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el problema de la vivienda
en la infancia

María José, de 40 años, sueña con comprarse una casa y encender la calefacción lo necesario para que sus niños no pasen frío. Raquel, de 47 años, dice que no puede soñar tan alto: "con un alquiler asequible, me conformo". Estas dos madres llevan a sus hijos e hijas a los programas educativos que tiene Save the Children en Illescas (Toledo) y son un ejemplo de la grave crisis de la vivienda que viven las familias en España. 

El 7,5% de los niños y niñas vive en hogares que cada mes se retrasan en el pago de la vivienda, según la última Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del Instituto Nacional de Estadística. Además, cada vez más familias se ven obligadas a alquilar habitaciones en lugar de disponer de una vivienda propia, una situación que tiene graves consecuencias para el desarrollo físico, emocional y social de la infancia. El 26,6% de los niños y niñas que están en situación de pobreza se encuentra viviendo en hogares hacinados y el 14,9% de todos los niños y niñas -incluidos los que no viven en familias con dificultades económicas-, según Eurostat, la agencia europea de estadística. 

Irene Mejía, coordinadora de familias en nuestro centro de Illescas, nos cuenta que en este municipio cercano a la Comunidad de Madrid los precios han subido y son prácticamente inalcanzables para las familias que participan en las actividades de Save the Children. “Son familias que tienen bajos ingresos, incluso con el salario de los dos progenitores, apenas llegan a final de mes y a pagar el alquiler”. 

El 16,2% vive en hogares con dificultades para mantener la vivienda a una temperatura adecuada, de acuerdo a la ECV. “Ya no se trata solo de que sea casi imposible encontrar una vivienda de alquiler con unos precios razonables sino de vivir en un lugar con las condiciones necesarias para que las niñas y los niños crezcan con sus necesidades cubiertas, como, por ejemplo, una alimentación nutritiva y una vivienda digna”, explica Carmela del Moral, nuestra responsable de políticas de infancia. 

La situación de las familias monomarentales es todavía más sangrante. En estos hogares, la tasa de pobreza alcanza el 45,8%, -frente al 22,5% de las familias que cuentan con dos adultos-. En lo que se refiere a la vivienda, casi el 11% se enfrentan todos los meses a retrasos en el pago y el 23,9% no puede mantener una temperatura adecuada.

 

¿Cómo afecta la crisis de la infancia a la vivienda?

La crisis de la vivienda afecta directamente en el bienestar emocional y mental de los niños y niñas, en su educación - la inestabilidad residencial y los cambios constantes de vivienda provocan problemas de escolarización y arraigo-, en su salud -algunos niños y niñas viven en hogares con humedades y goteras- y en su seguridad.

"La inestabilidad habitacional vulnera su sensación de seguridad, dificulta su desarrollo y les exponen a niveles de estrés para los que no están preparados. Garantizar entornos seguros y adecuados no es solo una necesidad, sino un derecho fundamental de la infancia", explica del Moral. 

En España, uno de cada cuatro niños y niñas -el 25,7%- vivía en viviendas con goteras y humedades en el 2023, último año disponible según Eurostat. La media de la Unión Europea, en cambio, se sitúa en 18%. Es la situación en la que vive Raquel, que vive en una de esas casas con humedades junto a sus niños. No puede cambiar de vivienda por los altos precios en los alquileres y las humedades de su casa están provocando que los niños tengan más frío del habitual. 

¿Qué es una vivienda adaptada para la infancia?

Una vivienda adecuada para los niños y niñas es aquella cuente con una luz suficiente, no haya ruidos excesivos, ni humedades, se mantenga a una temperatura apropiada. También es aquella en la que puedan tener un espacio para realizar deberes y actividades, jugar y que sea estable y segura.

¿Qué pedimos desde Save the Children?

Las recientes medidas del Gobierno en materia de vivienda no incorporan un enfoque específico de infancia y familia. Desde Save the Children solicitamos una priorización de la política pública en el acceso a una vivienda adecuada, especialmente en el caso de las familias con niños y niñas a cargo. Estas son nuestras peticiones: 

  • Priorizar en el Plan Estatal de Vivienda a los hogares con hijos, adaptar las ayudas según número y edad de los niños y niñas y tener en cuenta situaciones como la monoparentalidad, el acogimiento familiar y a los jóvenes extutelados. 
  • Reservar al menos un 30% de viviendas y ayudas al alquiler para familias en situación de vulnerabilidad. 
  • La rehabilitación de viviendas en barrios marginados, mejorar su resiliencia climática y evitar que las reformas encarezcan los alquileres. 
  • En la nueva vivienda pública, exigimos un diseño adaptado a las necesidades familiares y barrios con acceso a centros de salud, parques, centros educativos y de ocio, etc. 
  • Reforzar la protección de las familias en riesgo de desahucio, con una mayor coordinación entre administraciones y un refuerzo del parque público municipal para atender estas emergencias habitacionales.

María José tiene claro, y desde Save the Children también, que “la vivienda es un derecho y no un lujo; y, menos cuando hay niños y niñas: ¿Por qué tienen que pasar frío? ¿por qué no pueden tener algo tan básico como un techo en condiciones?”.