El monzón agrava la crisis alimentaria en los campos rohingya

28 Junio 2018

Los más de 800.000 refugiados rohingya que vive en los campos de refugiados de Bangladés, la mitad de ellos niños y niñas, está sufriendo el comienzo de las fuertes lluvias del monzón. El campo de refugiados se ha convertido en un barrizal intransitable, con agua anegada que se mezcla con residuos fecales con el consiguiente problema de aparición de enfermedades como el cólera y el agravamiento de los problemas nutricionales de los 400.000 niños que viven en el campo.

En total, más de 280.000 refugiados rohingya necesitan con urgencia asistencia alimentaria, entre ellos 145.000 niños menores de cinco años y más de 50.000 mujeres embarazadas y madres lactantes. Solo uno de cada 14 niños está recibiendo una dieta adecuada y el 12% sufre desnutrición.

La imagen que ofrece estos días el campo de refugiados es desoladora, con miles de casas columpiadas en las laderas y resistiendo a duras penas el empuje de los vientos y la fuerza de las lluvias. Los niños caminan desnudos sobre las aguas llenas de basura y los caminos por donde tienen que entrar la ayuda humanitaria están intransitables, a pesar de los esfuerzos contrarreloj por adecuar la zona a la llegada del monzón.

Vivir en el barro

Hana* tiene 8 años y vive en el campo de refugiados rohinya de Cox Bazar, en Bangladés. Junto a sus padres y sus tres hermanos pequeños tuvo que huir el pasado mes de agosto de la durísima represión a la que fue sometida el pueblo rohingya por parte del ejército birmano. Los militares quemaron la casa de Hana y ella y su familia salieron corriendo sin poder coger sus pertenencias.

Ahora Hana* vive en una casa muy pequeña construida con bambú y plásticos. Las fuertes lluvias y vientos del monzón han desestabilizado la estructura del chamizo y la vivienda está a punto de derrumbarse. Pero Hana y su familia no tienen dónde ir y la pequeña tiene pesadillas cuando intenta conciliar el sueño.

Tengo mucho miedo, cada vez llueve más fuerte. Por las noches las paredes se mueven y el viento y el agua se meten dentro de casa. Además, hay serpientes y no podemos defendernos”

Hana

Esta pequeña tiene que caminar todos los días 40 minutos para llegar a una de las escuelas del campo de refugiados, que también se mantiene a duras penas en medio de una ladera. Con el monzón, es imposible que Hana pueda mantener su ropa limpia y seca. El camino al colegio es un barrizal lleno de agua y basura por el que Hana tiene que caminar descalza.

 

Como ella, casi 400.000 niños y niñas están sufriendo las durísimas consecuencias del monzón. La situación se ha vuelto tan peligrosa que hace unos días murió un niño rohingya de tan solo tres años de edad por un deslizamiento de tierras provocado por las lluvias.

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