Impulsa en Catalunya

Más calor, mismas aulas:
deberes pendientes para septiembre

A pocos días de que termine el curso escolar, las imágenes de alumnado soportando temperaturas extremas en las aulas vuelven a ocupar titulares y a generar intranquilidad entre familias y docentes. La preocupación expresada por la comunidad educativa durante las últimas semanas reflejan una realidad que no es excepcional. Cada año el calor extremo llega antes, dura más tiempo y afecta de forma directa a los centros educativos.

El curso escolar se acerca a su fin sin haber resuelto, un año más, esta problemática. La pregunta es qué medidas se van a adoptar para que la situación no vuelva a repetirse a partir de septiembre.

El calor es un problema educativo

La evidencia científica muestra que las altas temperaturas tienen consecuencias sobre el aprendizaje. El calor afecta a funciones cognitivas fundamentales para el aprendizaje como la memoria de trabajo, la concentración o la capacidad de razonamiento. También puede reducir la resistencia física y mental tanto del alumnado como del profesorado.

Las investigaciones muestran además que la exposición al calor durante los días lectivos tiene un impacto directo sobre el rendimiento académico. Cuando las altas temperaturas coinciden con periodos de aprendizaje o evaluación, las puntuaciones obtenidas por el alumnado tienden a disminuir. El efecto es mucho menor cuando la exposición ocurre durante fines de semana o vacaciones, lo que indica que el calor interfiere directamente en el proceso educativo.

Los niños y niñas de menor edad son especialmente vulnerables a estos efectos, ya que tienen una menor capacidad de adaptación fisiológica a las altas temperaturas y pasan más tiempo en espacios cerrados durante la jornada escolar. Es decir, el calor no solo afecta al bienestar general, sino que interfiere en el derecho a aprender en condiciones adecuadas.

Los episodios registrados durante las últimas semanas no son una anomalía. España encadena varios años consecutivos con temperaturas extremas y olas de calor cada vez más frecuentes e intensas.

Según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), los veranos de 2022 y 2025 han sido los más cálidos desde que existen registros comparables. En 2025 se registraron tres olas de calor que acumularon 36 días bajo estas condiciones. En 2024 se contabilizaron tres episodios que sumaron 22 días de ola de calor, mientras que en 2023 se produjeron cuatro olas de calor y 25 días bajo estas condiciones.

La tendencia apunta a que los episodios extremos son cada vez más frecuentes y se adelantan en el calendario. Por ello, la adaptación de los centros educativos al cambio climático debe abordarse como una política pública estructural e integral.

El calor, un factor de desigualdad

Las consecuencias de las altas temperaturas tampoco se distribuyen de forma uniforme, por lo que la adaptación climática de los centros educativos es, por tanto, también una cuestión de equidad.  

Los niños y niñas que viven en hogares con menos recursos suelen residir en viviendas peor acondicionadas térmicamente y tienen más probabilidades de estudiar en centros educativos con infraestructuras más deterioradas. Esta combinación aumenta su exposición al calor y sus efectos sobre la salud y el aprendizaje.

Los datos de PISA muestran además que la mitad del alumnado socioeconómicamente desfavorecido en España estudia en centros donde la educación se ve afectada por la baja calidad de las infraestructuras y del equipamiento. Entre el alumnado con una situación más favorable, esta proporción se reduce a uno de cada cinco.

La normativa de prevención de riesgos laborales establece que los espacios donde se realizan trabajos sedentarios deben mantenerse entre los 17 y los 27 grados. Sin embargo, numerosos centros educativos siguen registrando temperaturas superiores durante los episodios de calor extremo fruto de la falta de inversión en infraestructuras educativas, afectando a actuaciones relacionadas con climatización, aislamiento térmico y modernización de edificios.

Aunque la inversión pública ha repuntado desde 2020 gracias a los fondos europeos de recuperación, gran parte de los recursos se ha concentrado en procesos de digitalización. La adaptación climática de los centros educativos continúa siendo una asignatura pendiente en muchos territorios. Las averías en sistemas de climatización, la falta de aislamiento térmico o la escasez de zonas de sombra en patios escolares son algunas de las consecuencias visibles de esta situación.

Qué medidas son necesarias antes del próximo curso

La experiencia de este año demuestra que no basta con adoptar medidas de emergencia cuando llegan las altas temperaturas. Es necesario planificar actuaciones estructurales que permitan garantizar entornos educativos seguros y adecuados durante todo el año. Entre las prioridades destacan:

  • Revisar, reparar y renovar de forma urgente los sistemas de climatización que no funcionan correctamente.
  • Mejorar el aislamiento térmico de los edificios escolares para reducir la exposición al calor y aumentar la eficiencia energética.
  • Incrementar las zonas verdes y el arbolado en patios y espacios exteriores para generar sombra y reducir la temperatura ambiental.
  • Impulsar sistemas de climatización energéticamente eficientes para afrontar tanto las altas temperaturas del verano como las bajas temperaturas del invierno.
  • Instalar energías renovables que permitan reducir costes energéticos y aumentar la sostenibilidad de los centros.
  • Mejorar comedores y otros espacios escolares para garantizar entornos adecuados durante todo el año.
  • Adaptar los patios escolares para que puedan utilizarse como espacios seguros de ocio y convivencia también durante los meses de verano.

El calor extremo ya forma parte de la realidad cotidiana de millones de niños y niñas en España. Garantizar que los centros educativos sean espacios seguros, saludables y adecuados para el aprendizaje es una condición indispensable para proteger el derecho a la educación. También es una cuestión de salud, de igualdad de oportunidades y de adaptación al cambio climático. Estos episodios de calor volverán a repetirse el próximo curso escolar, la pregunta es si estaremos preparados para afrontarlos.

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hay que detener
la crisis climática

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