Identidad de género: Un derecho para la Infancia

Identidad de género:
un derecho para la infancia

  

Entender que la identidad de género no depende de la genitalidad todavía es una tarea pendiente de gran parte de la sociedad que genera un incalculable daño a la infancia trans.

En Save the Children tenemos muy presente casos como el de Ekai, un chico transexual de 16 años que se suicidó en 2018 en Vizcaya esperando un tratamiento hormonal que nunca llegaba. O el de Alan, quien también decidió acabar con su vida cuando tenía 17 años. Ocurrió en 2015 en un pueblo Barcelona, no pudo soportar el acoso escolar y la transfobia de sus compañeros y compañeras de clase.

El derecho a que cada persona exprese su identidad de género en libertad debería ser algo que cualquier persona entendiera y respetara. Sin embargo, la autodeterminación de género no está recogida en la legislación española, ni para personas adultas ni para menores de edad.

Para que una persona trans sea reconocida legalmente con el género sentido depende, entre otros aspectos, de un diagnóstico médico que lo determine, así como requiere, bajo excepciones como la edad o la salud, someterse a todo un proceso de reasignación por el que hay personas que no creen necesario pasar.

Los derechos recogidos en la Convención de los Derechos del Niño son derechos fundamentales interdependientes e indivisibles y amparan a todos los niños y niñas. Entre estos derechos se encuentran el derecho a la identidad, a la intimidad, a la no discriminación, a la vida, supervivencia y desarrollo, a la salud, a la protección, a expresar la opinión y que sea escuchada.

Por tanto, los niños y niñas tienen derecho a manifestar su identidad de género sin que ninguna otra persona tuviera que “dar el visto bueno”.

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Escuchar y aprender de la infancia trans para entender la identidad de género

El debate sobre si un niño o una niña tiene conciencia sobre su identidad de género a edades tempranas evidencia hasta qué punto las personas adultas todavía en demasiadas ocasiones no toman con la suficiente consideración lo manifestado por niños, niñas o adolescentes.

Con el fin de garantizar que niños, niñas y adolescentes ejercen sus derechos y los vean cumplidos, se debe aplicar el principio, también recogido en la Convención, del interés superior del menor, ya que las circunstancias y necesidades de cada niño y niña son únicas. Así, en la búsqueda de ese interés superior, concreto e individual, se deben valorar todas las opciones y posibilidades existentes que permitan respetar sus derechos y garantizando que pueda expresar su opinión y que esta sea tenida en cuenta.

En definitiva, asegurar que la decisión de seguir tratamientos hormonales o cirugías de reasignación sea libre y respetuosa con sus derechos, sin ningún tipo de injerencia, discriminación o violencia. Sólo así podremos respetar el sentir de la infancia trans y evitar tanto su estigmatización y acoso escolar derivado como el propio rechazo hacia lo que cada persona es.

Dado que todavía persisten sectores de la sociedad que cuestionan la identidad de género de otras personas, las “terapias curativas” o de “reorientación sexual y de género” siguen siendo legales. Estas pseudoterapias psicológicas están dirigidas a modificar la orientación sexual o la identidad de género a niños, niñas y adolescentes LGTBI. En Save the Children condenamos estos supuestos tratamientos, rechazados por los colegios profesionales de psicología y psiquiatría, porque parten de la patologización de la orientación sexual y la identidad de género.

Una ley para proteger la identidad de género

El anteproyecto de Ley de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia contempla su prohibición en todo el territorio español. En la actualidad, están prohibidas en varias comunidades autónomas, pero siguen pudiéndose realizar en Asturias, Cantabria, Castilla y León o Galicia, entre otras.

La aprobación de dicha ley, comprometida por el actual Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos, también protegerá a la infancia trans haciendo que la educación afectivo sexual y de género sea obligatoria y se enseñe, adaptándola según la edad, en todos los colegios. Resulta vital que del mismo modo que en las aulas se educa contra el racismo o la xenofobia también se haga contra la transfobia si se quiere proteger la diversidad de cada niño o niña en todas sus dimensiones.