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El futuro de las generaciones pende de un hilo

Este artículo ha sido escrito por Emma Pomfret, desplazada a Sierra Leona con Save the Children

El Ébola sigue devastando partes del oeste de África, ha matado a 5.000 personas y cerca de 3.700 niños han perdido uno o los dos padres en Liberia, Sierra Leona y Guinea, según la agencia de las Naciones Unidas. Un número que crece día a día.

En Sierra Leona, donde el Ébola se ha colado por todos los rincones, el número de casos confirmados han sobrepasado los 4.100, dejando cerca de 2.910 niños solos o que han sido separados de sus familias, incluyendo los 944 que han perdido a ambos casos. Esto se une a los cientos de niños que sobrevivían solos en las calles antes de que la epidemia azotara tan fuertemente en mayo del año pasado.

Estas cifras seguramente sean mayores ya que no se recopilan suficientes datos, ni hay estadísticas fiables de muertes por Ébola o familias separadas. Lo que sí sabemos es que 2,5 millones de niños menores de cinco años viven en las zonas afectadas por el brote de Ébola. Conforme aumentan las víctimas, los niños se vuelven más vulnerables e, indudablemente, aumentan sus probabilidades de perder familiares – así como de ser testigos de estas trágicas muertes.

La situación se agrava más cuando pensamos que las redes de ayuda comunitaria están siendo destrozadas como consecuencia del miedo y el estigma que rodea el virus. Los familiares lejanos que acogen niños o las familias adoptivas (cuando conseguimos que se hagan cargo de algún menor) están notando el impacto económico que les está llevando a la quiebra. El precio de los alimentos y las materias primas están subiendo por encima de sus posibilidades.

Augusta*, 17, de Mubraka en la provincia septentrional de Sierra Leona, perdió a su madre hace dos meses. Ahora vive en una pequeña choza con su padrasto y sus cinco hermanastros en Freetown. Sabe que no es bienvenida en esa casa.

Sentada en los escalones polvorientos de una escuela abandonada relata su historia

A veces, cuando necesito comida, ropa o algo de dinero para jabón, mis nuevos guardianes no me lo dan porque ellos tienen sus propios hijos. Sus hijos dicen eso porque mi madre murió, soy como huérfana. Mi madre era mi mejor amiga y me siento fuera de lugar aquí. Ébola hizo que todo retrocediera, hasta las escuelas están cerradas. Me siento muy sola”

Christiana*, 17, está sentada ceca de Augusta y lucha por contener las lágrimas. Dice que tiene miedo por sus amigas de la escuela sin protección paternal y poca comida. Ellas no tienen más alternativa que casarse de manera precoz y quedarse embarazadas de hombres mayores con el fin de sobrevivir.

Ella también ha perdido a su madre, una de los 240 trabajadores de salud que han muerto por el Ébola. A día de hoy está esperando noticias de su padre enfermo, que espera a ser ingresado en un hospital de campaña muy lejos, en el distrito norte de Sierra Leona, Kailahun.

Augusta y Chirstiana son miembros del Foro de la Infancia en Red (CFN), un grupo de apoyo de los derechos de los niños formado por más de 1.000 niños y niñas, asociados con Save the Children, que trabaja de manera independiente. Estos jóvenes inspiradores se centran ahora en ayudar a los afectados por el Ébola. Dos de sus componentes informan diariamente, casa por casa, sobre cómo protegerse de este virus invisible.

Anita*, 10, ha sido tratada por la red de CFN en los últimos días e identificada como una niña que necesitaba apoyo, ya que ha perdido a su padre y a su madre en el último mes. Ahora vive con su tía en una habitación sin muebles en Freetown. Está sosteniendo un peluche sucio, lo último que le dieron sus padres. Nos dice susurrando:

Estaba visitando a mi tía aquí durante las vacaciones del colegio cuando me dijo que mis padres estaban muertos y se habían ido para siempre. No les he podido decir adiós. No tengo amigos aquí y me siento triste todo el tiempo”.

Para ayudar a los niños afectados por la crisis del Ébola como Anita, Christiana y Augusta por toda la región estamos llevando apoyo emocional especializado para niños, cuidadores y familiares. También estamos realizando programas de reagrupamiento familiar que incluye buscar a padres con capacidad de criarlos y casas que sean lugares seguros para ellos, en consonancia con las Directrices Internacionales para la Tutela de los Niños (International Guidelines for the Alternative Care of Children).

Los niños que están separados y que son vulnerables están siendo tratados en un centro de atención provisional en Kailahun, dirigido por el Ministerio de Bienestar Social y el apoyo de la agencia. En toda la región hemos apoyado a ceca de 49.000 niños a través de programas de radio que hablan de cómo prevenir el Ébola y programas de extensión comunitaria.

La salud mental de los niños que están siendo tratados en los Centros de Tratamiento del Ébola (CTE) es parte de la respuesta de la agencia. Esto lo realizamos a través de actividades recreativas, gestionadas por especialistas y psicólogos que tratan a los niños afectados.

La guerra contra el Ébola acaba de empezar, no hay un final claro a esta crisis, pero hay un imperativo moral a nivel internacional: apoyar a esta futura generación de niños de África Occidental. Para cuando el Ébola vuelva en un futuro, los niños de hoy serán los responsables de ayudar a prevenir una nueva catástrofe humanitaria en el mundo.

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Fotografías Louis Leeson/Save the Children