Educación en emergencias

Más de 29 millones de niños no pueden ir a la escuela porque su país o su comunidad sufre una emergencia. Puede ser un conflicto, como ocurre en Siria, donde tres millones de niños no están recibiendo una educación; puede ser un desastre natural o puede tratarse del fuerte brote de una enfermedad como el ébola, que mantiene fuera de las aulas a más de cinco millones de niños.

En cada emergencia en la que trabajamos los niños siempre nos dicen los mismo: lo que más quieren es volver a la escuela. No importa si son las balas, si tiembla la tierra o si el agua cubre las calles, en la escuela están sus compañeros y están siempre los libros. Allí se sienten seguros.

Llevamos muchos años trabajando para que los gobiernos y la comunidad internacional incluyan la educación como un derecho tan fundamental como el agua y la comida en una emergencia o desastre natural. Nuestro esfuerzo por dar una prioridad educativa en nuestra respuesta, nos ha convertido en la organización líder en la coordinación de la educación en emergencias centrando nuestro trabajo en hacer todo lo posible para que las escuelas recuperen su actividad lo antes posible y los niños puedan recibir una educación de calidad independientemente de lo que dure la emergencia.  

Como una niña con pupitre nuevo

Un grupo de niñas sonríe en una de las clases de esta pequeña escuela que apoyamos en la comunidad de Estancia, en Filipinas. El paso del tifón Haiyan dañó o destruyó más de 17.500 escuelas y 2.500 centros infantiles de día. El viento y el agua se llevaron por delante miles de materiales, libros, pupitres y sillas. Como en cada emergencia, nuestra respuesta priorizó la educación e inmediatamente levantamos espacios temporales, ofrecimos formación a profesores, reparamos las escuelas y las aulas cuando era posible y distribuimos entre los niños y los profesores los libros y materiales más urgentes. Todo para que, independientemente del tiempo que dure la emergencia, ningún niño deje de recibir una educación de calidad.