñas han recibido apoyo educativo. También hemos formado a 120 docentes en el estado de Miranda para ayudarles a acompañar a los estudiantes durante su regreso a las aulas y hemos formado a 24 personas mediante nuestros programas, para que puedan contribuir al bienestar emocional de más niños y niñas.
La protección y el bienestar emocional siguen siendo una parte importante de nuestro trabajo. A través de nuestro socio FUNVAPE, hemos proporcionado apoyo psicosocial a 71 personas con discapacidad, además de realizar seguimiento de sus necesidades y facilitar información accesible.
También hemos reforzado la respuesta en agua, saneamiento e higiene. Se han distribuido 261 kits de higiene menstrual y 782 kits de higiene familiar, además de 260 linternas y 262 kits contra los mosquitos. En total, 5.381 personas han recibido apoyo relacionado con agua, saneamiento e higiene.
Y las necesidades educativas siguen siendo importantes. En el Distrito Capital se han identificado 432 escuelas dañadas y 28 instalaciones educativas continúan utilizándose para funciones de emergencia: 11 como centros de recogida y distribución de ayuda y 17 como alojamientos temporales. Mientras estos espacios sigan teniendo otros usos, la vuelta de los niños y niñas a sus escuelas puede seguir retrasándose un poco más.
Colombia, cuando una emergencia se prolonga
En Colombia, el terremoto provocó una situación especialmente compleja para cientos de miles de personas. Más de 400.000 personas se vieron afectadas y el impacto sobre la educación ha sido enorme: más de un millón de niños y niñas tienen afectado su acceso a la educación y 4.290 escuelas e instalaciones educativas resultaron dañadas.
En las zonas más afectadas, la vuelta a las aulas se está produciendo de diferentes maneras. Alrededor del 80 % del alumnado ha podido retomar algún tipo de actividad educativa, aunque en muchos casos mediante asistencia parcial, modalidades híbridas o espacios alternativos. Al mismo tiempo, más de 300.000 niños y niñas están expuestos a mayores riesgos de protección, entre ellos la separación familiar, la violencia, el abuso, la explotación o el reclutamiento por grupos armados.
Gracias a tu colaboración, nuestra respuesta comenzó poco después del terremoto y se ha centrado inicialmente en Buenaventura, donde contamos con una oficina de terreno. Allí hemos creado un espacio seguro en una zona rural que permite a los niños y niñas aprender y jugar y acceder a apoyo de salud mental, apoyo psicosocial y protección. En una comunidad en la que no existe presencia gubernamental, este espacio se ha convertido en uno de los puntos de acceso a servicios para la infancia.
También hemos distribuido 500 paquetes de alimentos, que han ayudado a 1.927 personas, además de 50 kits de higiene y 157 kits de refugio que han beneficiado a 1.347 personas, priorizando especialmente las zonas afectadas por las fuertes lluvias posteriores al terremoto.
Porque la emergencia no terminó con el terremoto. Las lluvias intensas, las inundaciones y los deslizamientos de finales de agosto afectaron directamente a entre 8.000 y 15.000 personas y provocaron nuevos daños en viviendas y espacios comunitarios. Cinco viviendas colapsaron y más de un centenar se encontraban en riesgo inminente de hacerlo.
Nuestros equipos continúan evaluando las necesidades para adaptar la respuesta. También hemos analizado la situación de los servicios sanitarios, algunos de ellos dañados y sobrecargados, y estamos movilizando una red de ginecólogos voluntarios ante las necesidades detectadas en las unidades de maternidad de Buenaventura. Paralelamente, estudiamos cómo reforzar el apoyo de salud mental y psicosocial en centros sanitarios públicos, incluido un hospital público que presta servicio a comunidades costeras de difícil acceso.
Hasta ahora, nuestras actividades han alcanzado a más de 2.934 personas, entre ellas 1.293 niños y niñas.
Nepal, un mes después de las inundaciones
El 26 de agosto, una riada repentina provocada por el colapso de un glaciar arrasó varias zonas del distrito de Rasuwa, en el norte de Nepal. El agua destruyó viviendas, carreteras, puentes y otras infraestructuras esenciales y afectó posteriormente a comunidades de Nuwakot y Dhading.
Más de 84.000 personas se han visto afectadas, entre ellas al menos 32.000 niños y niñas. Más de 3.500 personas viven actualmente en 39 emplazamientos de Nuwakot, Rasuwa y Dhading, mientras 21 centros de acogida han llegado a alojar a 1.215 personas desplazadas.
Un mes después, muchas familias están empezando a trasladarse desde estos centros hacia alojamientos temporales, pero la necesidad de encontrar soluciones más estables es cada vez más urgente. La educación es otro de los grandes desafíos: 32 escuelas han resultado dañadas y la mayoría de los niños y niñas afectados todavía no ha podido regresar a la escuela. Los espacios temporales de aprendizaje están ayudando a mantener algunas actividades, pero la recuperación de la educación formal sigue siendo una prioridad.
Nuestra respuesta ha alcanzado ya a 9.523 personas, entre ellas 4.048 niños y niñas y 4.762 mujeres y niñas. Hemos establecido una nueva oficina de terreno en Nuwakot y un almacén con materiales esenciales para acelerar la distribución de ayuda.
También hemos puesto en marcha cuatro espacios temporales de aprendizaje, seis espacios adaptados para la infancia y cuatro puntos de escucha en colaboración con la Policía de Nepal. Estos últimos se han situado en puntos estratégicos de entrada y salida para prevenir riesgos como la trata y reforzar la protección de niños, niñas y mujeres. A través de estos puntos se ha atendido a 1.451 personas. Además, hemos distribuido 7.510 kits de refugio para ayudar a las familias afectadas a disponer de unas condiciones de alojamiento más seguras.
La emergencia continúa Y seguimos ahí donde nos necesitan
Venezuela, Colombia y Nepal son tres emergencias diferentes, pero todas muestran algo que conocemos bien por nuestra experiencia: las necesidades de los niños y niñas no desaparecen cuando dejan de ocupar los titulares.
Después de un terremoto o una inundación, volver a una situación de cierta normalidad requiere mucho más que reconstruir edificios. Significa que los niños y niñas puedan volver a aprender, recuperar espacios donde jugar y sentirse seguros, acceder a atención sanitaria y apoyo emocional y permanecer junto a sus familias. Y significa también que las comunidades puedan recuperar los servicios y las condiciones necesarias para reconstruir sus vidas.
Por eso, gracias a personas como tú, seguimos trabajando sobre el terreno, adaptando nuestra respuesta a medida que cambian las necesidades y combinando la atención inmediata con medidas que permitan avanzar hacia la recuperación. En cada emergencia, nuestro objetivo es el mismo: que los niños y niñas estén protegidos, puedan seguir aprendiendo y tengan las condiciones necesarias para recuperar, cuanto antes, una vida lo más estable posible.