Una generación rohingya perdida

Tres de cada cuatro niños y niñas rohingya no va a la escuela

02 Julio 2018

Vivir en un campo de refugiados no siempre es vivir. Sobre todo cuando no tienes acceso a lo básico. Cuando la comida te llega con cuentagotas, cuando estar enfermo puede ser un motivo de muerte, cuando no hay un parque en el que jugar o una escuela a la que ir. Esta es la realidad los cerca de 400.000 niños y niñas rohingya que viven en Cox's Bazar, el campo de refugiados más grande que existe. 

Los niños rohingya refugiados en Cox's Bazar, Bangladesh necesitan nuestra ayuda. 

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Luchando por sobrevivir

Laila* vive con su madre Halima Khatum* y su padre en este campo de refugiados. En el mes de mayo tuvo que ser ingresada en el centro médico cuando descubrieron que sufría una desnutrición aguda moderada. Tenía 22 meses, pesaba 6,8Kg y medía 74,3 cm. Durante su viaje de huída desde Myanmar hasta Bangladesh enfermó y llegó con diarrea y fiebre.

Abandonar tu casa por culpa de la extrema violencia que se está viviendo en Myanmar es una situación muy dura. Ver como tus hijos enferman por el camino, lo es aún más.

Halima fue con Laila al centro de médico que tenemos en terreno y, tras un mes de tratamiento, la pequeña va poco a poco mejorando. Ahora mismo pesa 7,3Kg.

Save the Children nos está dando pasta hecha a base de cacahuetes para darle a mi hija, para que vuelva a estar sana. Estamos recibiendo tratamiento médico y medicinas gratis en la clínica de Save the Children"

Halima Khatum*, madre de Laila

También les hemos ayudado a excavar un tubo cerca de su casa para poder instalar inodoros limpios y, junto a la distribución de los kits de higiene, asegurar las condiciones de saneamiento básicas en esa familia.

Evitando una generación perdida

Casi el 70% de los niños y niñas rohingya en edad escolar no asiste a la escuela en Bangladesh. Se les está privando del derecho a aprender habilidades básicas, como leer y escribir, algo que les daría la posibilidad de construir un futuro mejor para ellos y sus familias. Estamos perdiendo una generación de niños y niñas rohingya.

La educación no es un lujo que se pueda elegir, es un tipo de intervención que salva vidas. Es la forma que tenemos de devolver la esperanza y la oportunidad de vivir un futuro mejor. Además, ayuda a que los más pequeños puedan tener una rutina que les ayude a aliviar el impacto psicosocial de la violencia y el desplazamiento que han vivido.

Ayesha* tiene 12 años y está saliendo de la escuela en Lambashia Camp, en Cox's Bazar. Ella asiste a una de las casi 100 escuelas informales en las que estamos presentes. Ahí los niños y las niñas reciben formación en su lengua materna, rohingya, y nos aseguramos también de su bienestar.

Ella vive con su madre Yasmin Begum*, su padre y sus tres hermanos. Llegaron en septiembre de 2017 huyendo de la violencia. 

Save the Children me ha dado una mochila, un bolígrafo, lápices para colorear, papel de carta, una botella de agua y un paraguas. Lo uso cuando voy a la escuela

Ayesha*

Desde que llegó al campamento ha estado asistiendo a la escuela. Ella dice que le encanta aprender inglés y hacer nuevos amigos.

Los niños y niñas rohingya que tienen acceso a la educación asisten a clases de dos horas diarias. Es la forma que tenemos a día de hoy de darles acceso a una educación, pero sabemos que esto dista mucho de la situación ideal.

 

Estamos trabajando para ayudar al mayor número de familias posible. Si puedes haz que nuestro trabajo llegue más lejos.

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