unai-savethechildren.jpg

En Senegal, desde el momento en el que nacen tienen el futuro escrito

Artículo escrito por Unai Canela, uno de los adolescentes que ha participado en El viaje de Omar

A pesar de que no hemos estado mucho tiempo en Senegal, estos cuatro días han sido extraordinarios.

Íbamos con la idea de aprender y entender la razón por la cual muchos niños deciden migrar arriesgando sus vidas. Por supuesto, nos hemos llevado eso y mucho más. Como la mayoría de personas (me gustaría pensar), dentro de lo que cabe, siempre he procurado entender la situación de esta gente y he intentado empatizar al máximo con ellos. Lógicamente, vivir una experiencia como esta no es lo mismo que te lo cuenten en la televisión.

Estar estos días junto a la familia de Omar y su pueblo me ha ayudado a entender mucho mejor qué impulsa a los chavales a arriesgar sus vidas en busca de otra vida mejor.

En Senegal, la gente tiene la idea de que en Europa todo será muy fácil; conseguir trabajo, los papeles... Y como nos comentaba Omar, nadie se imagina los peligros alos que se enfrentan cruzando el mar.

Supongo que uno se preguntará cuáles son las condiciones tan duras en las que viven y qué razones específicas les hacen marchar. 

En Europa, pensamos de una manera muy ignorante. Algunos creen que por el simple hecho de no ser apuntados con un arma o de estar bajo una amenaza de un grupo terrorista o de un ejército, ya no son refugiados 

En Senegal (o en pueblos como en los que estuvimos), los chicos y las chicas desde el momento en el que nacen tienen el futuro escrito. Un futuro que en el mejor de los casos no dejará de ser un futuro muy básico. Si tienen suerte, podrán tener una plantación de mangos y una casa pequeña de cemento y barras de metal como la que tienen los padres de Omar. 

Me decía Omar que, en su entorno, por mucho que estudiara no le serviría para nada, nunca.

Creo que cualquiera de nosotros en esa situación, con la idea errónea en la cabeza de que Europa sería un paraíso, haríamos lo mismo que hizo Omar y miles de personas más. 

Pero claro, Omar tuvo muchísima suerte. La gran mayoría tienen que darse la vuelta o son deportados al llegar (si llegan). 

A pesar de todo, una cosa que me ha sorprendido ha sido ver cómo a diferencia de nosotros, que parece que siempre queremos lo que no tenemos, aprecian los pocos recursos que tienen y nadie les quita la sonrisa de la cara. Todo el mundo es tan agradecido y amable... Creo que todos debemos aprender de ellos.

Me llevo la mochila llena de recuerdos y conocimientos, dejando atrás cualquier prejuicio que pudiese tener. Espero que todos podamos hacer eso y unirnos para acabar con la necesidad de migrar de estos niños.