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DíA INTERNACIONAL DE LA EDUCACIÓN:
¿POR QUÉ LA EDUCACIÓN SALVA VIDAS?

Cada 24 de enero se celebra el Día Internacional de la Educación, una fecha proclamada por la ONU para recordar que la educación es un derecho humano fundamental y la base para construir sociedades más justas y sostenibles. 

En Save the Children trabajamos para garantizar que todos los niños y niñas, sin importar dónde vivan o las circunstancias que enfrenten, tengan acceso a una educación segura y de calidad. Porque aprender no solo abre puertas al conocimiento, también ofrece protección y oportunidades para un futuro mejor. 

Nuestro trabajo también se centra en la escolarización de las niñas, porque ir a la escuela hace que aplacen la edad de casarse y tener hijos, cuenten con más recursos para sacar adelante a sus familias, presten más atención a las cuestiones sanitarias y contribuyan a mejorar las sociedades en las que viven, participando más activamente en grupos comunitarios y de toma de decisión. Los hijos de madres sin formación corren más peligro de muerte o de desnutrición que los hijos de madres con educación secundaria o superior, según nuestro informe El Estado mundial de las madres.

Hoy queremos compartir tres historias reales que muestran cómo nuestro trabajo en educación cambia vidas en contextos muy diferentes: desde un campamento de desplazados en Siria, hasta comunidades rurales en Sudán y Zimbabue.

Sandi, 9 años, Siria: “Por fin puedo jugar y aprender como los demás” 

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Sandi tenía solo cuatro años cuando su familia huyó de la violencia en Irak y llegó a un campamento de desplazados en el noreste de Siria. Allí pasó más de cinco años viviendo en una tienda, sin poder salir ni ir a la escuela. Su abuelo, preocupado por su seguridad, no les permitía salir, y la infancia de Sandi se redujo a juegos improvisados dentro de la tienda y a esperar que algún día pudiera aprender como los demás niños y niñas. 

Todo cambió cuando Save the Children convenció a la familia para que los cinco hermanos —Rajab (14), Suha (12), Ritaj (10), Sandi (9) y Waleed (8)— pudieran asistir a un espacio de aprendizaje temporal y participar en actividades recreativas. Para Sandi, entrar en la escuela fue descubrir un mundo nuevo: juegos al aire libre y la oportunidad de aprender por primera vez. 

Suha, su hermana mayor, lo resume así: “Cuando entramos por la puerta, sentí que estaba en otro mundo. El suelo cubierto de césped, las paredes pintadas… era como el paraíso”. Hoy, cada uno sueña con un futuro distinto: Rajab quiere ser traductor, Suha arquitecta, Waleed futbolista y Sandi profesora para enseñar a otros niños y niñas. Cada día en la escuela es un paso hacia esa vida que antes parecía inalcanzable.

Razan, 10 años, Sudán: “Solo quiero ponerme mi mochila y aprender cosas nuevas”

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Cuando estalló el conflicto en Sudán en 2023, Razan y su familia huyeron de Jartum. La guerra y los desplazamientos le hicieron perder un año entero de escuela: “Me rompió el corazón estar lejos de mis amigos y mis estudios”. Tras varios traslados, lograron asentarse en Sennar, donde Save the Children rehabilitó escuelas, formó a docentes y proporcionó materiales para que los niños y niñas pudieran volver a clase. 

Razan recuperó la ilusión: “Estoy muy feliz de volver a la escuela. Espero que la guerra nunca regrese, porque no quiero quedarme encerrada en casa otra vez”, dice con una sonrisa. El programa también incluye comidas escolares y actividades de protección infantil, asegurando que los niños y niñas aprendan en entornos seguros. 

Sudán se enfrenta ahora a una de las peores crisis educativas del mundo, con muchas escuelas cerradas mientras otras han sido dañadas por el conflicto o están siendo utilizadas como refugios para familias desplazadas. En todo el país, más de 8 millones de niños y niñas —casi la mitad de los 17 millones de niños y niñas en edad escolar del país— han pasado unos 484 días sin entrar en un aula.

Rudo, 12 años, Zimbabue: “La escuela me da esperanza para cambiar mi vida” 

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En el sureste de Zimbabue, una niña llamada Rudo sueña con ser enfermera. Pero hace poco, ese sueño parecía imposible: su familia no podía pagar las tasas escolares y ella pasó dos años fuera del aula, trabajando en campos para ayudar a comprar comida. 

Todo cambió con un proyecto de Save the Children contra el trabajo infantil. Se organizaron campañas de sensibilización en su pueblo y se apoyó económicamente a  las familias con mayor dificultades. “Nos enseñaron que los niños y niñas deben estar en la escuela, no trabajando”, explica Rudo. 

Hoy, Rudo está en el cuarto curso, recibe materiales escolares y el apoyo de sus profesores para ponerse al día: “me encanta aprender cosas nuevas y estar con mis amigos y amigas. Quiero aprobar para ayudar a mi familia y cumplir mi sueño”. 

Como ella, más de 1.500 niños y niñas han vuelto a la escuela en su comarca, demostrando que la educación es la mejor herramienta para romper el ciclo de pobreza y explotación

Estas historias nos recuerdan que la educación no es solo aprender a leer y escribir: es protección, es igualdad, es futuro. En este Día Internacional de la Educación, reafirmamos nuestro compromiso para que ningún niño ni niña se quede atrás. Porque cada mochila que se abre, cada lápiz que escribe, es una oportunidad para cambiar el mundo.